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Morás Año I, la fábrica de Estrella Galicia que ya piensa en la cerveza de mañana: "Está diseñada para el futuro"

Entre acero, vapor y miles de botellas en movimiento, la planta de Hijos de Rivera en Arteixo cumple hoy un año convertida ya en la segunda cocina de la cervecera. Y, sobre todo, en la gran apuesta para crecer

Varios robots trabajan en la fábrica de Estrella Galicia en Morás.

Varios robots trabajan en la fábrica de Estrella Galicia en Morás. / Casteleiro/Roller Agencia

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Manolo Rodríguez

Manolo Rodríguez

A Coruña

La nueva fábrica de Estrella Galicia en Morás parece una ciudad industrial diseñada para la cerveza y, sobre todo, para crecer según las necesidades. La planta cumple hoy 19 de junio su primer año de actividad. Un Año I que deja ya una cifra significativa: 100 millones de litros producidos, alrededor del 20% de toda la cerveza elaborada por Hijos de Rivera, pero que apenas representa una pequeña parte del potencial para el que fue concebida.

«Esta es una fábrica diseñada para el futuro», resume Silvia Álvarez, directora de la planta. La frase la repite varias veces durante la visita. Y tiene sentido. De los cerca de 460.000 metros cuadrados del recinto, apenas 76.000 están hoy edificados. El resto espera la llegada de futuras ampliaciones.

La primera parada conduce a la sala de cocción, el lugar que Álvarez define como «la cocina» de la fábrica. Tras un cristal aparece una imagen inesperada. Grandes calderas de acero inoxidable se alinean en un espacio luminoso. Sus superficies metálicas reflejan la luz y multiplican la sensación de amplitud. El conjunto tiene algo de laboratorio y algo de sala de máquinas de un gran barco industrial.

«Aquí se produce el mosto cervecero que posteriormente se convertirá en cerveza», explica la directora. Dos líneas de cocimiento, bautizadas como Morás 1 y Morás 2, trabajan en paralelo. Entre ambas suman una capacidad potencial cercana a los 400 millones de litros anuales.

La 'cocina' de Estrella Galicia en Morás.

La 'cocina' de Estrella Galicia en Morás. / Casteleiro/Roller Agencia

Sin embargo, la sala revela también otra característica de la planta: está preparada para crecer. Los espacios reservados para futuras instalaciones permiten imaginar las dos líneas adicionales que algún día deberían llevar la producción hasta los 900 millones de litros al año.

“Esta fábrica se ha diseñado para el futuro -insiste Silvia Álvarez-, y eso quiere decir que está pensada que vamos a crecer, y que vamos a poder meter dos líneas más. Nuestra esperanza y nuestra misión es que podamos llegar a los 900 millones de litros de cerveza al año. ¿Para cuándo? ¿Quién sabe? En los próximos años”.

Aunque ese crecimiento tendrá que producirse de forma paralela en otro lugar de la fábrica. “La realidad es que en Morás, a día de hoy, no podemos envasar esos 400 millones de litros, porque nuestro cuello de botella lo marca el envasado. En esta parte todavía no tenemos los grupos suficientes como para poder envasar toda esta cerveza, pero la capacidad está”, reconoce.

El olor es tenue, pero está ahí. Un aroma dulce a cereal y mosto caliente que recuerda que detrás de toda esta tecnología siguen estando los ingredientes básicos de la cerveza. «Nos gusta decir que esto es la cocina. Cada receta tiene su mosto», señala Álvarez. «Eso es lo que nos diferencia de la competencia», destaca.

Torre de molienda en Morás.

Torre de molienda en Morás. / Casteleiro/Roller Agencia

Cerca de la sala de cocción se divisa también la torre de molienda, una estructura de 47 metros de altura que procesa el grano antes de iniciar el recorrido productivo. Ya está dimensionada para esos futuros 900 millones de litros. «Sería muy difícil crecer después hacia arriba», comenta la directora.

La visita continúa entre depósitos. Primero llegan los de fermentación (19 depósitos). Después, los de maduración (39). Son cilindros gigantescos conectados por una compleja red de conducciones que atraviesa toda la fábrica. Aquí el tiempo sigue siendo un ingrediente tan importante como la malta o el lúpulo. «El proceso de almacenamiento está entre 12 y 20 días», explica Álvarez. «Cuanto más madura una cerveza, más rica es», reconoce.

La magnitud de la instalación se mide mejor con cifras. Más de 70 kilómetros de tuberías recorren el complejo. Se han empleado unas 6.000 toneladas de acero y 25.000 metros cúbicos de hormigón. Todo ello para una planta que hoy produce alrededor de 100 millones de litros de cerveza al año, pero que aspira a multiplicar por nueve esa cifra.

La sostenibilidad aparece una y otra vez durante el recorrido. La levadura sobrante se reutiliza para alimentación. El bagazo procedente del cereal se destina a usos ganaderos. Incluso el dióxido de carbono generado durante la fermentación se recupera, se limpia y vuelve a utilizarse dentro del propio proceso productivo. «Intentamos recuperar y aprovechar todos los recursos que tenemos», resume la directora.

Zona de envasado.

Zona de envasado. / Casteleiro/Roller Agencia

Pero si la sala de cocción impresiona por su tranquilidad, el área de envasado impacta por lo contrario. Aquí domina el movimiento. Silvia Álvarez se detiene frente a las dos líneas actualmente operativas. Son los grupos 10 y 11, una numeración que también cuenta una parte de la historia de la compañía.

Los nueve anteriores permanecen en la histórica fábrica de Agrela. En Morás, por ahora, solo funcionan estas dos líneas dedicadas a envases no retornables de 20, 25 y 33 centilitros. “Esta planta está diseñada para poder tener hasta 14 grupos”, asegura.

Miles de botellas avanzan sin descanso por cintas transportadoras que serpentean entre máquinas, sensores y brazos robóticos. El ruido es constante. El sonido de los motores, el traqueteo del vidrio y el zumbido de los equipos crean una banda sonora industrial ininterrumpida.

«Son los grupos más veloces de la compañía», explica la directora. Cada una de las dos líneas puede procesar hasta 72.000 botellas por hora. Juntas convierten el envasado en un espectáculo de precisión mecánica. Los robots recogen cajas, forman palés y preparan expediciones con movimientos exactos y repetitivos.

Proceso de envasados de botellas en la fábrica de Estrella Galicia en Morás.

Proceso de envasados de botellas en la fábrica de Estrella Galicia en Morás. / Casteleiro/Roller Agencia

Pero lo más llamativo no son las dos líneas que funcionan hoy, sino el espacio reservado para las que todavía no existen. Morás ha sido diseñada para albergar hasta 14 grupos de envasado. Es decir, 12 más de los que están ahora en marcha. La imagen se repite a lo largo de toda la visita: una fábrica que parece grande, pero que en realidad está pensada para ser mucho más grande.

Los operarios son pocos en comparación con la maquinaria. Apenas se ven trabajadores. «El proceso es muy automático. Los operadores están controlando pantallas. Es un trabajo muy técnico», explica Álvarez. Actualmente unas 170 personas trabajan en las instalaciones.

Desde la plataforma elevada, se ve una zona repleta de palés perfectamente alineados. Es el final visible de un proceso que comenzó varias horas antes entre grano molido, vapor y mosto caliente.

Doce meses después de su puesta en marcha, Morás sigue pareciendo más el comienzo de una historia que una obra terminada. Este Año I ha servido para poner a prueba la maquinaria, consolidar los procesos y empezar a asumir una parte creciente de la producción de la compañía.

Los siguientes capítulos estarán marcados por las ampliaciones previstas y por un objetivo que hoy todavía parece lejano, pero para el que todo está preparado: alcanzar los 900 millones de litros anuales y convertir la parcela de Arteixo en una de las grandes fábricas cerveceras de Europa.

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