Un trabajador en la fábrica de Emesa, en Coirós. | // FRAN MARTÍNEZ

Estructura metálica de la intermodal de Lisboa, hecha en Emesa. | //L.O.

Elaborados Metálicos Emesa escribe su capítulo final en la historia industrial de A Coruña. Los 75 trabajadores que quedan en plantilla, incluidos en un expediente de suspensión de empleo desde que la factoría ubicada en Coirós echó el cierre el pasado febrero, han recibido la noticia de que serán finalmente despedidos en los próximos días. La oferta de la compostelana Estructuras Lago —único inversor que concurrió a la subasta de la unidad productiva— resultó insatisfactoria para la banca acreedora, dado que los 2,68 millones de euros que Lago ofrecía estaban lejos de cubrir una deuda bancaria que supera los 7,5 millones solo en hipotecas y refinanciaciones. La operación de compraventa contaba con el informe positivo del administrador concursal para salvar la actividad industrial y viabilizar parte del empleo. Sin embargo, el rechazo por parte de los acreedores deja una única salida al Juzgado de lo Mercantil número 1 de A Coruña: convocar la liquidación de los activos de la empresa por lotes, mientras se tramita el ERE de extinción para el total de la plantilla.

La liquidación de Emesa, con arraigo en las comarcas de A Coruña y Betanzos, agrava la sangría que sufre el tejido industrial coruñés en los últimos años. “La empresa desaparece y ya no hay posibilidad de recuperar el empleo”, lamenta el presidente del comité de empresa de Emesa, Alberte Muíño (CIG), quien recuerda se trataba de una firma metalúrgica “histórica no solo a nivel de Galicia, sino también una referencia a nivel España y de Europa”.

La plantilla finalizó ayer la última prórroga del ERTE. Los trabajadores recibieron la noticia del fracaso de la operación de venta horas antes de que finalizase, ayer, la última prórroga del expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) en el que llevan once meses consumiendo su prestación por desempleo. Una vez descartada la posibilidad de mantener la actividad, la única salida para los 75 empleados que quedan es el despido a través de un ERE (expediente de regulación de empleo) de extinción, tras el cual tendrán que acudir al Fondo de Garantía Salarial (Fogasa) para reclamar su finiquito y las nóminas pendientes de pago. A estas alturas, el comité ya solo pide a la autoridad laboral que “agilice” en lo posible la tramitación del expediente. “Si no se acortan los 15 días de tramitación del ERE pondremos en una situación complicada a muchos trabajadores el próximo mes”, señala el representante sindical de la plantilla.

Cuatro inversores interesados, una oferta de compra y ninguna salida. Cuatro empresas se interesaron por hacerse cargo de Emesa durante el concurso de acreedores que el propio Grupo Soil (último propietario) solicitó voluntariamente hace un año. La crisis sobrevenida por los contagios de coronavirus disuadió a dos de ellas y ralentizó el proceso, pero otras dos retomaron los contactos con el administrador concursal el pasado verano. Una de ellas era un industrial metalúrgico de fuera de Galicia, pero cuando llegó el momento de presentar oferta en firme no dio el paso. El otro, Estructuras Lago, sí llegó hasta el final. Esta empresa de Santiago con 30 trabajadores en plantilla llegó de la mano del Igape y presentó la única oferta de compra por Emesa.

Lago ofrecía mantener una cuarta parte de los puestos de trabajo. Subrogaría 18 contratos de inicio, aunque abría la puerta a una ampliación futura con una lista de contratación preferente para la antigua plantilla. Ofrecía 2,68 millones de euros, de los que se destinaría el “91,8% a los acreedores con privilegio especial [la banca acreedora] y un 8,13% a la maquinaria”. De esta forma, los nueve bancos con los que Emesa mantiene deudas habría de repartirse 2,42 millones. Esa cantidad está lejos de cubrir la deuda bancaria de la empresa. Según figura en el pliego de condiciones de la subasta, la finca de Coirós tiene una hipoteca con Abanca por un principal de 1,97 millones de euros firmada en diciembre de 2018. Con la misma fecha figuran refinanciaciones por un principal de 5,43 millones de euros suscritas con Santander, Sabadell, Bankia, Deutsch Bank, BBVA, Bankinter e Ibercaja. Suman unos 7,5 millones de euros, sin tener en cuenta intereses y gastos.

Según la información facilitada el comité de empresa, hubo discrepancias sobre la oferta de Lago entre los bancos con derecho a veto: mientras Abanca se pronunció a favor de la venta, Santander se opuso. El plazo de un mes que Lago dio para decidir sobre su oferta, expiró sin acuerdo.

La exfilial de Isolux que Grupo Soil llevó a la quiebra. Emesa entró en concurso de acreedores en diciembre de 2019, a petición de la propia empresa, propiedad del Grupo Soil Recovery, que adujo pérdidas de unos 18 millones de euros. En ese momento, el grupo madrileño llevaba cuatro años gestionando la histórica firma metalúrgica, que adquirió en 2015 a la gallega Isolux Corsán.

Soil llegaba a Coirós con la promesa de “conseguir un aumento de la producción, mejorar su rentabilidad y crear nuevos puestos de trabajo”. Lejos de lograr esas metas, cinco años después certifica la muerte de la compañía. Los trabajadores cargan contra el grupo, al que han acusado de actuar como un fondo buitre. “Quisieron hacer una operación especulativa, esquilmar Emesa y luego venderla, pero no les salió bien. Lo que consiguieron fue matar la empresa y en el estado en el que la dejaron era difícil conseguir la venta”, lamenta el presidente del comité.

Fin a 62 años de historia industrial

Elaborados Metálicos Emesa nació hace 62 años en Coirós como fabricante de puntas de construcción. Con el tiempo se especializó en ingeniería, fabricación y montaje y dejó su sello en proyectos arquitectónicos emblemáticos e infraestructuras como la planta de biomasa de Greenalia en Teixeiro (Curtis) o el puente de Rande. Sus estructuras también dan forma a la refinería coruñesa de Repsol, la fábrica de Estrella Galicia en A Grela, la cubierta de carbones de la central térmica de Endesa en As Pontes, la Ciudad de las Artes de Valencia, la T4 del aeropuerto de Barajas, la Torre Picasso de Madrid, la estación intermodal de Lisboa, el Hotel Ars de Barcelona, la Philarmonie de París o la Zona Cero de Nueva York.