La implantación de la economía circular supone un auténtico reto para todas las empresas, ya que supone modificar el concepto tradicional de su actividad productiva con el fin de generar el menor número posible de residuos y reutilizarlos el mayor número de veces que se pueda. Para conocer la situación actual de estas iniciativas en las empresas gallegas, representantes de tres sectores diferentes exponen en esta conversación las experiencias de éxito que desarrollan, así como las dificultades a las que se enfrentan para conseguir una mayor circularidad.

“Para nosotros la empresa es un agente más dentro de la sociedad y todos somos conscientes de que hay un problema con la crisis climática y la reducción de la biodiversidad, por lo que todos debemos aunar esfuerzos y trabajar en la búsqueda de soluciones”, afirma María Sande, directora de Comunicación en la zona noroeste de Coca-Cola European Partners, para quien “el crecimiento, si no es sostenible no lo será, no hay otra opción”.

“Por un lado hay una necesidad de descarbonización para reducir las emisiones de efecto invernadero y por el otro está el problema del excedente de residuos. Ambos se pueden complementar porque los residuos se pueden utilizar para descarbonizarse y en nuestros centros industriales es así, ya que podemos transformarlos en combustibles de baja huella de carbono”, señala Susana Benedicto, coordinadora de Transformación en la refinería de Repsol en A Coruña, que descarta que la implicación actual de las empresas en estas iniciativas se trate de una moda pasajera. “Esto ha venido para quedarse y no hay marcha atrás”, advierte.

Las empresas se fijan objetivos ambiciosos a pesar de su dificultad

También Ricardo Castro, director de Calidad y Medio Ambiente de Vegalsa Eroski, es de la misma opinión. “La economía circular en nuestro caso es una moda que nos dura muchos años, porque empezamos con ella en 2007 y seguimos poquito a poco. Tenemos claro que somos tenderos y estamos muy cerca del cliente e intentamos ayudarles todos los días”, explica sobre esta cuestión. “Hacemos una gestión muy eficiente de los residuos, tanto los nuestros como los que nos aportan los clientes, y una lucha total contra el desperdicio alimentario”, detalla Castro, quien recuerda que el proyecto de residuo cero puesto en marcha por esta empresa de la distribución alimentaria comenzó cuando se inició la crisis financiera de hace quince años, lo que sorprendía a algunos directivos ante las dificultades que vivía el mercado.

Pero poner en práctica estas iniciativas no está exento de dificultades, como indica María Sande. “Fácil no es porque los objetivos son muy retadores, pero cuando hay una apuesta clara por parte de la dirección, se van cumpliendo. Nuestra hoja de ruta se denomina This is forward (avanzamos) y en ella analizamos todos los años si se han alcanzado los objetivos, que son difíciles de cumplir”. Coca-Cola se ha marcado el reto de reducir un 30% la huella de carbono que genera antes de 2030 y llegar a ser neutra en emisiones en 2040.

Las iniciativas abarcan todos los campos de actividad de las compañías

“En nuestro caso es muy complejo, somos una industria energéticamente intensiva”, señala Susana Benedicto. “Fuimos la primera compañía del sector en comprometernos en las cero emisiones netas de carbono en 2050 y vamos a tener que reformar por completo nuestras refinerías, en las que tenemos que sustituir la materia prima fósil, el crudo, por renovable, en este caso por determinados tipos de residuos”, refiere sobre los objetivos que se fija Repsol.

“Estamos ya con proyectos de modificación de nuestras instalaciones para el procesado de residuos como aceites residuales, de cocinas o grasas animales, también para producir biodiesel, biojet y biomarino. En otros proyectos partimos de residuos sólidos que cuesta mucho más modificar, por lo que hay que usar tecnologías novedosas que no están escaladas industrialmente y tienen asociado un alto coste de inversión”, comenta sobre las barreras que la compañía debe salvar.

“Es muy importante la implicación de las direcciones de los negocios, en nuestro caso para lo macro y para lo micro”, opina Ricardo Castro, quien considera que la de Vegalsa Eroski “siempre ha sido muy receptiva, incluso con proyectos de menor alcance”. Para respaldar esta afirmación, recuerda que en 2007 empezó a recoger el aceite usado de los clientes, cuando los ayuntamientos empezaron a hacerlo en 2016. “En nuestra organización tenemos el lema de Somos lo que hacemos”, destaca para poner de relieve la implicación de su empresa en esta política.

Castro y Benedicto escuchan una de las intervenciones de Sande durante la conversación. |   // CARLOS PARDELLAS

Castro y Benedicto escuchan una de las intervenciones de Sande durante la conversación. | // CARLOS PARDELLAS José Manuel Gutiérrez

Pero el éxito de las medidas que persiguen la circularidad no puede alcanzarse sin la participación de los proveedores de las empresas, como admite Sande. “Cuando nos marcamos el objetivo de ser neutros en carbono en 2040, lo que se hizo fue reunirnos con nuestros proveedores estratégicos, porque el 90% de nuestra huella de carbono procede de ellos”. Coca-Cola puso además en marcha el proyecto Cítricos Sostenibles debido a que es uno de los principales compradores de limones y naranjas en España, con el fin de que sus productores reduzcan el consumo de agua de riego y el uso de fertilizantes. “En los envases es fundamental porque el 40% de nuestra huella de carbono procede de ellos, por lo que trabajamos en su reducción, de forma que una lata de Coca Cola pesa hoy un 60% menos que hace treinta años y una botella de plástico de dos litros pesa un 35% menos que en 2010”, señala la responsable de Comunicación de la firma en Galicia.

Sande añade que otra línea de trabajo es que todos los envases sean reciclables, con el objetivo, ya muy cercano, de llegar al 100%, puesto que ahora se alcanza el 99,7%. “También incrementamos el material reciclado en todos ellos, y el hito de este año fue conseguir el reciclado al 100% en las botellas de medio litro de plástico, menos en Sprite y agua”, indica. Coca-Cola trata además de implicar a sus clientes con el programa Hostelería por el clima, que en Galicia sobrepasa ya los 300 establecimientos adheridos.

"Queremos recoger el equivalente a los envases que vendemos en el mercado"

María Sande, directora de Comunicación de Coca-Cola Noroeste

“Trabajamos en muchos campos porque tenemos una gama muy amplia de productos”, expone Benedicto, ya que Repsol pretende que el 20% del plástico que produce sea reciclado en 2030 para lo que investiga el uso de compuestos de alta calidad que hizo ya posible que los envases de los lubricantes tengan un 40% de plástico reciclado. “Vamos a construir la primera planta de España de reciclaje de espuma de poliuretano de los colchones, que ocupan mucho volumen y no son es fáciles de reciclar”, pone como ejemplo de una de las experiencias innovadoras.

“Nuestro caballo de batalla va a ser reducir el embalaje de los pedidos de las tiendas, que si bien es un medio necesario su uso se restringe al transporte del almacén a la tienda”, reflexiona Castro. Para conseguirlo, Vegalsa Eroski opera ya con cajas reutilizables para fruta y carne que sobre el palé se estabilizan con solo dos vueltas de fleje de plástico. Castro destaca que la empresa ha conseguido también una reducción del consumo eléctrico en torno a un 35%, que equivale a la emisión de dióxido de carbono de 3.245 coches al año. “También trabajamos en la gestión de la flota de vehículos, porque lo importante es que estén funcionando siempre llenas, ya que es un ahorro para toda la sociedad”, indica.

Aunque en el caso de Coca-Cola en Galicia se trata de una flota subcontratada, también esta empresa se preocupa por su impacto ambiental, por lo que “la mitad de ella está compuesta por vehículos híbridos y se diseñan sus rutas para que sean lo más equilibradas que sea posible”, explica Sande, quien añade que la compañía hace uso además del tren para el transporte de mercancías. Al igual que sucede con toda la cadena de valor, en Repsol este aspecto también se tiene en cuenta, según apunta Susana Benedicto, ya que se busca que en las cadenas de transporte de la empresa “la huella de carbono se reduzca lo máximo posible”.

"Es muy importante la implicación de las direcciones, para lo macro y para lo micro"

Ricardo Castro, director de Calidad y Medio Ambiente de Vegalsa-Eroski

Al abordar experiencias desarrolladas en cada una de estas corporaciones en el campo de la economía circular, Ricardo Castro cita la que se lleva a cabo con el plástico en Vegalsa Eroski. “Lo enviamos todo a nuestra plataforma en Sigüeiro, donde Sogapol lo recoge para hacer en Ourense la granza de plástico reciclado que a su vez vende a Placasa, que fabrica en Carballo nuestras bolsas con un 80% de reciclaje. Decidimos certificarlo porque nos parecía maravilloso que estuviéramos tan comprometidos en este asunto”, dice sobre esta iniciativa.

También manifiesta que se siente “más orgulloso de proyectos pequeñitos”, como el “de recoger los tapones de plástico y aceite de los clientes en nuestras tiendas y valorizarlos canalizando el dinero obtenido a iniciativas como la que estamos realizando con la asociación Amicos”. Estos proyectos se realizan dentro del programa RE-MAR, dedicado a la limpieza integral de playas mediante la recogida, clasificación y valorización de los residuos y, con la formación en educación ambiental y la sensibilización en los colegios.

“En Repsol yo destacaría el proyecto de valorización de excedentes de purines, que es un problema muy grave en Galicia porque las ganaderías están muy dispersas”, señala Susana Benedicto, quien aclara que se lleva a cabo con Naturgy y Reganosa en colaboración con Impulsa Galicia. “Se recogen para convertirlo en fertilizantes orgánicos y en biometano. Es una iniciativa muy interesante porque a partir del excedente de un residuo al que en principio nadie le da valor, se puede conseguir un producto que se puede usar para fabricar hidrógeno renovable o utilizarlo en calefacción o combustible”, destaca. También lo considera importante “porque da mucho valor al sector rural, ya que, además de las plantas, se generará empleo de calidad”.

"Vamos a reformar las refinerías para sustituir el crudo por materias primas renovables"

Susana Benedicto, coordinadora de Transformación de Repsol

“Mares circulares para mí es un proyecto redondo, ya que tiene por objetivo la limpieza de entornos acuáticos, así como sensibilizar sobre esta materia y concede premios para investigación y empresas nuevas”, comenta Sande sobre esta actividad de Coca-Cola. “Hay puertos en los que los barcos traen los residuos y con ellos se fabrican bancos que se instalarán en tres puertos gallegos”, añade sobre este programa, que también organizó recientemente unas jornadas técnicas con la Universidade de Vigo.

Pero aún quedan problemas que resolver para lograr que la circularidad sea total en la actividad de las empresas. “Sigue habiendo un problema interesante en las tiendas, que es gestionar el polispán de las cajas de pescado, ya que transportar aire es completamente improductivo”, se lamenta Castro, quien avanza que Vegalsa Eroski trata de “buscar otro tipo de material o reducirlo para conseguir una gestión más eficiente”, para lo que ya ha hecho pruebas con algunos productos.

“Uno de los retos más complicados es que nos hemos comprometido a recoger el equivalente de los envases que vendemos a través de los sistemas que hay ya en el mercado”, aporta Sande sobre esta cuestión, que implicará un ingente esfuerzo para Coca-Cola.

“Cualquier tipo de residuo que se pueda imaginar estamos trabajando para poder revalorizarlo, ya que tenemos un laboratorio tecnológico en Madrid trabajando en líneas de investigación para hacerlo posible, pero la principal dificultad que encontramos es la madurez de la tecnología, que muchas veces hay que seguir optimizando, por lo que tiene costes asociados muy elevados y hace que estos proyectos aún no sean rentables”, detalla Benedicto sobre los retos a los que se enfrenta Repsol. “La segunda barrera que encontramos es la regulación, que muchas veces no acompaña a la revalorización de ciertos residuos”, añade.

Para las empresas que como Vegalsa Eroski operan en el sector de la distribución alimentaria, el desperdicio de productos que no llegan a consumirse representa una preocupación especial. “Somos tenderos y lo primero que vamos a hacer es vender el producto. Cuando no se vende, se hacen ofertas, y cuando termina su vida comercial, como no deja de ser apto, se dona a oenegés o se intenta recuperar, como hacemos con los restos de panadería y las verduras, que se destinan a la alimentación animal”, explica Castro.

Pero hay una serie de artículos en los que el reciclaje es muy complicado, apunta, como los blisters de fiambre en los que cada loncha está separada por una hoja de plástico, ya que habría que separar una por una. Como empresa fabricante, Coca-Cola también se preocupa por esta cuestión, según pone de relieve María Sande: “Trabajamos muy bien la programación de las producciones para evitar su caducidad, aunque afortunadamente tienen una vida muy larga, ya que incluso la que tiene el envase de vidrio dura más de un año”.