Inditex, el imperio fundado por Amancio Ortega, borda sus 25 años en Bolsa: de 2,94 euros a 50
La salida al mercado de la multinacional gallega cumple hoy un cuarto de siglo convertida en una de las mayores historias de creación de valor de Europa y en el gran fenómeno del mercado español

Tienda de Zara en Adelaida. / L. O.

A media mañana del 23 de mayo de 2001, una pantalla instalada en la Bolsa de Madrid confirmó que algo poco habitual acababa de ocurrir en el capitalismo español. Inditex, la compañía nacida alrededor de Zara, comenzaba a cotizar en las cuatro bolsas nacionales.
Entre los directivos presentes estaban José María Castellano, Juan Carlos Rodríguez Cebrián, Antonio Abril o Borja de la Cierva. Faltaba Amancio Ortega. El fundador evitó el foco y dejó que hablasen los números.
Y aquellos números ya eran enormes para la España empresarial de la época. La operación valoró el grupo en unos 9.000 millones de euros. Más de 141 millones de acciones salieron al mercado a 14,7 euros por título, equivalentes a 2,94 tras el split (un desdoblamiento de acciones por el que cada título antiguo se convierte en varios nuevos sin alterar el valor total de la inversión) que se realizó en 2014.
La demanda superó hasta 26 veces la oferta disponible y el estreno terminó con una subida cercana al 22%. El fenómeno Zara acababa de aterrizar en Bolsa.

Imagen de los directivos de Inditex en la bolsa de Madrid el 23 de mayo de 2001. / Sergio Barretxea
Quien aquel día hubiese invertido 1.000 euros habría comprado unas 68 acciones de entonces. El split, con cinco títulos nuevos por cada uno antiguo, transformó aquella cartera en unas 340 acciones. Con la cotización actual en los 50 euros, esa inversión inicial rondaría hoy los 17.000.
A esa cifra habría que añadir los dividendos acumulados durante estos veinticinco años, que en un cálculo aproximado elevarían el retorno total por encima de los 24.000 euros. 24 veces la inversión. Pocas historias bursátiles españolas permiten explicar de forma tan sencilla el poder del largo plazo.
La escena contrasta con la España empresarial de comienzos de siglo. Entonces, el Ibex estaba dominado por bancos, eléctricas, constructoras y telecos. La irrupción de una empresa textil gallega parecía casi una anomalía.
Más aún una compañía fundada por un empresario que durante décadas había evitado fotografías y apariciones públicas. Pero el mercado entendió rápido que detrás de aquellas tiendas había un modelo industrial distinto. Inditex no solo vendía ropa. Había construido una maquinaria logística y comercial capaz de diseñar, fabricar y distribuir prendas a una velocidad desconocida en el sector.
Porque Inditex no solo multiplicó el dinero de sus accionistas. También cambió la dimensión del mercado español. La compañía que debutó con un valor inferior a los 10.000 millones se mueve ahora alrededor de los 156.000 y llegó a superar en febrero de este año los 180.500 tras cerrar en el récord histórico de 57,92 euros por acción. La cifra resulta tan descomunal que equivale a más del doble del PIB gallego.

Los dividendos de Inditex. / L. O.
El ascenso no ha sido lineal ni ha estado libre de amenazas. La crisis financiera de 2008 puso a prueba el consumo mundial. El mercado castigó a bancos, constructoras y grandes grupos industriales, pero Inditex logró preservar una imagen casi defensiva dentro del Ibex.
Los inversores premiaban algo que la empresa llevaba décadas perfeccionando: una capacidad extraordinaria para generar caja, crecer sin endeudamiento y adaptar el negocio a los cambios de hábitos del consumidor.
Aquel modelo volvió a someterse a examen durante la pandemia. El cierre global de tiendas llevó las acciones por debajo de los 20 euros. Parecía el golpe perfecto contra una empresa basada en grandes redes comerciales físicas. Ocurrió justo lo contrario. Inditex aceleró la integración entre tienda y online, reforzó la logística y salió de la crisis con un negocio más rentable y eficiente. La Bolsa volvió a premiarla.
La evolución del dividendo ayuda a entender esa relación casi simbiótica entre el grupo y el mercado. Desde 2002, Inditex ha distribuido más de 44.000 millones entre sus accionistas. La mitad ha llegado solo en los últimos cinco años. En este periodo, el pago anual ha pasado de menos de 2.900 millones a más de 5.400. Para miles de inversores, la textil gallega dejó de ser solo una acción de crecimiento para convertirse también en una máquina de rentas periódicas.
Cambios de responsables
En este cuarto de siglo ha habido cambios en la cúspide de la multinacional. Pero el mercado también ha interpretado cada relevo interno como una demostración de estabilidad.
La salida de José María Castellano, la marcha de Amancio Ortega como presidente, la llegada de Pablo Isla o el relevo posterior con Marta Ortega y Óscar García Maceiras no han alterado la confianza inversora. Muy pocas empresas europeas han logrado atravesar cambios de semejante tamaño sin sufrir grandes terremotos bursátiles.
Entre tanto, Inditex se ha convertido en el gran termómetro del Ibex. En 2012 adelantó a Telefónica y pasó a ser la compañía más valiosa de la Bolsa española. Después superó los 100.000 millones de capitalización y consolidó un peso gigantesco dentro del índice. Su evolución empezó a condicionar jornadas completas del mercado español.
También cambió la percepción exterior de Galicia. La comunidad que durante décadas exportó emigración terminó exportando una de las mayores multinacionales textiles del planeta.
El mercado entendió antes que muchos economistas que detrás de Zara había algo más profundo que moda rápida. Había una organización capaz de vender en decenas de países, producir con enorme velocidad y generar beneficios incluso en los peores momentos económicos.
Veinticinco años después de aquella mañana de mayo, la gran pantalla de la Bolsa ya forma parte de la historia empresarial española. Lo que apareció aquel día no fue solo una nueva empresa cotizada. Fue el nacimiento de uno de los grandes gigantes bursátiles europeos.
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