08 de mayo de 2020
08.05.2020
La Opinión de A Coruña
Adiós al mayor constructor coruñés Un emprendedor visionario y autodidacta

Fallece el empresario coruñés Manuel Jove, el hombre que construyó su propio sueño

Sus empleados le llamaban 'El Jefe' por su mezcla de liderazgo y paternalismo - El éxito de Fadesa o Inveravante no cambió sus valores: nunca dejó de trabajar la madera con el lápiz detrás de la oreja

08.05.2020 | 00:53
Fallece el empresario coruñés Manuel Jove, el hombre que construyó su propio sueño

Manuel Jove murió en la madrugada del miércoles en su residencia coruñesa a los 78 años tras un año de lucha contra una larga enfermedad. Ayer fue incinerado, deja una fortuna superior a los 1.500 millones -la 16ª de España, según 'Forbes'- e Inveravante, con 800 empleados, pero sobre todo una forma de hacer marcada por su vocación empresarial y su carácter visionario. Arrancó a los 11 años en la carpintería de su padre y al menos se arruinó dos veces. Creó una de las inmobiliarias más importantes de Europa, Fadesa, y la vendió a las puertas de la crisis de 2008, cuando nadie era capaz de vaticinar el estallido de la burbuja del ladrillo. El Deportivo le abrió el mercado marroquí y la venta de viviendas de segunda residencia a los extranjeros

Lucien Lauren sabía cuándo iba a ganar un caballo, Augusto César Lendoiro cuándo un jugador podía triunfar en el hockey o en el fútbol, y Manuel Jove Capellán (A Coruña, 1941) cuándo había una fortuna bajo el suelo. El primero fue el entrenador de Secretariat, probablemente el mejor purasangre de la historia; el segundo presidió el Deportivo que se proclamó campeón de Liga un 19 de mayo de hace veinte años; y el tercero convirtió Fadesa, una firma coruñesa fundada a principios de los 70, en uno de los grupos inmobiliarios más importantes del mundo 25 años después. No se trata de una ciencia exacta, de hecho Manuel Jove se arruinó al menos dos veces, ni tan siquiera de brillantes conquistas académicas, sino de esa inteligencia natural que mezcla la intuición, la sagacidad y la clarividencia para ver más allá que el común de los mortales. Jove falleció ayer de madrugada a los 78 años en su domicilio de A Coruña "tras un año de lucha contra una larga enfermedad contra la que ha peleado con fuerza, fiel a su talante", informó Inveravante, que en un nota se refirió a él como "un gran emprendedor y un trabajador incansable, con una excelente visión para los negocios". "Una persona fiel a los suyos, a su equipo". Su incineración se realizó ayer, en la más estricta intimidad, como dictan las normas sanitarias por la pandemia del Covid-19.

El destino del Deportivo y de Fadesa se cruzó poco después de la consecución de aquel campeonato liguero, cuando el club coruñés protagonizaba sus principales gestas europeas con el nombre de la inmobiliaria en la camiseta. "Mantuve una relación profesional con Jove, correcta", asegura Lendoiro. "No puedo confirmarlo, pero creo que hubo una presentación de la compañía en la Bolsa de Londres a la que acudieron con la camiseta deportivista", señala.

La inmobiliaria gallega debutó en los mercados el 30 de abril de 2004 con una capitalización bursátil de 1.442 millones -la segunda del sector tras Metrovacesa (1.442 millones)-, justo después de que el Deportivo protagonizase la épica remontada del 4-0 ante el Milan (7 de abril) y jugase el partido de ida de la semifinal de la Champions League ante el Oporto (0-0) un 21 de abril de aquel 2004. Ambos estaban en lo más alto y A Coruña también.

A Jove no le gustaba el fútbol, pero supo calibrar la promoción a escala mundial que entonces le proporcionaba el club de su ciudad. Lo que otros no quisieron ver en A Coruña por cuestiones políticas o personales, Jove sí lo vio. De nuevo, el visionario. "El Deportivo, que era muy querido en Europa, resultó fundamental para el reconocimiento global de la marca Fadesa", señala una importante ejecutiva de aquel grupo inmobiliario. El club herculino impulsó la venta de vivienda por parte de los extranjeros, sobre todo en el mercado británico de segunda residencia, y le abrió las puertas de Marruecos de la mano del defensa central blanquiazul Nourredine Naybet, un ídolo en su país.

Corre la anécdota de que Jove ya tenía comprado el terreno en Guadalmina (Marbella), una de sus urbanizaciones más exitosas, antes de que el departamento de suelo emitiese su dictamen, pero sí está comprobado que sabía trabajar en equipo y cuidaba de él. Tenía carácter y podía echarte una bronca, pero primaba su espíritu familiar y la lealtad a su gente. Los trabajadores le llamaban El Jefe, y El Jefe era de los primeros en llegar y casi siempre el último en marcharse.

De origen humilde, comenzó a trabajar en el taller de carpintería de su padre con 11 años. Entonces un hombre valía tanto como su palabra y estrechaba la mano con fuerza. Una exfuncionaria de de Facenda lo recuerda con el lápiz detrás de la oreja, como los carpinteros de antes, cuando acudía a la antigua sede de este organismo en A Coruña en los 80. Y es que Manuel Jove nunca abandonó la madera: los fines de semana dedicaba parte de su tiempo al trabajo de artesanía y creaba piezas de mobiliario en el taller de su vivienda. Otra imagen característica era cuando a acudía a las obras tiza en mano y señalaba lo que no le gustaba o consideraba que no estaba bien hecho. Solo un hombre hecho a sí mismo que conoce el negocio desde abajo puede analizar cada detalle con una escuadra de carpintería en la mirada.

El golpe más duro de su vida fue la muerte repentina de su hija en marzo de 2002. María José Jove, entonces con 37 años y dos hijas, era la vicepresidenta de la compañía cuando se la llevó un derrame cerebral. Un año después, el empresario impulsaría la Fundación María José Jove, centrada en la infancia, a la que cedería las obras adquiridas por su gran afición al arte.

El Jefe también supo ver antes que nadie cuándo había que vender. Solo dos años después de la salida a Bolsa, se adelantó a una crisis del ladrillo que nadie veía y vendió Fadesa ante la sorpresa del sector inmobiliario. El comprador, Fernando Martín, que había saltado a los medios por su presidencia interina en el Real Madrid en 2006. La operación se fraguó a través de una Oferta Pública de Adquisición (OPA) de 4.000 millones lanzada por Martinsa y su socio Martín Criado sobre Fadesa, que contaba con más de 10.500 millones en activos, cinco veces más de lo que representaba la firma del comprador. "Le dí la mano a Martín", confesó Jove a sus allegados. Era su forma de decir que no le había engañado aunque después acabasen en el juzgado. Fadesa protagonizaría luego el mayor concurso de acreedores de España.

La tesis de que Jove estaba cansado o de que había vendido Fadesa por la ausencia de relevo tras la muerte de María José se vino abajo ese mismo año, en 2007, con la creación de Inveravante. Podía haberse dedicado a vivir de rentas, como le aconsejaban, pero le pudo su vocación de empresario. Inveravante desarrolla su actividad desde Galicia en el ámbito inmobiliario, hotelero, productos agroalimentarios selectos y energía y está presente en ocho países. Cuenta con más de 800 empleados y dos vicepresidentes: Felipa Jove y Manuel Ángel Jove.

Dos de los rostros televisivos más conocidos en aquel momento, Belinda Washington y el gallego Liborio García, se encargaron de amenizar las casi cuatro horas de travesía en el crucero con 300 inversores a bordo entre Málaga y el nordeste de Marruecos. La fiesta continuó en tierra. Otro showman local pinchaba música disco con el límite justo de decibelios para escuchar su particular bienvenida al nuevo héroe económico del país: "Señor Jove, esta es su casa". Tras los proyectos inmobiliarios desarrollados en Rabat y Agadir, el empresario desembarcó en Saidia, la pequeña "perla azul" del Mediterráneo, con un megacomplejo de seis hoteles, 3.000 viviendas, tres campos de golf, un centro comercial, puerto deportivo y helipuerto en 700 hectáreas de terreno, al amparo del Plan Azur con el que Marruecos quería duplicar la entrada de turistas. Fadesa asumía entre el 60% y el 70% de la inversión, por encima de los 1.000 millones de euros. "Este es un buen ejemplo de la solidez de las relaciones con España", destacó Driss Jettou, el entonces primer ministro, acompañado de los titulares de seis carteras del Gobierno en la visita institucional con Manuel Jove a las obras ese 7 de abril de 2005. "Puede que sí, puede que no", contestó ante la posible puja por nuevas aventuras en la zona. Lo suyo, dijo, era estudiarlo todo "con cariño".

Sin ese matiz, una visión más allá de la rentabilidad, nada se entendería en la larga y fructífera trayectoria del "multimilmillonario" que a los 19 tenía un taller propio junto a su hermano Ángel, otro nombre destacado del ladrillo gallego con su compañía Anjoca. Cuando Manuel Jove se dio el baño de masas en Saidia, Fadesa era ya una de las inmobiliarias más fuertes de Europa, pionera en la expansión por el suelo marroquí y por los países del Este. Nada hacía presagiar el pinchazo de la burbuja ni la hecatombe que vino después. Si él la vio y eso explica su inesperada decisión de vender la compañía a Fernando Martín en septiembre de 2006, antes de que todo eso pasara, nunca lo dijo. La única explicación que transcendió fue la negativa de sus dos hijos, Manuel Ángel y Felipa, a heredar las riendas de un gigante que robaba todo el tiempo de su padre.

Jove y Martín eran viejos conocidos. Los dos formaban parte en aquellas fechas del accionariado de la desaparecida Unión Fenosa. Un mes después del fallido intento de Amancio Ortega y Caixanova para comprar el paquete con el que el Santander controlaba la eléctrica para regalleguizarla, el constructor coruñés se hizo con el 5,151% en varias pequeñas compras que volvieron a alterar el equilibrio interno en la firma. Junto a las dos cajas gallegas y el Pastor, los inversores de la comunidad sumaban el 21,6%, frente al 22% que Botín había vendido finalmente a ACS. El grupo de Florentino Pérez acabó comprando la participación de Jove en noviembre de 2006, cerrando así el sueño de que Galicia volviera a contar con la sede y el poder de decisión de un emblema de la economía de la comunidad en un sector estratégico.

A Manuel Jove le gustaba la energía. De hecho, es una de las patas de Inveravante, la corporación que levantó con los más de 2.000 millones de euros recibidos en la transacción por Fadesa. El mismo día de la presentación del holding, el 9 de julio de 2008, el presidente y su equipo anunciaron una inversión de 1.200 millones de euros con la vocación de crear un grupo gallego especializado en energía y petróleo. El estreno llegó con el polémico concurso eólico impulsado por el bipartito del PSdeG y el BNG en la Xunta. Jove concurrió en alianza con los también empresarios Epifanio Campo y Jacinto Rey. Fue una de las solicitudes con más revuelo porque ofrecían como un plan industrial el esperado traslado de Ence fuera de la ría de Pontevedra. "El proyecto nace de la necesidad, de la demanda social", explicó Jove en una de las escasas comparecencias públicas de su vida. El empresario admitió que le "invitaron" a formar parte de la candidatura, que todavía quedaba "mucho por hablar" y que la pastera veía "con buenos ojos" la iniciativa. "Luego me reñiréis", comentaba, irónico, hacia sus colaboradores, porque esa vez optó por no moderse la lengua del todo.

Una parte de la caja hecha con la venta de Fadesa se destinó a la entrada en el BBVA. Manuel Jove llegó a ser el primer accionista individual del segundo grupo financiero de España. Nada menos que el 5,067% de los títulos, de los que se deshizo durante 2013 para reducir la deuda de Inveravante. Sabía que emprendimiento "era sinónimo de riesgo", pero los abultados apalancamientos no iban con él. De ahí que no se marcara tiempos y huyera de las prisas habituales de los inversores a través de su fondo de capital riesgo Arnela, orientado a forjar el músculo de empresas no cotizadas con potencial de crecimiento y el enésimo guiño al futuro del tejido productivo de su tierra.

Lo hizo con Blusens. Poseía el 47,5%, hasta que en junio de 2013 se destapó la investigación de un juzgado de Santiago por supuesto fraude fiscal en la tecnológica, con su presidente, José Ramón García, imputado. Y lo hizo también con Caramelo, al que rescató de la deriva e incluso volvió a reflotar con su hija Felipa al timón tras un duro concurso de acreedores, hasta su liquidación en 2016. Fue una de sus grandes operaciones en esta tercera vida de Jove tras la venta de Fadesa, junto con los 8,5 millones inyectados en NCG por consejo de José María Castellano y que la nacionalización de la entidad se llevó por delante, obligándole a acudir a los tribunales para reclamarlos.

Manuel Jove falleció ayer en A Coruña medio de otra etapa de bonanza de su sector de cabecera. Sí, fue un visionario del ladrillo. Uno de los top de la Lista Forbes de acaudalados de España con una fortuna estimada en 1.600 millones de euros.

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