13 de diciembre de 2016
13.12.2016

Ferroatlántica promete una fábrica de carbón vegetal si la Xunta le deja vender sus centrales

Los trabajadores de Fisterra califican el anuncio como "una tomadura de pelo" y los párrocos lo ven "poco serio" n La firma aumenta su presión para lograr el permiso

13.12.2016 | 00:54

El grupo cifra en 9 millones la inversión del proyecto, que daría empleo a 96 trabajadores

Ferroglobe dio ayer un paso más en su estrategia para vencer la resistencia que los trabajadores, la comarca de Fisterra, la Diputación, la Xunta, y los grupos de la oposición en el Parlamento exhiben contra la venta de las seis centrales hidroeléctricas en los ríos Xallas y Grande que la multinacional negocia con grupos inversores aún a pesar de que sus concesiones están vinculadas a la actividad de ferroaleaciones en Cee y Dumbría, y de que el Gobierno gallego tendría que autorizarla.

El grupo al que pertenece Ferroatlántica, prometió ayer invertir nueve millones en una fábrica de carbón vegetal con la que prevé crear 96 puestos de trabajo en Galicia. El proyecto sin embargo está condicionado a la venta de los saltos de agua porque como ya ha detallado la empresa, no dispone de liquidez para desarrollar nuevas iniciativas, incluida la fábrica de silicio solar en Sabón (Arteixo) que en septiembre presentó como un desarrollo cerrado. "El reto de este programa inversor solo es posible con la enajenación de actividades no estratégicas [...] como las centrales hidráulicas que la compañía tiene en España y Francia", justifica.

800 millones de ingresos

Según la prensa económica, que adelantó la negociación sobre la venta de las 12 centrales hidroeléctricas españolas y dos francesas que el grupo mantiene desde hace meses, la operación ascendería a unos 800 millones.

Ferroglobe detalla sin embargo que la fábrica de carbón vegetal está vinculada a la nueva planta de silicio solar de Sabón con un presupuesto de 42 millones de euros -la mitad, financiados con un préstamo del Gobierno- y que utilizaría el carbón vegetal como materia prima para la fabricación de silicio solar.

La fábrica, cuya localización concreta en Galicia aún está por decidir, ocuparía 10.000 metros cuadrados y albergaría catorce hornos y dos equipos de secado para producir 15.000 toneladas de carbón vegetal al año. Consumiría 63.000 toneladas de madera al año (el 8% de la que se tala actualmente). El grupo promete desarrollar una tecnología para neutralizar emisiones, al usar el propio calor que se generará en la producción para secar la madera. Ferroglobe incluye esta iniciativa, y la planta de silicio solar, en el plan industrial que financiaría con la venta de las centrales para invertir 125 millones de euros en toda España, 75 de ellos en Galicia.

El anuncio concretado ayer sentó pésimamente entre los trabajadores del grupo en Cee y Dumbría y que ven la venta de las centrales como una amenaza al empleo. "Es una tomadura de pelo . No vamos a entrar en ninguna negociación para la venta de las centrales. La empresa sigue actuando en plan mafioso", dijo el portavoz del comité de empresa, Alfonso Mouzo.

Al frente común articulado contra la venta y en el que participan los ayuntamientos de la comarca de Fisterra, la Xunta y los trabajadores se unió la Iglesia. Los arciprestes y titulares de las 75 parroquias de la zona firmaron un manifiesto dirigido al presidente de la Xunta y a la dirección de Ferroatlántica en Madrid, a quienes exigen que se paralice esta venta "como hizo en su día el presidente Fraga" y recuerdan a los directivos de la compañía que el interés económico de las empresas "nunca puede estar por encima del ser humano". Consideran "poco serio" el proyecto del carbón.

Los párrocos recuerdan las obligaciones impuestas en las concesiones administrativas y que los cambios de titularidad exigieron siempre el mantenimiento de los empleos en las ferroaleaciones y la no segregación de la actividad energética de la industrial. Añaden que su construcción obligó a expropiar una parroquia "casi en su totalidad, con iglesia y cementerios incluidos" y supuso "un duro golpe" a los sentimientos de las familias.

Los párrocos recuerdan a los 200 enfermos y fallecidos por silicosis derivada de los trabajos en la construcción de túneles. "El agua de nuestros ríos y la lluvia [...] no es propiedad de ninguna empresa, son propiedad de esta tierra nuestra, administrada por el Gobierno de Galicia y del Estado español". Los párrocos advierten además de que los ingresos por la venta pueden salir de Galicia para solucionar la crisis del grupo en otro punto de España y exige a Ferroatlántica un "compromiso por escrito" de crear una empresa para cubrir todos los empleos. Más serio que la planta de carbón sería, reza el texto, construir "el tercer horno de Dumbría que falleció en el viaje, (quedó a medio construir) y dejar las fábricas como están".

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