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La coruñesa Casas Cube revoluciona la construcción con su "ciudad mutante": "Cada semana salen de la fábrica dos casas listas para habitar y entran otras dos”

Dentro de la nave que la compañía tiene en Carballo, se levanta una urbanización de 23 chalets unifamiliares que nunca mantiene la misma forma | Entre soldaduras, grúas y módulos gigantes, la fábrica ha convertido la construcción de viviendas prefabricadas en una cadena industrial que cambia todos los días

Panorámica de la nave de Casas Cube en Carballo con 23 chalets unifamiliares en construcción a la vez.

Panorámica de la nave de Casas Cube en Carballo con 23 chalets unifamiliares en construcción a la vez. / Gus de la Paz

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Manolo Rodríguez

Manolo Rodríguez

A Coruña

Las primeras chispas saltan a varios metros de altura. Un operario suelda la estructura metálica de una vivienda mientras, unos metros más abajo, otro mide una encimera instalada y un tercero coloca paneles de madera en una fachada que terminará frente al mar. La nave de Casas Cube, en el polígono de Bértoa, en Carballo, no se parece a una fábrica convencional. Tampoco a una obra. Se parece más a una ciudad en construcción permanente.

Hay calles entre módulos de viviendas a medio terminar, casas apoyadas provisionalmente sobre soportes metálicos antes de viajar a su parcela definitiva y carteles que funcionan como nombres de un portal: Oleiros. Cerceda. Guadalajara. Cada vivienda tiene un destino escrito sobre una placa blanca y un número de expediente que actúa como DNI.

Desde una ventana elevada se observa el conjunto completo: estructuras desnudas, casas casi terminadas, módulos esperando el camión y trabajadores moviéndose entre esta urbe cambiante de viviendas. “Yo la llamo la ciudad mutante”, dice Silvia Sánchez Añón, consejera delegada de la compañía. “Cada semana salen dos casas y entran otras dos. Siempre hay 23 en construcción dentro de la fábrica. Cada semana la visión es diferente”, asegura.

La escena cambia a pocos metros. En una vivienda aparecen montados los muebles de cocina, las mamparas y los lavabos. En otra se ven las vigas rojas de acero y las conexiones de electricidad colgando del techo.

Así es el proceso de fabricación en Casas Cube

Gus de la Paz

Más adelante, una escalera conduce a una vivienda de dos alturas que acabará instalada junto a una playa. Tendrá terraza con vistas al mar, cuatro dormitorios y porches cubiertos. “Todo se monta aquí”, resume Sánchez Añón mientras avanza entre las calles de la urbanización. “La bañera, la ducha, los armarios de la cocina y de las habitaciones, la aerotermia, la pintura... Todo”, reconoce.

La fábrica ocupa 17.000 metros cuadrados sobre una parcela de 30.000 y prepara una ampliación de otros 3.000. Dentro trabajan entre 75 y 80 empleados propios y varias decenas más de subcontratas.

El ritmo obliga a coordinar cada movimiento con precisión industrial. Los módulos deben encajar después con exactitud milimétrica sobre la parcela definitiva. “Es más parecido a fabricar un coche que construir una casa”, explica la directiva. “La construcción tradicional es pura artesanía. Aquí todo es mucho más controlable”, apunta.

En Cube apenas existe el azar una vez que la vivienda entra en producción. Los materiales están comprados, las piezas numeradas y los tiempos medidos. Las casas más vendidas, las de 100 y 150 metros cuadrados, permanecen entre dos y tres meses dentro de la nave. Después viajan en varios camiones hasta su destino final.

Viviendas de Casas Cube en Carballo

Viviendas de Casas Cube en Carballo. / Gus de la Paz

Un módulo puede contener el salón. Otro, la cocina. Otro, un garaje completo. “Este irá en un camión, ese en otro y aquella habitación en otro”, ilustra Silvia Sánchez mientras señala varias estructuras metálicas, algunas vacías y otras ya con paredes y casi terminadas, que se ensamblarán todas en el destino.

El proceso empieza mucho antes, incluso antes de hablar de paredes o fachadas. La primera pregunta que Cube hace al cliente no tiene que ver con dormitorios ni acabados. “¿Tienes parcela?”, repite la consejera delegada. La respuesta condiciona casi todo.

Una mala finca puede encarecer una vivienda hasta 150.000 euros. La inclinación del terreno, las acometidas o la orientación al sol son tan importantes como el propio diseño. “Siempre debe primar el asoleamiento y la ubicación”, sostiene. Aun así, alrededor del 85% de las viviendas que fabrica parten de modelos estandarizados que después se adaptan ligeramente.

Casas Cube nació en 2014 como una evolución natural de empresas vinculadas a la obra civil. Silvia Sánchez percibió entonces que el modelo tradicional de chalé unifamiliar empezaba a agotarse. “No tenía más recorrido hacerlo de la manera de siempre”, recuerda.

Interior de una de las viviendas.

Interior de una de las viviendas. / Gus de la Paz

El cambio cultural que más temían nunca llegó. “Pensábamos que habría rechazo a una pared que no fuese de ladrillo, pero no ocurrió”. Lo que apareció fue una demanda creciente alimentada por la desaparición del constructor local tradicional, reconoce.

La empresa ha levantado ya más de 500 viviendas en toda España y abastece desde Carballo proyectos en Galicia, Madrid, Barcelona, Asturias o Mallorca. El año pasado facturó 13 millones y obtuvo un beneficio cercano al millón.

Pero el crecimiento tiene un límite marcado por el sistema industrial de construcción. “Aquí necesitas un volumen criminal para que funcione”, admite Sánchez Añón. “Trabajamos con márgenes industriales muy pequeños y esto no puede parar nunca”, afirma. De ahí que cuando sale una vivienda terminada, inmediatamente entra otra. ¿Para sacarlas de la fábrica? “Es como un tetris”, admite con una sonrisa.

Ese equilibrio se percibe en cada rincón de la nave. Mientras un trabajador corta paneles aislantes, otro revisa las uniones duplicadas de acero que permitirán soldar dos módulos en destino.

Las casas avanzan hacia la puerta de salida como vagones de una cadena invisible. Dentro, sin embargo, parecen habitadas. Hay huecos para la lavadora y la secadora, cocinas con sus armarios y encimeras, baños listos para usar, puertas colocadas y tapadas con papel para que no se rayen, paredes pintadas y ventanales abiertos hacia otras casas en construcción. La ciudad mutante de Cube cambia cada semana, pero nunca se detiene.

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