Historia del sector
La otra represalia de EE UU contra España: el adiós al caladero de Boston para 70 pesqueros gallegos
A comienzos de 1983 eran 70 los buques gallegos que operaban en las pesquerías de calamar y pota de Boston, con dos zafras al año y buenas rentabilidades, sobre todo en la primera especie. Terminaron expulsados tras la entrada de España en la CEE por el supuesto «incumplimiento» de acuerdos comerciales con Washington, aunque el sector siempre achacó el veto a la postura anti OTAN de Felipe González en 1981

La pesca gallega, expulsada del caladero de Boston / Lara Graña
Lara Graña
El Zamanes fue el primer buque pesquero que descargó sus capturas en Frigoríficos de Rande, la filial de logística de frío de Grupo Vieira, en el año 1977. Con 49 metros de eslora y ensamblado por Construcciones Navales Paulino Freire, este arrastrero congelador —matrícula 3 VI-5-8741 y 494 toneladas de arqueo bruto (gross tonnage o GT)— era uno de los habituales de los denominados caladeros de Boston, como recuerda Eduardo Vieira.
Pero había muchos más. Unidades como Altamar, Campa de Torres, Cieisa Once, Cieisa Doce, Nuevo Mundo, Sobroso, Ciudad de Cristal, Flipper o Piñeiro Correa. «La pesquería de calamar era muy rentable», abunda otro empresario consultado. Se hacían trabajos de pequeñas reparaciones o relevos en muelles de Nueva York, con el «extremo cuidado» de que no se hubiera colado una sola langosta en medio de los cefalópodos, «ni siquiera una pata en la cocina». Incluso se llevaron a cabo proyectos ejecutados por varias embarcaciones a la vez, utilizando unidades nodriza —como el factoría Vieirasa 3, de 70 metros de eslora— para elaborar a bordo con capturas de barcos más pequeños. Algo parecido a lo que hacía Pescanova en la costa africana con el Galicia, pero a mucha menor escala.

Puerto pesquero de O Berbés, Vigo, a principios de los años 80 / Magar
El «castigo»
Aquel caladero de Boston, uno de los más recordados por las tripulaciones gallegas, bajaría la persiana para la flota española tras la entrada del país en la Comunidad Económica Europea (CEE), aunque los roces con la administración norteamericana de Ronald Reagan habían empezado bastante antes. «Es muy difícil demostrar que la expulsión de nuestros barcos no se debió a la extensión de las 200 millas de aguas jurisdiccionales, pero evidentemente aquello empezó a explotar con el «no» a la OTAN que enarbolaba Felipez González en 1982», constata un exdiplomático gallego. En las crónicas de entonces el sector ya denunciaba sin miramientos que las restricciones obedecían a «razones estrictamente políticas totalmente ajenas a la pesca». «Estados Unidos —condenaban en 1983 armadores en las páginas del Decano— está castigando a España por temas relacionados con la entrada en la OTAN».
Los datos les daban la razón. En el año 1981 España —la flota era principalmente gallega, con base en Vigo— había dispuesto de un cupo de 20.000 toneladas de pota y calamar en aguas de Boston. En paralelo a las negociaciones para entrar en la Alianza Atlántica y el «no» de González, Washington rebajó un año después las cuotas a menos de la mitad: 4.500 toneladas de calamar y 5.000 toneladas de pota. Lo que se transmitía oficialmente desde EE UU es que España había «incumplido una serie de condiciones comerciales impuestas», pero sin mucho más detalle.
En aquellos barcos afectados eran unos 700 los marineros enrolados y la Cooperativa de Armadores de Vigo (ARVI), con Enrique López Veiga como director gerente y José Ramón Fuertes de secretario técnico, estimaba un impacto indirecto sobre 5.000 trabajadores más en tierra. El hecho es que los recortes afectaban sobre todo a los barcos gallegos, no así a los de Portugal o Japón. Estados Unidos había concedido a Lisboa un cupo, también en 1982, de 4.000 toneladas de pota y calamar, y solo había consumido 7 toneladas; de las 13.000 toneladas asignadas a Japón, sus barcos apenas habían capturado 4.500. España, por contra, consumía el 90% de sus posibilidades totales.
«Ellos siempre responden, Estados Unidos reacciona siempre que hay tensiones. Cuando sucedió todo aquello, ya con España en la CEE, Bruselas no supo reconducirlo», abundan las mismas fuentes diplomáticas. «Hay que tener en cuenta —abunda el mismo interlocutor, en referencia al conflicto actual con la Administración de Donald Trump como consecuencia de los ataques sobre Irán— que tienen anotado al minuto todo lo que sucede en política exterior, y ellos apuntaron ese castigo por la hostilidad inicial de González con la OTAN», si bien el referéndum de 1986 validaría la continuidad de España en la Alianza Atlántica con un PSOE reconvertido en fan y defensor de este proyecto.
En el sector llaman la atención, por último, a eventuales implicaciones que pudieran tener las escaramuzas entre el Gobierno de Pedro Sánchez con Trump para la actividad en caladeros como el de las Svalbard, ante un eventual respaldo de EE UU para con los intereses de Noruega, o de cara a las negociaciones para el acuerdo pesquero con Marruecos.
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