Atlantic Air, de ser dos pilotos en A Coruña a volar por toda Europa con 16 aviones: “No vendemos lujo, vendemos tiempo”
La compañía coruñesa de aviación ejecutiva creada en 2011 facturó 29 millones el año pasado y ya cuenta con 110 empleados

Lucas Alonso, CEO del Grupo Atlantic Air, junto a uno de los jets de la aerolínea, y dos aeronaves de la escuela de pilotos al fondo, en el aeropuerto de Alvedro. / Cedida

En el imaginario colectivo, la aviación privada suele asociarse al lujo, a celebridades o a grandes fortunas. Sin embargo, Lucas Alonso, consejero delegado de Atlantic Air, intenta desmontar esa imagen desde el primer momento. “Nosotros no vendemos lujo, vendemos tiempo. Nuestros jets son herramientas de trabajo”, resume. Es una frase que ayuda a entender el modelo de negocio de una compañía nacida en A Coruña que, quince años después de sus primeros pasos, opera una flota de 16 aviones por España y Europa.
La historia de Atlantic Air comenzó en 2011 cuando dos jóvenes pilotos Lucas Alonso y Jacobo Ansede decidieron crear una empresa especializada en intermediación aérea. Su actividad inicial consistía en conectar clientes con operadores de aviación ejecutiva. “Éramos como una agencia de viajes, pero para aviación privada”, recuerda.
Aquella primera etapa permitió construir una cartera de clientes y conocer en profundidad el funcionamiento del mercado. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó cuatro años después. En 2015, la compañía consiguió “con mucho esfuerzo” incorporar su primer reactor ejecutivo en régimen de alquiler. “Ahí empezó todo. Ese fue realmente el trampolín de lo que somos hoy”, explica el directivo.
Un año más tarde llegó otro hito decisivo. Los resultados obtenidos con aquel primer avión facilitaron el acceso a financiación bancaria para adquirir una aeronave en propiedad. “Ese fue otro momento clave”, recuerda. A partir de entonces comenzó un crecimiento progresivo sustentado en la ampliación de la flota, la incorporación de personal y la creación de nuevos departamentos.

Parte del equipo del Grupo Atlantic Air en el Aeropuerto de Cuatro Vientos (Madrid). Detrás, uno de los Cessna Citation CJ2+ de la compañía. / Cedida
La empresa cuenta ahora con 110 trabajadores, de los que 70 son pilotos, frente a las cinco personas que integraban la plantilla en sus inicios. Su facturación alcanzó los 29 millones de euros el año pasado, una evolución que refleja la expansión de la compañía en un sector muy competitivo.
La aviación ejecutiva sigue siendo una gran desconocida para buena parte de la sociedad. A diferencia de las aerolíneas comerciales, los vuelos se organizan de forma personalizada y con horarios adaptados a las necesidades del cliente. Los pasajeros reducen tiempos de espera y vuelan directamente a destinos que, en ocasiones, exigirían varias escalas en la aviación convencional.
“Una vez pruebas la aviación ejecutiva es difícil volver atrás porque descubres todas las ventajas que ofrece”, sostiene Alonso. Entre sus usuarios hay empresarios, deportistas, artistas o familias, aunque el CEO insiste en que la clave no está en la exclusividad sino en la eficiencia.
La pandemia supuso un impulso inesperado para la compañía. Mientras las aerolíneas comerciales sufrían restricciones y una brusca caída de actividad, la aviación ejecutiva recuperó rápidamente sus niveles operativos. “A los dos o tres meses ya estábamos volando una auténtica barbaridad”, recuerda. La reducción del contacto con grandes grupos de pasajeros favoreció la demanda de este tipo de servicios.

Uno de los 16 jets de Atlantic Air Solutions, un Cessna Citation CJ2+. / Cedida
Otro de los pilares de crecimiento de Atlantic Air ha sido su colaboración con la Organización Nacional de Trasplantes. La compañía participa en operativos para el transporte urgente de órganos y equipos médicos, una actividad especialmente sensible por la presión temporal que implica. “Son vuelos que tienen que despegar en una hora y media como mucho”, explica Alonso. “Cada año superamos el número de operaciones”, asegura.
Entre los servicios que recuerda figura una misión realizada durante la pandemia para trasladar desde Egipto a Madrid a un paciente con cáncer. El cierre de buena parte del espacio aéreo obligó a realizar escalas técnicas en Malta para completar la operación. “Tuvimos que ir cuatro pilotos en el avión para hacer el vuelvo”, rememora.
La empresa dispone de bases en A Coruña, Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla, además de varios aviones que operan en régimen de base móvil por distintos puntos de Europa. Su modelo de aeronave, el Citation CJ2 Plus, permite cubrir prácticamente todo el continente y el norte de África.
Sede en A Coruña
Pese a esa dimensión internacional, la compañía mantiene su centro de decisión en A Coruña. “Somos coruñeses y estamos orgullosos de ser una empresa coruñesa”, afirma Alonso. Una declaración que cobra especial relevancia en un sector tradicionalmente concentrado en Madrid.
De cara al futuro, Atlantic Air prevé seguir ampliando su flota y reforzar su presencia en el mercado europeo. Sin embargo, el principal desafío no aparece en los balances ni en los planes de expansión. “El reto es no perder la esencia de compañía familiar que tenemos hoy”, reconoce el CEO.
Quince años después de aquella aventura iniciada por dos pilotos emprendedores, Atlantic Air sigue creciendo. Pero si algo ocupa a su dirección no es solo cuántos aviones tendrá dentro de una década, sino conservar la cultura empresarial que, según Alonso, explica buena parte de su éxito. “Es difícil replicar nuestra compañía y el secreto reside en el equipo”, resume.
La cantera coruñesa que forma a sus pilotos
La expansión de Atlantic Air no solo se mide en aviones o rutas. Desde hace un año, la compañía ha incorporado una pieza estratégica para garantizar su crecimiento futuro: la formación de nuevos profesionales.
La creación de Atlantic Air Academy nació tras la integración de la histórica escuela coruñesa Aeroflota do Noroeste (AFN), con casi tres décadas de trayectoria en la formación aeronáutica. El resultado es un modelo poco habitual en España: una compañía aérea que cuenta con su propia escuela de pilotos.
“No existe ni siquiera en Madrid”, destaca Lucas Alonso. Para el directivo, la operación permite conectar directamente la formación con las necesidades reales del mercado laboral en un momento en el que la demanda de pilotos sigue creciendo tanto en la aviación comercial como en la ejecutiva.

A la izquierda, una PA-28-181 Archer de Atlantic Air Academy; a la derecha, un Cessna Citation de Atlantic Air Solutions, con base en el aeropuerto de Alvedro / Cedida
Los estudios tienen una duración aproximada de entre dos y tres años y combinan formación teórica con prácticas de vuelo intensivas. La academia mantiene un límite de 40 alumnos por promoción. “No queremos crecer en cantidad, queremos crecer en calidad”, afirma Alonso.
La escuela se ha convertido además en una vía para retener talento en Galicia. Muchos aspirantes que antes se desplazaban a otras comunidades pueden ahora completar toda su formación sin abandonar la comunidad y, potencialmente, desarrollar aquí su carrera profesional.
La localización también se presenta como una ventaja competitiva. Frente a escuelas situadas en zonas con meteorología más estable, los alumnos de este centro se forman en condiciones más exigentes. “Aprenden a volar con lluvia, viento y nubes. Eso después se nota”, sostiene el CEO.
La incorporación femenina también avanza. Si hace años las mujeres eran una excepción en las promociones, hoy representan aproximadamente un tercio del alumnado.
Para Atlantic Air Academy, el objetivo no es formar exclusivamente pilotos para la compañía. Algunos alumnos aspiran a desarrollar su carrera en grandes aerolíneas y la escuela pretende acompañarlos en ese camino. “Si su sueño es entrar en Iberia, les ayudaremos a conseguirlo”, concluye Alonso.
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