La coruñesa Milsa deja negocio sin asumir por falta de personal cualificado: “En vez de 22 millones, podríamos estar facturando 30 o 35”
La compañía, que se dedica desde 1993 al mantenimiento de centrales hidroeléctricas, trabaja para Endesa, Enel, Naturgy, EDP, General Electric o Acciona

Varios empleados de Milsa trabajan en el mantenimiento de una central hidroeléctrica. / Cedida

Hay empresas que podrían crecer más si el mercado acompañase. Y luego están las que podrían hacerlo si encontrasen trabajadores. Esto último es el caso de Milsa, la compañía coruñesa especializada en montaje y mantenimiento de centrales hidroeléctricas y otras infraestructuras energéticas, que cerró 2025 con una facturación de 22 millones, pero que asegura que podría estar muy por encima de esa cifra si lograse incorporar más personal cualificado.
“Hoy, en vez de 22 millones, podríamos facturar 30 o 35”, resume su gerente, Jaime Páramo. La razón no está en la ausencia de contratos ni en la debilidad de la demanda, sino en la falta de personal: “Dejamos mucho trabajo por falta de plantilla porque tampoco queremos acometer trabajo sin tener a la gente muy especializada. Hay gente que incorporas y la vas formando, pero no puedes meterla directamente como especialista”.
Milsa nació en 1993 como Milsa Trillo Galicia, tras el cierre de una etapa anterior vinculada a la central nuclear de Guadalajara. “Milsa Trillo nació para trabajar en la nuclear de Trillo. Cuando acabó la nuclear, estuvimos unos años más en mantenimiento y luego cerramos aquella empresa”, explica Páramo. Fue entonces cuando decidió reorientar el negocio hacia un nicho mucho más concreto: la hidráulica.
“Nos dedicamos ya solamente a la hidráulica”, resume. Aunque de forma puntual pueden atender trabajos en otras instalaciones energéticas, su especialidad está clara: la parte electromecánica de las centrales hidroeléctricas. “Nosotros nos dedicamos al mantenimiento y montaje industrial. Es como arreglar el motor del coche, pero no construimos ni el motor ni el coche”, ilustra.

Empleados de Milsa trabajan en la extraccion del rotor de una central hidroelétrica. / Cedida
Ese alto grado de especialización les ha permitido trabajar para las grandes compañías energéticas del mercado, como Iberdrola, Endesa, Enel, Naturgy, EDP, General Electric o Acciona. También participan en proyectos internacionales, sobre todo en Portugal, Italia, Francia, Suiza o Alemania.
Uno de los hitos recientes fue su participación en el complejo hidroeléctrico de Támega, en el norte de Portugal, que impulsa Iberdrola, donde colaboraron en dos de las tres centrales que integran uno de los mayores proyectos de bombeo de Europa. “Ahí se hizo prácticamente la central de bombeo más grande del continente”, recuerda.
Precisamente, el auge de estas infraestructuras explica buena parte del crecimiento del sector. Frente a la central hidráulica clásica, las nuevas centrales de bombeo permiten almacenar energía aprovechando los momentos de menor precio eléctrico. “Es la pila más barata que tenemos para almacenar energía”, señala Páramo. Galicia también entra en ese mapa. “Aquí estamos empezando ya la del Eume”, reconoce.
La empresa comenzó con apenas cinco trabajadores y hoy ronda los 180. Hace solo dos años eran unos 140. Sin embargo, el crecimiento se ha ralentizado por un problema que comparte buena parte de la industria coruñesa y gallega: la escasez de perfiles técnicos.
“Ahora tenemos el problema de que no crecemos más porque no encontramos personal”, admite. La dificultad afecta tanto a la ingeniería como al trabajo de campo: soldadores, mecánicos, eléctricos, tuberos o montadores. “Es complicado tanto en la ingeniería como la gente que va a obra. Aparte soldadores, mecánicos, eléctricos… es complicado”, reconoce.

Montaje en el la central hidroeléctrica de Alcalá del Río en Sevilla / Cedida
La empresa ha optado por reforzar la formación interna y también por buscar trabajadores fuera de España. “Estamos trayendo personas de fuera. Ahora mismo llevamos varios meses con un proyecto para traer gente de Perú; ya tenemos seis o siete personas”, explica.
La formación es continua. “Todos los meses, cinco o seis días los dedicamos a formación”, señala. Parte se destina a nuevas incorporaciones y parte a preparar equipos para obras concretas.
Milsa mantiene su sede administrativa en Oleiros y su base técnica en León, una decisión estratégica por la distribución geográfica del negocio. “Aquí, en Galicia, estamos en la esquina de la esquina”, resume Páramo. León permite una mejor salida hacia el resto de España y donde concentra sus naves y herramientas.
Desde allí coordinan trabajos que se reparten entre las cuencas del Miño y el Sil, el Pirineo, Extremadura, Andalucía o Levante. Porque aunque la sede siga en A Coruña, buena parte de su actividad está allí donde el agua mueve turbinas y donde la transición energética exige mantener —y repotenciar— infraestructuras que llevan décadas funcionando.
El futuro, asegura Páramo, pasa por seguir creciendo, pero sin acelerar más de la cuenta. “No nos queda más remedio que ir despacio”, afirma. La prioridad no es facturar más rápido, sino hacerlo sin perder especialización.
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