La productividad crece en Galicia a su mayor ritmo en 30 años
Ha sido la única comunidad, junto a Navarra, que ha evitado el retroceso entre 1995 y 2020
Tras la pandemia ha aumentado a un ritmo anual del 1,6% por encima de la media nacional

Interior de la nueva planta de Estrella Galicia en Morás / Casteleiro
Durante décadas, la baja productividad ha sido uno de los grandes problemas silenciosos de la economía española y gallega. No hacía ruido como el paro ni ocupaba portadas como las crisis financieras, pero estaba ahí, lastrando salarios, frenando la competitividad y marcando un techo invisible al bienestar. En Galicia, ese freno ha sido especialmente persistente. Por eso el dato que acaba de confirmar el último informe del Observatorio de la Productividad y la Competitividad Española, elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) no es menor: desde la pandemia, la productividad gallega crece al mayor ritmo de los últimos treinta años.
La productividad es, en esencia, la capacidad de obtener más resultados con los mismos recursos. Mide cuánto produce una economía con su capital —máquinas, infraestructuras, tecnología— y con su trabajo —las personas que lo hacen posible—. Cuando aumenta, las empresas pueden pagar mejores salarios sin perder competitividad, los precios pueden contenerse y el crecimiento deja de depender solo de trabajar más horas o contratar más personas. Por eso es una variable clave para explicar el progreso real de un territorio.
Durante mucho tiempo, Galicia avanzó poco en ese terreno. Entre 1995 y 2020, un periodo marcado por la burbuja inmobiliaria, la Gran Recesión y una recuperación lenta, la productividad gallega apenas creció un 0,1% anual. Eso sí. Fue una de las dos únicas comunidades, junto a Navarra, que evitó el retroceso, pero el balance seguía siendo pobre. En ese mismo periodo, la media española cayó casi un 0,6% y en 14 autonomías la productividad retrocedió.
Cambio tras el covid
El punto de inflexión llega con la pandemia. Desde 2020, la productividad total de los factores —la que mide conjuntamente empleo y capital— crece en Galicia a un ritmo medio del 1,6% anual, la tasa más elevada desde 1995. Es un avance superior al de España en su conjunto, que se sitúa en el 1,4%, y muy por encima de lo ocurrido en la eurozona, donde el crecimiento medio ha sido casi nulo. En países como Alemania y Francia, incluso ha sido negativo.
Galicia no lidera el ranking nacional, dominado por territorios que se hundieron antes y ahora rebotan con fuerza, como Baleares o Canarias. Pero sí se sitúa en el grupo de seis comunidades con una evolución sólida, por detrás de los archipiélagos y de regiones industriales como País Vasco o Cataluña, y en línea con Castilla y León. Lo relevante no es solo el puesto, sino el cambio de tendencia tras décadas de estancamiento.
¿Qué ha cambiado? Los expertos de la Fundación BBVA y el Ivie señalan un giro en el patrón de crecimiento. Durante años, la inversión se concentró en el ladrillo y los activos poco productivos, mientras la inversión en tecnología, innovación y activos intangibles era escasa. Ese modelo daba empleo, pero no hacía más eficiente la economía. Tras la covid, el crecimiento se apoya mucho más en la eficiencia con la que se usan los recursos.
En España, entre 2021 y 2024, la mejora de la productividad explica un tercio del crecimiento del PIB. La creación de empleo sigue siendo clave, pero ya no es el único motor. En Galicia, este cambio se percibe en múltiples frentes. Muchas empresas han acelerado procesos de digitalización, automatización y reorganización interna. La pandemia obligó a revisar cadenas de suministro, turnos de trabajo y sistemas logísticos, y en muchos casos esos cambios se han quedado.
El tejido productivo gallego ha tenido un papel decisivo. Sectores tractores en la economía de la comunidad como el textil y la automoción han incorporado más tecnología y procesos avanzados.
La industria alimentaria y pesquera, otros pilares gallegos, también ha avanzado en trazabilidad, transformación y valor añadido. La logística y el transporte, clave para una comunidad periférica, han ganado eficiencia con nuevas plataformas y sistemas de gestión.
El mercado laboral también influye. El crecimiento del empleo desde la pandemia ha sido intenso, pero acompañado de un uso más eficiente del capital acumulado. Trabajar más gente no basta si se trabaja igual que antes; el salto está en trabajar de otra manera. En Galicia, la combinación de empleo, inversión más selectiva y cambios organizativos explica buena parte del avance.
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