Alimentación
Manual para entender el Nutriscore: ¿por qué el pan integral es un alimento A y el aceite de oliva es B?
La etiqueta impulsada por la Unión Europea fue revisada por última vez en 2022, pero aun así los expertos consideran que hay cuestiones mejorables

Alimentos frescos en un carro de la compra en un supermercado. / El Periódico
Con unos consumidores cada vez más preocupados por la salud y el valor nutricional de los alimentos, la iniciativa de la Unión Europea (UE) de promover una etiqueta común para todos los países era, a priori, una buena idea. Así nació el distintivo Nutriscore, que España aplica desde 2021 y cuyo propósito es ayudar a elegir una cesta de la compra más sana y equilibrada. Sin embargo, interpretar la etiqueta no es sencillo. Aquí van algunas claves sobre qué significa Nutriscore y cuáles son sus ventajas e inconvenientes.
El algoritmo que determina los valores de Nutriscore es un modelo desarrollado por científicos franceses, que evalúa el valor nutricional de los alimentos por cada 100 gramos. Su propósito es clasificar los alimentos en una escala de cinco colores y letras (de la A verde oscura a la E roja) para indicar su calidad nutricional. Los alimentos con puntuaciones más bajas (más favorables en Nutriscore) se asocian con un menor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como enfermedades cardiovasculares, cáncer y diabetes.
La puntuación Nutriscore se calcula asignando puntos A y puntos C en función de la composición nutricional del alimento. Los A (0-40 puntos) se otorgan por componentes considerados desfavorables para la salud, como las calorías, los azúcares, las grasas saturadas y el sodio. Cuanto más de estos componentes tenga un alimento, más puntos A o puntos negativos acumulará. Los C (0-15 puntos) se otorgan por componentes considerados favorables, como frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceites (oliva, colza, girasol), fibras y proteínas. Cuanto más de estos componentes tenga un alimento, más puntos C acumulará. La puntuación final se deriva de la resta de los puntos C de los puntos A. Una puntuación final más baja indica un mayor valor nutricional y viceversa.
El sistema, que de momento solo se aplica, además de en España, en Bélgica, Francia, Alemania, Luxemburgo, Países Bajos y Suiza, recibió duras críticas en el momento de su implantación, por lo que en 2022 un comité científico asumió el encargo de la UE de revisarlo. De resultas de ello, la puntuación es ahora más estricta para los productos azucarados y los que tienen un alto contenido en sal. Así, los cereales de desayuno, relativamente altos de azúcar, dejaron de calificarse con una A y muchos de ellos pasaron a tener una C. El cambio supuso que el aceite de oliva, hasta entonces considerado un alimento C, pasara a ser B, así como los aceites con bajo contenido en ácidos grasos saturados (de colza o de nueces). El de girasol sí se mantuvo en una C, lo mismo que el aceite de coco y la mantequilla que siguieron recibiendo la peor puntuación, es decir, una E. En el caso del pan, se aplicó una mayor discriminación entre los productos completos o integrales (clasificados como A) y los refinados, que pasaron a ser entre B y C, en función de su contenido en sal.
A pesar de las mejoras, los expertos en nutrición consideran que sigue habiendo debilidades en el Nutriscore. Por ejemplo, la diferencia entre la pasta y el arroz integrales y refinados es mínima, ya que ambos suelen clasificarse en la categoría A. ¿Por qué el aceite de oliva fue un punto de controversia específico? Este producto, especialmente el virgen extra, recibió inicialmente una clasificación C, lo que, en opinión de los especialistas, no reflejaba sus propiedades saludables y su importancia en la dieta mediterránea. La revisión del algoritmo elevó su valoración a una B, incluyéndolo en el epígrafe de frutas, verduras y legumbres.
Algunas asociaciones de nutricionistas consideran que al Nutriscore le falta analizar el grado de procesado de los alimentos, que no est tenido en cuenta. Los cálculos, agregan estas voces más críticas, siguen haciéndose por gramos o mililitros y no por raciones, una información que sería más útil para el consumidor. Además, la organización FoodWatch International ha denunciado las presiones que realizaron los lobis de la industria alimentaria para impedir, entre otras cosas, que el etiquetado fuera de obligado cumplimiento para todos los países de la UE. Mientras siga siendo de carácter voluntario, asegura la entidad, su valor será relativo.
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