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La ostra japonesa coloniza Galicia

Solo las Rías Baixas se libran del «preocupante» bum que siente el norte de la comunidad, donde el CSIC y Telespazio ya emplean IA y drones para controlar esta especie exótica

Jorge Garnelo

Santiago

Un manto de marcas rizadas cubre la playa de Bastiagueiro, en Oleiros, como si sus rocas tuviesen acné. Son ostras japonesas, una especie exótica que se instaló en el norte de Galicia hace ya dos décadas y que desde entonces ha crecido, emprendiendo una travesía hacia el sur que ha llevado al bivalvo a extenderse desde la provincia de Lugo hasta A Coruña, abarcando cada vez más pedacitos del litoral gallego a excepción de las Rías Baixas. Esa es la gran pregunta que se hace en estos momentos la comunidad científica: ¿por qué en Pontevedra no se da esa naturalización que sí se da en el resto del territorio? Investigadores del Instituto de Investigación Mariñas del CSIC (IIM-CSIC) están analizando el comportamiento del molusco para dar con la respuesta al mismo tiempo que emplean inteligencia artificial y drones para controlar su evolución, teniendo en cuenta que su presencia en la costa «impresiona» y puede suponer una amenaza para el ecosistema autóctono.

«Ya está extendida en el cultivo intermareal», advierte la investigadora Laura Peteiro, que evidencia cómo en algunos puntos «está tapizando» áreas en las que antes era común ver mejillón. Por este motivo están llevando a cabo el proyecto Oyster-Watch, dotado con más de 200.000 euros con el apoyo de los fondos Next Generation para desarrollar herramientas para monitorizar la expansión. Se trata de hacer un barrido con vehículos aéreos no tripulados con el objetivo de identificar cuál es el estado de cada zona, primero, y después establecer con ellos un registro para hacer posteriores batidas y ver si las ostras japonesas se siguen multiplicando. «En el norte empieza a ser preocupante porque están ocupando una parte importante del litoral y además de una forma muy densa», agregan desde el IIM-CSIC, que comenzó en el pasado abril a impulsar esta iniciativa de dos años de extensión.

Sobre el alcance del molusco colonizador, los científicos presuponen que su naturalización no cuaja en el sur por las condiciones del agua y fenómenos como el afloramiento, que engloba el ascenso de agua oceánica profunda, más fría y rica en sales nutrientes, a la superficie marina. Además del mejillón, la especie exótica confronta con su hermana, la ostra plana gallega (Ostrea edulis), a la cual también está comiendo terreno. El problema es que aunque ambas son aptas para consumo humano es esta última la que goza de un mayor valor comercial, lo que supone un tijeretazo de la facturación en aquellas cofradías donde merma en favor de su potencial competidora.

A fin de «frenar» su avance, robots dotados de equipamientos avanzados sobrevuelan 15 playas coruñesas y lucenses para recabar datos que permitan mapear el entorno. Todos ellos serán tratados con la colaboración de uno de los principales operadores mundiales de servicios por satélite, Telespazio, que ha puesto a servicio de los investigadores un sistema de IA para identificar automáticamente las áreas más problemáticas.

«Esta tecnología permitirá a las administraciones contar con una herramienta eficiente y precisa para vigilar la expansión de una especie invasora y tomar decisiones informadas sobre la gestión del litoral. Pero, además, demuestra cómo la inteligencia artificial y los drones pueden aplicarse con impacto real en la protección de la biodiversidad y la sostenibilidad de un bien cultural, económico y ecológico como es el marisqueo y la acuicultura en Galicia», subraya el CEO de la filial española del grupo, Carlos Fernández de la Peña.

Desde la Consellería do Mar defienden no obstante que la ostra rizada japonesa «é un recurso marisqueiro e acuícola máis na nosa comunidade», remarcando que en los últimos 10 anos la venta en las lonjas de 1.242 toneladas en fresco de este bivalvo supuso unos ingresos de 1,34 millones de euros, y su aprovechamiento «presenta unha importancia económica local nalgúns puntos de Galicia».

«Existe unha diferencia moi clara entre as especies exóticas que son consideradas legalmente invasoras polas súas repercusións nos ecosistemas autóctonos, e Magallana gigas non o é», manifiestan desde la Xunta, que apela a no caer en el alarmismo pero reconoce: «Unicamente en certas circunstancias e en puntos concretos do litoral, esta especie pode presentar un comportamento de desenvolvemento excesivo en substratos duros e mesmo brandos dos ecosistemas litorais de Galicia, especialmente no norte».

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