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La Opinión de A Coruña

Los ingresos de casi la mitad de los adultos de Galicia ya proceden de las arcas públicas

Un millón de pensionistas, funcionarios y desempleados que cobran algún tipo de prestación superan en número a los trabajadores del sector privado que son solo 898.000

Los ingresos de casi la mitad de los adultos de Galicia ya proceden de las arcas públicas LOC

Galicia cada vez vive más de lo público y cada vez es más difícil equilibrar la balanza. Con más de 728.000 pensionistas, 193.000 funcionarios y 141.000 parados —de los que alrededor de 85.000 cobra algún tipo de prestación por desempleo— la economía de la comunidad se sostiene gracias a la ingente cantidad de dinero público que llega a los bolsillos de los gallegos. Casi cuatro de cada diez habitantes de Galicia viven de lo público. En total, superan el millón de personas (1.006.700), récord histórico.

Los ingresos de casi la mitad de los adultos de Galicia ya proceden de las arcas públicas

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Además, si de la ecuación se excluye a los niños, que suponen cerca del 10% del total de la población, el cálculo es más claro: en estos momentos, media Galicia depende del dinero de las administraciones. Y el porcentaje va a aumentar.

Hace años que la economía gallega sería insostenible de ser independiente. Y con el paso del tiempo, el desequilibrio cada vez es mayor y las previsiones solo empeoran al anticipar la evolución negativa de la demografía. A día de hoy, los datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA) muestran que solo uno de cada tres gallegos trabaja en el sector privado (898.000 personas).

Más de 700.000 jubilados

Según los datos del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), hay 728.300 pensiones contributivas en Galicia. Si se cruzan con las cifras de ocupación, 1.091.400 (sumando los empleados del sector privado y los funcionarios) Galicia tiene menos de 1,4 trabajadores por pensión, una de las peores tasas de España. En este aspecto, la comunidad está muy por debajo de la media del país, que tiene más de dos trabajadores por cada jubilado.

Este cruce entre los afiliados a la Seguridad Social y los pensionistas, denominada tasa de dependencia, se ha mantenido por encima del 2% en el país desde que existen registros (1990). Aunque la tasa llegó a situarse en el 3% en 2007, desde entonces ha ido descendiendo de forma paulatina. Las previsiones de algunos organismos son alarmantes.

Algunas proyecciones, como las del Banco de España, estiman que en 2050 habrá 1,5 personas en edad de trabajar por cada pensionista en el Estado, muy por debajo de la media actual, aunque mejorando las cifras gallegas actuales.

Si se tiene en cuenta el paro, las incapacidades y otras circunstancias, la tasa de dependencia estará siempre unas décimas por debajo.

Galicia tiene una de las peores tasas de dependencia y las previsiones no mejorarán la situación. Según apuntan todos los estudios, esa proporción tenderá a seguir empeorando durante los próximos años, cuando la generación del baby boom —aquellos que nacieron entre finales de 1950 hasta mediados de los 70— vayan accediendo a la jubilación. Es un colectivo que en la comunidad forman unos 620.000 gallegos.

De hecho, según las proyecciones de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), en el conjunto del país el retiro de esta generación elevará el número de pensionistas a cerca de los 15 millones de personas cuando llegue el año 2048. Por el momento, la pujanza de otras comunidades menos envejecidas sigue permitiendo que las cuentas salgan.

Sin llegar a niveles de otros territorios, el peso del empleo público en Galicia es elevado. Más del 15% de los trabajadores de Galicia, según los datos de la EPA, están empleados en alguna administración pública.

La comunidad gallega está entre las ocho que perdieron empleo público en el primer trimestre de este año, debido a la progresiva salida de la pandemia. El empleo público mejoró las cifras de ocupación durante la crisis del COVID. Las necesidades sanitarias y del sector educativo llevaron a contrataciones extraordinarias que, en los últimos meses, se han ido extinguiendo.

La evolución demográfica seguirá llevando a un inevitable ascenso del empleo público: con el progresivo envejecimiento de la población serán necesarios, otra vez, más sanitarios y trabajadores de residencias que velen por una población que, cada año, es más dependiente. Esta circunstancia, como tantas otras, parece agravarse en las previsiones para Galicia.

Si Galicia fuese una boda de 100 invitados

Si Galicia fuese una boda de 100 invitados, tanto la representación como quién pagaría la comida se repartirían de la siguiente manera. A la mesa se sentarían 13 niños, 7 estudiantes, 7 funcionarios, 5 parados, 7 personas dedicadas exclusivamente a las labores del hogar, 27 pensionistas y 34 trabajadores del sector privado. Estos últimos —al final y simplificando la economía al máximo— serían los que sostendrían económicamente la fiesta y garantizarían los platos del resto. Si la tendencia no se revierte, la foto de la boda de Galicia irá cambiando a lo largo de los años y no será a mejor. La natalidad sigue cayendo, por lo que habrá menos niños, el baby boom sentará más jubilados a la mesa y el envejecimiento de la población hará que sean necesarios cada vez más funcionarios. Como punto positivo, la caída de los parados, cuya tasa parece reducirse y el Gobierno y algunos organismos creen que la nueva reforma laboral ayudará a mejorar las tasas de desempleo. Sin embargo, el sector privado seguirá siendo minoría y cada vez será más difícil que la cuenta siempre se termine pagando.

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