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Ignacio Rivera (Estrella Galicia) y Pablo Junceda (Sabadell Gallego) reivindican una Galicia que crezca “pensando a lo grande”

El presidente de Hijos de Rivera y el director general de Sabadell Gallego defienden en un evento organizado por Cesuga un modelo empresarial con propósito, arraigo territorial y ambición para competir desde Galicia

El presidente y director general de Cesuga, Venancio Salcines; el presidente de Hijos de Rivera, Ignacio Rivera, y el director general de Sabadell Gallego, Pablo Junceda.

El presidente y director general de Cesuga, Venancio Salcines; el presidente de Hijos de Rivera, Ignacio Rivera, y el director general de Sabadell Gallego, Pablo Junceda. / Gus de la Paz

Manolo Rodríguez

Manolo Rodríguez

A Coruña

Galicia como origen, como identidad y también como estrategia empresarial. Sobre esa idea giró buena parte del diálogo celebrado en el Museo de Estrella Galicia (MEGA) entre Ignacio Rivera, presidente de Corporación Hijos de Rivera, y Pablo Junceda, director general de Sabadell Gallego, en un encuentro organizado por Cesuga bajo el título ‘Impacto positivo en las organizaciones’.

Más allá de la sostenibilidad o de los discursos sobre responsabilidad corporativa, ambos directivos defendieron una forma de entender la empresa vinculada al territorio, al largo plazo y a la necesidad de crecer sin renunciar a la esencia. Una conversación en la que también hubo espacio para la autocrítica, el humor y una reivindicación clara: Galicia necesita empresas más grandes y con mayor ambición exterior.

“Galicia es el 50% de nuestra marca. Espero que la Xunta no me cobre una franquicia por haber mantenido el nombre de Galicia”, bromeó Rivera al inicio del encuentro, en una sala en la que estaban presentes, entre otros, el conselleiro de Presidencia, Diego Calvo; el conselleiro de Facenda, Miguel Corgos; el delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco; el presidente de la Autoridad Portuaria de A Coruña, Martín Fernández Prado; el presidente de la Cámara de Comercio de A Coruña, Antonio Couceiro; los presidentes de la Confederación de Empresarios de Galicia y de A Coruña, Juan Manuel Vieites y Antonio Fontenla, respectivamente; o empresarios como Roberto Tojeiro, presidente de Gadisa o Manuel Ángel Pose, presidente Ejecutivo de Grupo Aluman.

La reflexión de fondo, sin embargo, iba más allá del guiño. Para el presidente de Hijos de Rivera, la vinculación con el territorio no es una cuestión estética, sino una decisión empresarial. Lo ejemplificó con la nueva planta de Morás, una inversión que, desde una lógica estrictamente financiera, no era las más adecuada.

Asistentes al evento en el Museo de Estrella Galicia.

Asistentes al evento en el Museo de Estrella Galicia. / Gus de la Paz

“El impacto positivo es cuidar el origen: hacer una planta en Morás y no en Sevilla. Somos tan imbéciles que la hicimos en Morás”, ironizó. Y añadió que ese impacto no depende solo de grandes decisiones, sino de toda la organización: “Es cuidar a las personas, cómo mejoras la vida de quienes están dentro; cuidar a los proveedores y, por último, cuidar del planeta”.

Junceda coincidió en esa visión y subrayó que el verdadero impacto solo existe cuando llega a las personas. “El impacto positivo es impacto cuando impacta en las personas. Dentro de la organización, si cuidas a tu gente, son mejores, mucho mejores”, afirmó.

El directivo de Sabadell Gallego también defendió que Galicia mantiene una singularidad empresarial poco habitual en España: la voluntad de crecer sin deslocalizarse. “En Galicia, al contrario que en otros lugares, las empresas han querido crecer y hacerse grandes desde aquí. Es bastante diferencial. Por eso hay que arroparlas todo lo que se pueda”, señaló.

Ese arraigo conecta, para Rivera, con una de las principales fortalezas de la empresa familiar: la capacidad de pensar a largo plazo. “La diferencia entre una empresa familiar y una que no lo es, es precisamente esa: pensar a largo plazo. La visión cambia completamente”, explicó.

Panorámica de los asistentes al evento.

Panorámica de los asistentes al evento. / Gus de la Paz

Aunque también introdujo matices. “Viviríamos mejor en una empresa que no fuese familiar, dentro de todo lo bueno que tiene una empresa familiar”, reconoció con una sonrisa. En su caso, al frente de una compañía en quinta generación, lo resumió como “una carrera de relevos”: “Un día te entregan un testigo y sabes que habrá un día en que tendrás que entregarlo a otro”.

Junceda fue más gráfico: “La empresa familiar son superhéroes”. Y aprovechó para reivindicar el papel de la banca en ese proceso. “Los bancos lo que tienen que hacer es hacer de banco. Tienen que financiar. La banca no tiene que estar metida en un despacho”, sostuvo.

Tras la opa fallida del BBVA sobre Banco Sabadell, el directivo defendió también la importancia del propósito dentro de las entidades financieras. “Si no tuviésemos un propósito, hubiésemos desaparecido hace unos meses”, dijo.

Ese propósito, explicó, también se refleja en la identidad territorial. “Soy un gran defensor de los nombres locales; por eso nos llamamos Sabadell Gallego. El nombre a veces no define nada, pero en este caso sí define”, explicó. Su modelo, insistió, no es el de “un banco de producto”, sino el de “un banco de clientes”. “La mejor forma de ayudar a la sociedad es ayudar a los empresarios”, afirmó.

Crecer sin sacrificar calidad

Rivera llevó esa idea al terreno industrial. En la planta de Agrela, explicó, producen como máximo 500 millones de litros de cerveza al año. “Si lo hiciésemos como lo hacen otras empresas, más rápido, podríamos hacer 1.200 millones. Pero no lo hacemos”. La decisión de levantar Morás responde precisamente a esa filosofía: crecer sin sacrificar identidad ni calidad.

“Las empresas sin propósito no van a llegar lejos”, advirtió. Citó incluso una máxima que resume esa visión: “O eres diferente o eres más barato”. En su caso, defendió que el objetivo no es ser la mayor compañía, sino “la más querida”.

En el tramo final del diálogo, ambos coincidieron en el principal reto pendiente: el tamaño empresarial de Galicia. “Tenemos empresas muy pequeñas y necesitamos empresas más grandes. Lo que tienen que hacer las empresas en Galicia es crecer, crecer y crecer”, reclamó Junceda, que pidió además fomentar la cultura empresarial desde la escuela y mirar más hacia Europa.

Rivera completó esa idea con una llamada a abandonar el exceso de localismo: “Me gustaría ver dentro de 50 años una Galicia no tan atomizada. Somos muy localistas. Terriblemente localistas. Hay que pensar a lo grande”. Una frase que resumió el espíritu de toda la conversación: crecer desde aquí, pero sin pensar en pequeño.

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