Los gallegos guardan 4.000 millones más en sus cuentas bancarias por falta de rentabilidad
El ahorro de hogares y empresas sigue creciendo, pero se concentra en cuentas corrientes mientras los depósitos a plazo retroceden por la escasa remuneración que ofrece la banca

Una mujer pasa por delante de un cartel de una entidad bancaria que anuncia una hipoteca. / Luis Tejido

El ahorro de los hogares y las empresas gallegas sigue creciendo, pero lo hace con un rasgo muy marcado: cada vez, más dinero se queda inmóvil en las cuentas corrientes. Los últimos datos publicados por el Banco de España correspondientes al tercer trimestre de 2025 confirman que el volumen total de depósitos privados en Galicia alcanzó un nuevo máximo histórico, impulsado casi en exclusiva por el fuerte avance del dinero a la vista y no por los productos de ahorro a plazo.
A cierre de septiembre, los depósitos de particulares y empresas gallegas sumaban 81.563 millones, una cifra récord que supone un aumento interanual de 4.083 respecto al mismo mes de 2024. El crecimiento supera el 5% y consolida una tendencia sostenida en el tiempo: en apenas cuatro años, desde 2021, el ahorro bancario del sector privado en Galicia ha aumentado en más de 11.600 millones.
Sin embargo, el detalle del balance revela un comportamiento muy concreto de los ahorradores. El dinero depositado en cuentas a la vista —cuentas corrientes y productos totalmente líquidos— se disparó hasta los 68.149 millones, la mayor cifra de la serie histórica. En solo un año, este tipo de depósitos creció en 4.605, un 7,2% más. Es este movimiento el que explica el grueso del aumento del ahorro: los gallegos ahorran más dinero, pero lo dejan en la cartilla.
La evolución de los depósitos a plazo apunta justo en la dirección contraria. A finales del pasado septiembre, el saldo se redujo hasta los 13.155 millones, tras caer en casi 800 en comparación con el año anterior. Estos productos acumulan ya año y medio a la baja. La lectura es clara: el dinero no se traslada de las cuentas a la vista a los depósitos a plazo porque los incentivos siguen siendo escasos.
Causas
Las causas son estructurales y van más allá de una simple preferencia por la liquidez. La política comercial de las entidades financieras mantiene una remuneración muy limitada del pasivo. En la práctica, muchos bancos han priorizado proteger márgenes antes que competir por captar ahorro, lo que ha reducido el atractivo de inmovilizar el dinero durante meses a cambio de una rentabilidad percibida como insuficiente. Hay muy pocos depósitos a plazo que superen el 2% de rentabilidad anual.
A ello se suma un factor de comodidad. Las cuentas corrientes permiten disponer del dinero en cualquier momento, sin penalizaciones ni trámites, algo especialmente valorado en un contexto de incertidumbre económica y de aumento del coste de la vida. Para hogares y empresas, mantener liquidez inmediata actúa como un colchón ante imprevistos, aunque ello implique renunciar a una mayor remuneración.
También pesa una cierta desconfianza o, al menos, una falta de estímulos claros para cambiar de comportamiento. Tras años de tipos en mínimos, el ahorro se ha acostumbrado a no rentar y a buscar otros productos. El sector público presenta un perfil distinto. Los depósitos de las administraciones públicas gallegas se mantuvieron prácticamente estables en el último año, con 5.083 millones.
Mientras el ahorro permanece inmovilizado, el crédito dibuja un comportamiento aparentemente contradictorio. El crédito a hogares y empresas gallegas repunta y vuelve a niveles máximos de los últimos años. A 30 del pasado septiembre, el saldo de préstamos al sector privado se situó en 42.415 millones, la cifra más alta desde junio de 2022. En comparación con septiembre de 2024, cuando ascendía a 41.059, el crédito ha aumentado en 1.356, señal de que, pese a que el ahorro se acumula en cuentas a la vista, la financiación bancaria sigue ganando peso en la economía gallega. El crédito a las administraciones públicas, por su parte, también creció, pero menos: de 6.578 a 6.823 millones.
El resultado es un comportamiento dual de los gallegos: más ahorro que nunca, pero aparcado en cuentas corrientes, y al mismo tiempo un nivel de endeudamiento elevado.
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