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La caída del coloso del carbón que transformó As Pontes

El derribo de las cuatro torres de la térmica pone fin a medio siglo de historia industrial en un municipio que creció al calor de la central y la explotación del lignito

La planta de As Pontes llegó a ser la mayor de carbón de España, llegó a producir el 5% de la electricidad consumida en todo el país, y sostuvo durante décadas miles de empleos

Demolición de las cuatro torres de la central térmica de As Pontes

Europa Press

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A Coruña

Bastaron 14 minutos para borrar una de las estampas industriales más reconocibles de Galicia. Algo más de 400 kilos de explosivos derribaron este jueves las cuatro torres de refrigeración de la antigua central térmica de Endesa en As Pontes. La demolición de las estructuras, de 99 metros de altura y 11.000 toneladas —primero dos y luego las restantes—, pone fin a medio siglo de historia energética y simboliza el cierre definitivo de la era del carbón en una comarca cuya economía, empleo y crecimiento demográfico estuvieron ligados a la central y a la mina de lignito.

El gran acontecimiento marcado en la agenda este 30 de julio fue seguido por vecinos y curiosos llegados de toda la comarca. No podían faltar las cámaras de fotos para inmortalizar un día histórico: el adiós a las cuatro torres de hormigón armado, de 84 metros de diámetro en la base y 57 metros en la coronación.

Ahora, la enorme chimenea de Endesa, de 356,5 metros de elevación y la más alta de Europa cuando se levantó hace medio siglo, resiste y la Xunta tramita su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), una categoría de protección jurídica otorgada a bienes que son valiosos y singulares.

La historia energética de As Pontes,sin embargo, había comenzado mucho antes de que se levantaran las cuatro torres de la térmica. En los años cuarenta, la Empresa Nacional Calvo Sotelo —Encaso— inició la explotación industrial de los lignitos en la que llegó a ser la mayor mina a cielo abierto de España. Aquel primer complejo incluyó una central térmica que, desde finales de los años cincuenta, suministró energía a una fábrica de fertilizantes. La gran transformación llegó en los años setenta, con la construcción de una nueva central térmica formada por cuatro grupos de generación.

El complejo alcanzó una potencia de 1.468 megavatios, se convirtió en la mayor central de carbón del país y llegó a producir alrededor del 5% de la electricidad consumida en España. En sus momentos de mayor actividad, unas 3.000 personas trabajaban directa o indirectamente en la central y en la mina, entre empleados de las instalaciones, empresas auxiliares, transportistas y proveedores.

Expansión industrial

La expansión industrial transformó también el municipio. La población creció cerca de un 40% entre 1970 y 1981 y As Pontes llegó a superar los 13.000 habitantes —ahora son casi 10.000—, con familias procedentes de distintos puntos de España atraídas por las oportunidades laborales.

La primera gran ruptura se produjo el 31 de diciembre de 2007, con el cierre de la mina. En 2008 comenzó la rehabilitación y el llenado del hueco, de más de 300 metros de profundidad, que fue convertido en el actual lago de As Pontes. Para entonces, la térmica ya llevaba años funcionando también con carbón importado desde el puerto de Ferrol.

La presión de las normas ambientales europeas y el encarecimiento de las emisiones condujeron a Endesa a solicitar el cierre en 2019. La crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania concedió una última prórroga a la planta, pero la central apagó definitivamente sus fuegos el 4 de octubre de 2023.

Desmantelamiento

Las primeras actuaciones del desmantelamiento comenzaron en octubre de 2024 y está previsto que el proceso concluya en 2029. Endesa sostiene que más de la mitad de los trabajadores empleados hasta ahora en estas tareas procede del entorno, aunque la dimensión laboral está muy lejos de la alcanzada durante los años de esplendor.

La caída de las torres, después de la demolición del parque de carbones, constituye un paso decisivo para liberar unos 550.000 metros cuadrados de suelo industrial. El objetivo es destinar ese espacio a proyectos de energías limpias y reindustrialización verde, en pleno debate sobre el futuro económico del municipio.

La desaparición de las torres borra la seña de identidad visual de todo un pueblo y de toda una comarca. Para los vecinos, mirar al horizonte desde este jueves 30 de julio de 2026 significará enfrentarse a un vacío físico que refleja la vertiginosa velocidad del cambio de época.

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