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Galicia adelanta la vendimia por el cambio climático, que reduce hasta un 25% la cosecha de uva

Pese a ello, Rías Baixas estima una buena campaña tras conseguir en 2024 el mayor rendimiento del país: 12.500 kilos por hectárea

Una vendimiadora corta varios racimos de uva tinta en una campaña de Rías Baixas.

Una vendimiadora corta varios racimos de uva tinta en una campaña de Rías Baixas. / Iñaki Abella

Jorge Garnelo

No hay negacionismo que valga en el sector vitivinícola y menos aún en lo que se refiere al cambio climático. «Es una evidencia», destaca cualquier experto, como en este caso hacen los técnicos del Consello Regulador de la Denominación de Orixe (D.O.) de Valdeorras. Es esta comarca ourensana la que suele marcar los tiempos de la vendimia, una faena que solía arrancar tradicionalmente en septiembre y ahora comienza a finales de agosto, como consecuencia del aumento de las temperaturas. El calor extremo ha obligado a las bodegas a adaptar sus cultivos, por ejemplo, dejando más hojas y formando con ellas cortinas vegetales para sombrear las uvas, proteger así el racimo y reducir las quemaduras y la pérdida de producción. Pero como indican los especialistas, «el calentamiento global es una realidad, aunque su efecto no es lineal». «Son dientes de sierra», aseguran. No significa solo sol. Hay años cada vez más cálidos y hay años cada vez más fríos que han llegado a reducir un 25% las cosechas entre heladas y sequías.

De este impacto en el medio también da fe el presidente del Consello Regulador la Denominación de Orixe (D.O.) de Ribeira Sacra, Antonio Lombardía, que certifica que la demarcación lucense volverá a acoger este año una temporada de recolección anticipada: «Se ha adelantado muchísimo. Cada dos o tres años vemos que se adelanta un día más». Como explica, que haya olas de calor no implica necesariamente que se acelere la maduración, puesto que si estas son pronunciadas y la plantación entra en estrés hídrico se puede ralentizar el crecimiento. En el interior, tanto en el norte como en el sur, no esperan una campaña excesivamente alegre. Más bien algo justa: «Entre buena, en el mejor de los casos, y tirando a media». En Rías Baixas hay más optimismo, sobre todo tras los buenos resultados recabados el año pasado.

Según la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce), la provincia de Pontevedra fue líder en 2024 en el rendimiento de la uva para transformación en secano —sin riego artificial, común en Galicia por la lluvia más abundante que en otras comunidades—. Cada hectárea dio 12.555 kilos, mientras que la media gallega apenas superó los 9.000 —en base a las 72 parcelas aforadas—. Y en España, 5.000. En bodegas como Paco y Lola, en Val do Salnés, «las sensaciones que deja esta cosecha son muy positivas, sobre todo a nivel sanitario, lo que va a redundar en una mejor calidad y cantidad». «Prevemos arrancar cuatro o cinco días antes y que haya mucho calor. Nos vendría muy bien algún evento de precipitaciones para una mejor evolución de la maduración», reconoce su director de viticultura, Diego García.

Los migrantes salvan el campo pero «falta vivienda asequible para hospedarlos»

Adega Avelina es una de las tantas bodegas familiares gallegas que confió en la mano de obra migrante para atajar el problema de falta de profesionales en el sector. Pero lo que empezó como una solución exclusiva para su negocio acabó convirtiéndose en una empresa que ahora presta servicios de recolección de uva y demás trabajos vitivinícolas a muchas de las grandes firmas gallegas del vino. La compañía estima movilizar entre 600 y 700 trabajadores que participarán este año en la vendimia, pero el principal problema que se encuentra es «la logística», a la hora de encontrar alojamientos dignos para las personas que vienen a Galicia, así como todos los prejuicios que hay con relación a los migrantes. «No faltan trabajadores, lo que falta es vivienda asequible y de calidad para poder hospedarlos», destacan desde la compañía, que está implicando a las propias bodegas para que colaboren. «Si no se trata bien a esta gente, no vuelve el año que viene», advierten además, recalcando que sin ellos no sería posible sacar adelante la producción en las principales demarcaciones de la comunidad autónoma: «Si paramos, no se vendimia».

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