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La condena se acabó y Riazor regresó por fin a Primera División: el mágico minuto 12

La grada olvidó el naranja y el silencio para reclamar su sitio y su fiesta, unos segundos antes de marcar un tanto que empujó a la red junto a Ximo

Deportivo-Valencia

Deportivo-Valencia / Carlos Pardellas

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Carlos Miranda

Carlos Miranda

Ocho años y 52 días. Como si fuera una doble condena que acababa de ser enterrada. La que supuso la caída deportiva a los infiernos de Segunda B y la que impuso esa brecha social que tardó dos meses en coserse. Pero llegó el minuto 12 del Dépor-Valencia y, con las heridas ya saneadas, la grada olvidó el naranja y el silencio para decirle al fútbol español y europeo que Riazor era blanquiazul, que estaba de vuelta, que solo se había ido a dar un paseo y que reclamaba su sitio. Un sufrimiento que ha purificado y que no priva de las alegrías que están por venir a partir de ahora. La primera llegó unos segundos después de esa explosión. No pudo ser más poético, no pudo sentirse más poderoso el deportivismo. Un saque de esquina, con la grada arriba y botando, que todo el mundo sabía que iba a ser gol. Lo presentía, flotaba en el ambiente. Así salió la rosca de la bota de Luismi para que Ximo Navarro, el único futbolista en el campo que viene del barro, el que empujase la pelota a la red, con la ayuda de Tárrega. 1-0, minuto 12. Riazor llegaba para definir, para hacerse sentir y para cobrarse lo que le debían. Fue mágico.

Dos ídolos

El propio vaivén del partido o el idilio que tiene la grada con futbolistas como Aubameyang o Bil ayudaron a perpetuar esa sensación de continuo éxtasis durante esas dos horas de duelo. Pero era mucho más. Era lo acumulado, las ganas de vivir una tarde de fiesta que la historia reciente del Deportivo se la debía a su gente.

Antes de que llegase ese momento en el que en el fondo de Marathón se quitó las camisetas naranjas y empezó a dirigir los cánticos, A Coruña llevaba horas de celebración. En los aledaños al estadio hubo una jornada de convivencia, de comida, de música. Todo iba a desembocar en ese momento, en Riazor, en el partido. Quedaban atrás, primero, ocho años y, después,52 días, que pusieron a prueba al deportivismo. Ahora solo toca ganarse una salvación y disfrutar.

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