Celsa y los fondos acreedores, en guerra total

La entidades con la mayoría culpan a los propietarios de la siderúrgica de frenar un acuerdo u La familia Rubiralta esgrime sus apoyos

Trabajadores de Celsa en la protesta organizada ayer en A Coruña.

Trabajadores de Celsa en la protesta organizada ayer en A Coruña. / Víctor Echave

Agustí Salá

Agustí Salá

Guerra total. La relación entre los Rubiralta, propietarios de la siderúrgica Celsa; y los fondos acreedores, se encuentra en su peor momento. Tras el parón de las fábricas el viernes pasado, entre ellas la de A Laracha (A Coruña), para reclamar un cambio de postura de los acreedores y la oleada de apoyos desde los gobiernos de Galicia, Cataluña, Cantabria y Euskadi, UGT, CCOO y la patronal catalana Foment del Treball, Deutsche Bank, Goldman Sachs, SVP y Cross Ocean, afirman que “los intereses económicos de la familia Rubiralta son el único impedimento a un rescate de la SEPI”, cifrado en 550 millones y que requiere el aval de todos os acreedores antes del 30 de junio. En juego están unos 30.000 empleos directos e indirectos.

La reacción y recordó que los fondos acreedores adquirieron a la banca la deuda de la compañía con hasta un 80% de quita en el caso del instrumento convertible y de un 20% en la deuda sénior y que “nunca han financiado a la compañía ni se han interesado por su plan estratégico”. Justo lo contrario de lo que afirman estos fondos que, en un comunicado, “reiteran su compromiso actual y futuro con la viabilidad de Celsa y de su proyecto industrial”. Y también niegan “cualquier voluntad de deslocalización industrial o de traslado al extranjero del centro de decisiones de la compañía”.

A juicio de la siderúrgica, la propuesta de los fondos “pretende la extracción y expropiación del valor de la compañía a través de una rentabilidad del 80% anual, que obtendrían soportada sobre la ayuda pública y a costa de todos los grupos de interés de la compañía (trabajadores, proveedores, clientes, comunidades…) de su actividad industrial, y de las inversiones necesarias para la transición energética”. La reducción del nominal de la deuda que piden los fondos, agregan, “pasa por la firma de un nuevo instrumento financiero que comporte la constitución de una empresa holding propietaria de las acciones de Celsa con sede fiscal y mercantil en Luxemburgo; y formalizado con una segunda sociedad propiedad de los fondos y con sede fiscal y mercantil también en Luxemburgo”.

Estos fondos, que poseen el 90% de la deuda jumbo y convertible de la compañía, ”reconocen plenamente el papel de Celsa como empleador y contribuyente a las economías regionales y quiere que esta labor continúe” El único punto de desacuerdo, aseguran, es en cuánto se beneficia la familia Rubiralta de este acuerdo “a costa de los acreedores de la compañía”.

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