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Altia acelera su expansión con cinco compras por más de 60 millones para duplicar su tamaño

La tecnológica coruñesa ha incorporado casi media docena empresas desde 2022 | En este tiempo ha ampliado su facturación de 130 a 315 millones y ha triplicado su beneficio

Constantino Fernández, fundador y máximo accionista de Altia.

Constantino Fernández, fundador y máximo accionista de Altia. / Altia

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Manolo Rodríguez

Manolo Rodríguez

A Coruña

Entre 2022 y 2026, Altia ha ejecutado la mayor ofensiva empresarial en sus tres décadas de historia. En apenas seis años, la tecnológica fundada en A Coruña ha cerrado cinco compras con las que ha reforzado su presencia en distintos puntos de España, ha ampliado su cartera de clientes y ha acelerado un crecimiento que ya se refleja con claridad en sus cuentas.

La compañía se ha gastado más de 60 millones de euros en estas operaciones, una estrategia que le ha permitido complementar su expansión orgánica y consolidarse como uno de los grandes grupos tecnológicos independientes del país. La inversión puede elevarse hasta casi los 73 si las empresas integradas alcanzan los objetivos de facturación y rentabilidad fijados en los acuerdos, que prevén desembolsos adicionales.

La transformación del grupo queda reflejada en la evolución de sus cifras. En 2020, Altia facturó 129,9 millones y obtuvo un beneficio neto de 6,2. Cinco ejercicios después, los ingresos alcanzaron los 315,3 millones y las ganancias superaron los 21 millones.

La facturación se ha incrementado un 143% y el beneficio se ha multiplicado por más de tres, una evolución que responde tanto al incremento de la actividad propia como a una política de crecimiento inorgánico que ha ganado intensidad desde 2022.

De izquierda a derecha: Dolores Suárez (directora de M&A y participadas de Altia); Francisco Bao (socio de Ednon); Constantino Fernández (presidente de Altia), y Manuel Gómez-Reino (secretario del consejo de administración de Altia).

De izquierda a derecha: Dolores Suárez (directora de M&A y participadas de Altia); Francisco Bao (socio de Ednon); Constantino Fernández (presidente de Altia), y Manuel Gómez-Reino (secretario del consejo de administración de Altia). / Altia

La primera gran operación llegó ese año con la integración de Bilbomática, una de las mayores consultoras tecnológicas del País Vasco. Altia desembolsó 24 millones por una empresa que en ese momento facturaba 36,4.

Aquella operación supuso un punto de inflexión por su tamaño y permitió al grupo reforzar especialmente su presencia en las administraciones públicas y en grandes proyectos de transformación digital.

Ese mismo ejercicio incorporó también Wairbut, consultora madrileña especializada en servicios tecnológicos para grandes compañías, con una facturación cercana a los 7,4 millones y por la que pagó 5,4. Con ambas operaciones, Altia daba un salto tanto en volumen como en implantación geográfica.

La estrategia no se detuvo ahí. En 2024 anunció la incorporación de IN2, firma barcelonesa especializada en desarrollo de software y soluciones de código abierto. La empresa generaba alrededor de 7,5 millones de ingresos y la operación se estructuró con un pago inicial de 4 millones más un variable de hasta 3,5 ligado al cumplimiento de objetivos.

En el centro, Constantino Fernández, presidente de Altia, y Rafael Paulet, presidente de IN2.

En el centro, Constantino Fernández, presidente de Altia, y Rafael Paulet, presidente de IN2. / Cedida

Un año después llegó la incorporación del negocio de Datos e Inteligencia Artificial de Verne Information Technology y de Verne Academy por 4,1 millones. La unidad sumaba unos ingresos próximos a los 7,7 millones y reforzaba una de las áreas con mayor proyección dentro del mercado tecnológico: la analítica avanzada y la inteligencia artificial.

La ofensiva continuó hace menos de dos semanas con Ednon, consultora compostelana con fuerte implantación en sectores como la sanidad, la justicia o la administración autonómica. Altia acordó pagar 9,8 millones, con un incentivo adicional que podría elevar el desembolso hasta los 12,6. El año pasado, Ednon facturó 18,2 millones.

En conjunto, las compañías incorporadas han aportado una cifra de negocio superior a los 77 millones cuando se integraron en el grupo. Equivale aproximadamente a una cuarta parte de la facturación que Altia registró en 2025. Sin embargo, su gran evolución no puede explicarse solo por las operaciones corporativas.

Incluso descontando el negocio incorporado mediante estas integraciones, la empresa ha seguido aumentando su actividad de forma sostenida, señal de que la integración de estas compañías ha ido acompañada de un crecimiento orgánico continuado.

De izqda. a dcha., Constantino Fernández, presidente de Altia; Gianni Cecchin, CEO de Verne; Fidel Carrasco, director de M&A de Altia, y Ciro Vestita, deputy CEO de Verne.

De izqda. a dcha., Constantino Fernández, presidente de Altia; Gianni Cecchin, CEO de Verne; Fidel Carrasco, director de M&A de Altia, y Ciro Vestita, deputy CEO de Verne. / Cedida

La política de compras también refleja una evolución en la estrategia de la tecnológica coruñesa. Si Bilbomática respondió a un objetivo claro de ganar tamaño, las operaciones posteriores muestran una apuesta por incorporar capacidades concretas en ámbitos como la inteligencia artificial, el desarrollo de software, la administración electrónica o la consultoría especializada.

Más que sumar volumen, Altia ha buscado reforzar áreas de alto valor añadido y ampliar su presencia en nuevos mercados sin renunciar a mantener A Coruña como centro de decisión del grupo.

Las cinco piezas del puzle Altia

Las adquisiciones realizadas por Altia durante los últimos años responden a una estrategia con un hilo conductor claro: crecer en tamaño sin perder especialización. Cada operación ha aportado una capacidad distinta al grupo y ha ampliado su presencia en nuevos territorios y sectores de actividad.

Bilbomática constituyó el gran salto cuantitativo. Con ella, la compañía coruñesa reforzó su posición en grandes contratos de las administraciones públicas y ganó dimensión nacional. Wairbut permitió consolidar la presencia en Madrid y fortalecer su relación con grandes clientes corporativos.

El presidente de Altia, Constantino Fernández (2i) junto a los directivos de Wairbut Federico Muñoz (1i), Gerardo Cañibano (2d), y Pedro Calero (1d).

El presidente de Altia, Constantino Fernández (2i) junto a los directivos de Wairbut Federico Muñoz (1i), Gerardo Cañibano (2d), y Pedro Calero (1d). / Cedida

La compra de IN2 abrió la puerta al mercado catalán y añadió experiencia en desarrollo de software de código abierto y transformación digital. Después, el negocio de Datos e Inteligencia Artificial de Verne incorporó capacidades en uno de los segmentos con mayor crecimiento del sector tecnológico.

La última operación, Ednon, aporta una posición consolidada en Galicia y una amplia experiencia en proyectos vinculados a la sanidad, la justicia y la administración pública.

Con este conjunto de adquisiciones, Altia ha tejido una red empresarial que va mucho más allá de A Coruña. El grupo ha construido una organización con presencia en los principales polos tecnológicos españoles y ha combinado crecimiento propio con una política de compras selectiva que ha marcado su evolución durante el último lustro.

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