Sin cobrar un sueldo ni poder solicitar su prestación por desempleo. Así están los 75 trabajadores que Emesa (Elaborados Metálicos SA) todavía tiene en plantilla a la espera de acabar de liquidar la compañía, en un limbo legal mientras la burocracia alarga la tramitación de su ERE (expediente de regulación de empleo) de extinción. “Llevamos mes y medio sin cobrar y esto no se recupera después, el mayor problema lo tienen los compañeros que tienen hijos e hipoteca”, lamenta Alberte Muíño, presidente del comité.

A principios del mes pasado la plantilla recibía la noticia de que el Banco Santander (uno de los principales acreedores) había rechazado la propuesta de compra del Grupo Lago (único aspirante en la subasta que convocó la administración concursal), lo que echaba por tierra las posibilidades de mantener la actividad de la histórica empresa y una parte de los puestos de trabajo (18). En esas mismas fechas, el 7 diciembre, finalizó el ERTE en el que estaban los operarios —consumiendo su paro— desde febrero, cuando la insolvencia de la compañía que gestionaba Grupo Soil obligó a parar la actividad de la planta de Coirós.

Desde entonces, en el último mes y medio, los trabajadores siguen de alta en la empresa pero no cobran porque carece de fondos (a la espera de lo que pueda recaudar la liquidación por lotes pendiente). Tampoco pueden pedir el paro porque no están despedidos, hasta que el expediente extintivo complete su tránsito de la Xunta al Juzgado Mercantil.