La pandemia deja un reguero de malas noticias en el panorama laboral gallego. Ni el respiro que ofreció el verano, con el tibio impulso turístico debido al temor al COVID y a las restricciones impuestas para frenar su expansión, ni el intento de salvar la campaña navideña pudieron contrarrestar el daño global que deja el coronavirus en el mercado de trabajo. Si bien el número de desempleados descendió en Galicia en 3.200 personas a lo largo del año pasado, en la comunidad se destruyeron 15.100 empleos, lo que deja una media diaria de 41 puestos de trabajo menos al día. Las ayudas y medidas desplegadas por el Ejecutivo gallego o la continua prórroga de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) impulsada desde el Gobierno central pudieron frenar los demoledores datos que deja la última Encuesta de Población Activa (EPA) de 2020, correspondiente al último trimestre. Según las cifras que publicó ayer el Instituto Nacional de Estadística (INE) y su homólogo en la región, el IGE, en el año que pasará a la historia por el COVID y sus efectos sobre la economía global, dos gallegos perdieron su trabajo cada hora.

En total Galicia contaba a cierre de curso con 142.600 desempleados, un 2,16% menos respecto a 2019 y una reducción del 1,54% frente a los tres meses previos, fruto del repunte en las fiestas navideñas y previo a la tercera ola de contagios que azota ahora a todo el país.

Además de producirse un aumento en el paro femenino (1.400 mujeres más y 3.600 hombres menos), la situación es especialmente complicada entre los jóvenes. En la comunidad el 32,44% de las personas de entre 16 y 29 años (103.400) están ocupados, mientras que el 11,58% (36.900) están parados y el 55,98% (178.400) son inactivos. Según el IGE, la tasa de paro juvenil se dispara en Galicia hasta el 26,3%, más de cinco puntos respecto a hace un año.

Estas cifras sitúan a Galicia como una de las tres comunidades en las que se redujeron los desempleados en el país, junto a Extremadura (un 10,4% menos, 12.200 personas) y Murcia (5.500 personas, -4,7%). Las tres regiones forman un contrapunto con la situación estatal, especialmente la gallega. Si la cifra de parados supuso aquí la séptima bajada consecutiva, la subida registrada en España (527.900 parados más, hasta 3.719.800) puso fin a la racha de siete años de descensos, situando la tasa en el 16,1%.

La preocupación, sin embargo, se mantiene en la destrucción de empleo. La EPA revela que de igual forma que Galicia perdió personas activas (18.200 menos) también lo hacen sus ocupados. Los 1.080.900 trabajadores suponen una reducción del 1,37% respecto a hace un año, lo que deja esa sangría de 15.100 puestos de trabajo menos. Entre los ocupados se incluye también a los afectados por un ERTE, que en el caso de Galicia ascienden según el último dato disponible (de diciembre) a 33.772.

En el último trimestre del año el sector servicios tiró del resto con 6.200 puestos de trabajo nuevos, siendo el único en el que no descendió el número de ocupados. La industria sigue sufriendo, con 6.400 trabajos menos en los últimos tres meses del año, mientras la construcción sufrió un revés de 1.000 empleos destruidos. Por último, en el sector primario la disminución se cifró en 500 personas.

Los asalariados también perdieron fuelle en la comunidad. Los 871.700 marcados a cierre de año son un 1,3% menos que hace un año. De ellos 660.300 tenían contrato indefinido y 211.400 temporal, suponiendo un incremento en el primer caso del 0,9% (5.900 personas más) y una disminución del 7,6% en el segundo (17.500 personas menos).

Reacciones

La vicepresidenta tercera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, Nadia Calviño, destacó que la EPA dejó cifras “positivas” y mejores que las previsiones del Ejecutivo, pero desde la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) no lo tienen tan claro. Pese a celebrar la reducción del paro, mostraron su preocupación por los niveles de destrucción de empleo. La patronal, con Juan Vieites al frente, demandó soluciones “cuanto antes” en el terreno de la vacunación para, así, “avanzar cuanto antes en la senda de la recuperación económica”.

Los sindicatos, por su parte, desconfían de la situación “anómala” de esa bajada de desempleados. Desde UGT Galicia recordaron que las personas “no pudieron cumplir con las condiciones de búsqueda de trabajo que la definición de paro de la EPA determina para que sean considerados parados”, mientras que Comisións Obreiras alertaron que “sin los ERTE los datos analizados serían mucho más negativos”.

La CIG, por su parte, apuntaron que “las personas que dejaron de trabajar no pasaron al paro, sino a inactivos” y estimaron que los datos “confirman la profundidad de la crisis” tras unas políticas “erráticas e injustas”.

El silencio administrativo avala un ERTE por COVID, según el TS

El Pleno de la Sala Cuarta del Tribunal Supremo dictó una sentencia en la que avala el silencio administrativo para la puesta en marcha de un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) de fuerza mayor por COVID. Asimismo, estableció que este tipo de ERTE es compatible con el derecho del contratista o concesionario de un servicio público a solicitar el restablecimiento económico del contrato. El fallo responde a un recurso de casación interpuesto contra una sentencia previa de la Audiencia Nacional, de 15 junio de 2020, que desestimaba la demanda de conflicto colectivo promovida por CCOO para impugnar un ERTE de suspensión en una empresa propietaria de varios centros de educación infantil. El Tribunal Supremo estima que si la empresa presentó la documentación requerida, constando los presupuestos exigidos, nada impide que se pueda entender aprobada la solicitud por silencio administrativo positivo, aunque se formule una resolución expresa posterior, que refuerce la calificación y efectos del silencio administrativos.