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Christopher Pissarides | Economista y premio Nobel en 2010

“Subir los salarios al mismo nivel que el coste de la vida es algo imposible”

“Hay que implementar un salario mínimo razonable y financiar buenos servicios sociales de calidad, especialmente para las rentas bajas. Eso sustituye su falta de recursos”

“Subir los salarios al mismo nivel que el coste de la vida es algo imposible”

Christopher Pissarides, economista nacido en Nicosia hace 74 años, fue galardonado en 2010, junto a Dale Mortensen y Peter Diamond, con el Premio Nobel de Economía por sus contribuciones sobre cómo casar la oferta y demanda de empleo. Este académico recaló en Madrid para tratar todas estas cuestiones en las jornadas Energy Prospectives de la Fundación Naturgy.

¿Cómo explica que España tenga uno de los peores datos de paro de la Unión Europea?

Los errores del marco institucional español proceden de los años 80 y 90. Lo que hemos aprendido desde entonces es que la estructura institucional para negociar los salarios y condiciones laborales influye mucho en el funcionamiento de los mercados laborales. Ahora sabemos que para que los trabajadores puedan progresar es necesaria mucha flexibilidad: para que puedan cambiar de trabajo, ascender, cambiar de puesto en la empresa... España carece de la flexibilidad necesaria para que los trabajadores con talento individual puedan progresar. Se ha primado la negociación colectiva frente a la flexibilidad y eso explica los datos.

¿Qué reformas se deberían emprender para empezar a enmendar el problema del paro?

Las principales reformas tienen que ver con el aumento de la flexibilidad, esto es algo pendiente desde hace muchos años en España. Sé que esto está muy politizado, pero es necesaria más libertad para que los trabajadores puedan negociar sus propias compensaciones, en vez de que estas cuestiones estén controladas desde los sindicatos de forma colectiva. Desde el punto de vista de los contratos, también sabemos que los mejores trabajos son aquellos que tienen posibilidades de ascenso, aquellos en los que te pueden incentivar con mejoras. Si tienes por encima de ti a alguien con un contrato blindado, es muy difícil que puedas progresar en la empresa. La flexibilidad es fundamental.

¿Eso explica las altas tasas de paro juveniles en España?

Sí, los que más sufren en un mercado laboral con poca flexibilidad son los jóvenes. Les cuesta encontrar su primer trabajo fijo y, entre medias, están en paro, con empleos temporales…

¿Cómo se han transformado las ciudades debido al uso de plataformas digitales?

Han supuesto un gran cambio para las ciudades, aunque estas plataformas han tenido un impacto mayor en el campo que en la ciudad porque han conectado zonas rurales que antes estaban aisladas. La industrialización y las primeras fábricas favorecieron el desarrollo urbano porque había que acercar los servicios a los centros de trabajo. En cambio, las plataformas digitales no necesitan esa proximidad, por lo que la tecnología lo que está trayendo es una desurbanización. Para poblaciones rurales en las que solo hay una tienda y un bar, las empresas digitales ofrecen grandes posibilidades. ¡Ni en el centro de Londres puedes elegir tantas marcas de café como a través de aplicaciones digitales! ¡Y te llega en un día!

¿Cuál ha sido el efecto de la pandemia en los mercados laborales?

Ha tenido más efectos de los que cabría esperar. Ha acelerado la automatización debido a los confinamientos. Se han implementado nuevas tecnologías y eso ya no va a desaparecer a pesar de la vuelta a las oficinas de los trabajadores. El teletrabajo es la otra gran herencia de la pandemia. Las reuniones a distancia, clases.... Ahora tenemos la tecnología necesaria para hacerlo. El 20% del empleo será telemático. Además, trabajadores y empresas son más conscientes de los riesgos laborales. La salud en el trabajo ha cobrado mayor importancia. Y aquellos sectores con empleos poco saludables tendrán más dificultades a la hora de encontrar trabajadores.

¿La automatización del empleo puede causar más desigualdades?

La automatización impulsa la desigualdad, aunque no más paro. Los gobiernos tienen que poner medidas para controlar la desigualdad. Esto lo hemos visto en Estados Unidos y, en menor medida, en Reino Unido. Son economías menos reguladas y en estas ha aumentado la desigualdad entre los salarios altos y bajos. En Estados Unidos todas las ganancias que ha producido la tecnología en los últimos años han beneficiado especialmente al 5% de las rentas más altas. Las más bajas no se han beneficiado en absoluto.

¿Cuál es la receta para combatir la desigualdad?

Países como Suecia, Noruega o Dinamarca son un ejemplo a seguir. Hay que implementar un salario mínimo razonable y financiar buenos servicios sociales de calidad, especialmente para las rentas bajas. Eso sustituye su falta de recursos, pero hay que financiarlo de forma adecuada, el gobierno tiene que pagarlo. Ese dinero sale de los impuestos a las rentas más altas. Así se distribuye la riqueza.

¿Cree que los bancos centrales están actuando de forma adecuada al subir los tipos?

Sí, es inevitable. Tienen que subir los tipos de interés y endurecer la política monetaria. A pesar de ello, no creo que la actual inflación se deba exclusivamente a factores monetarios, tiene que ver especialmente con el aumento de precios de comida y energía. Por ese motivo, los bancos centrales tienen que ser muy cuidadosos y no ser demasiado agresivos a la vez que tienen que controlar que la subida de salarios no acabe desatando una espiral inflacionaria. No pueden parar la inflación con la política monetaria pero tienen que rebajar las expectativas de una subida salarial. Los sindicatos nunca lo reconocerán, pero el incremento de sueldo conforme a la escalada de costes que estamos viviendo en algo imposible. La energía ahora cuesta el doble y es imposible que los salarios se revaloricen igual que lo está haciendo el coste de la vida. Eso nos llevaría a una espiral de subida de precios sin final, a no ser que encontremos una fuente de energía alternativa. A los sindicatos esto no les gusta, pero no lo digo yo, lo sabe cualquier estudiante de primero de economía. Hay que tratar de bajar los precios, no subir los sueldos.

¿Qué disrupciones ha traído la guerra en Ucrania a la economía global?

Está teniendo consecuencias muy serias. La primera es el incremento de precios de la energía y los alimentos. Pero considero que una de las mayores disrupciones que ha introducido el conflicto, que es más política que económica, es la división en bloques tras el aislamiento económico y político a Rusia. Esto está causando muchas dificultades en las cadenas de suministro. La posición ambigua de China respecto al conflicto tampoco ayuda, la gente ya no se fía igual al ir a este país a emprender negocios. Esta guerra ha traído consigo una especie de desglobalización. Es probable que Rusia y China estrechen lazos políticos. Lo más preocupante sería volver a una política de bloques, con Estados Unidos y sus aliados por un lado, y China y sus aliados en el otro. Eso es muy preocupante. Esta tendencia es mucho más peligrosa que el incremento de los precios de la energía.

¿Cree que es efectivo limitar los precios de la energía, como se ha hecho en España?

Eso es algo muy complicado de hacer, alguien tiene que acabar pagando los costes reales de lo que cuesta la energía, que está disparada. Si, por ejemplo, suministrar energía cuesta cien euros y el gobierno dice que las empresas no pueden cobrar más de 80 euros por ella, ¿quién pone la diferencia? Alguien tiene que pagarlo. Este tipo de medidas acaba subvencionando a los que más tienen, que son los que más energía utilizan. Es mejor que el precio de la energía se determine mediante el mercado y luego apoyar a las familias con rentas bajas para que puedan pagar sus facturas de electricidad, en vez de dar dinero a toda la población.

¿Cree que habrá una recesión?

Nadie lo sabe con seguridad, el Banco Central Europeo prevé que se produzca una. Pero no será profunda. Será una pequeña recesión.

Entonces, ¿no será tan grave como la anterior crisis que hemos experimentado?

No, no. Durante la última crisis financiera se cometieron errores, pero, por suerte, hemos aprendido de ellos.

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