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La concentración del tejido productivo

Cada vez menos negocios pequeños y un bum laboral en las grandes compañías: así es la transformación silenciosa del mapa empresarial de Galicia

Las de más de 500 trabajadores ampliaron su plantilla en 9.300 personas en un año, frente a la pérdida de 2.000 puestos en las más pequeñas

El Sepe identifica la tendencia, especialmente en industria y servicios

Operario trabajando en un astillero en Galicia.

Operario trabajando en un astillero en Galicia. / Gustavo Santos

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Julio Pérez

Vigo

«El tejido empresarial constituye la columna vertebral de la economía de cualquier país: de él depende en gran medida la productividad, el crecimiento económico y, en última instancia, nuestro bienestar colectivo», explican Beatriz González y Eduardo Gutiérrez, dos de los analistas del Banco de España en una reciente publicación del supervisor sobre la importancia del tamaño. Ganarlo es «un reto estructural». Las empresas en todo el país tienen, de media, menos empleados que en el resto de Europa «y crecen más lentamente». El epicentro de las micropymes está en Galicia, donde los negocios por debajo de los 10 empleados suponen el 43% del total, el mayor porcentaje del Estado. «Estas características lastran nuestro crecimiento económico —remarcan los expertos—. Aunque en la última década las empresas españolas están ganando escala, el reto de incrementar su tamaño sigue vigente».

También las empresas gallegas están ganando músculo. Una tendencia que viene de largo y que se nota especialmente en esta etapa pospandemia. La comunidad tenía 85.400 centros de cotización —el concepto fiscal y laboral que identifica un lugar de trabajo específico de una empresa para todos los trámites de contratación y el pago de nóminas— al cierre de 2025. A lo largo del pasado ejercicio se perdieron 546. Las afiliaciones, en cambio, crecieron por encima del 2%, con 16.804 nuevos asalariados, según los balances del Servicio Público de Empleo Estatal (Sepe) sobre la trayectoria del mercado de trabajo en las cuatro provincias gallegas.

Las empresas más pequeñas protagonizan el agujero. Galicia cerró 2025 con 1.038 centros de cotización menos entre los que tienen de 1 a 5 trabajadores, hasta los 61.627. En todos los demás tramos, en cambio, aumentaron: hubo 370 más entre los de 6 a 25 empleados (17.903); 98 entre los de 26 a 50 (2.690); uno entre los de 51 a 100 (1.224); 17 entre los de 101 a 500 (858), y seis entre los que superan el medio millar (127). Son apenas el 0,15% de los centros activos en el Régimen General, pero acapararon más de la mitad de todo el empleo asalariado creado en Galicia durante 2025: 9.338 de las 16.804 nuevas afiliaciones. Ya reúnen el 20% de todos los puestos de trabajo asalariado de la comunidad.

Evolución de los afiliados al Régimen General de la Seguridad Social y centros de cotización en Galicia

Evolución de los afiliados al Régimen General de la Seguridad Social y centros de cotización en Galicia / Hugo Barreiro

Esa misma concentración se extiende al crecimiento del empleo. Las empresas de 101 a 500 trabajadores incorporaron 2.200 cotizantes y alcanzaron los 166.254, mientras que las de más de 500 sumaron esos 9.338 nuevos afiliados. También aumentó la ocupación en los tramos intermedios: 3.457 trabajadores más en las compañías de 26 a 50 empleados y 3.723 en las de 6 a 25, que siguen siendo las que más personal reúnen, con casi 197.000 personas. En el extremo contrario, las empresas de 1 a 5 trabajadores perdieron 2.001 ocupados, hasta los 129.226. La conclusión es clara: disminuye el número de pequeños empleadores mientras el bum del empleo se desplaza hacia compañías de mayor dimensión.

La metamorfosis del tejido productivo regional salta todavía más a la vista con el retrovisor enfocado a 2020. Muchos pequeños negocios no sobrevivieron a la pandemia y el relevo generacional no compensó esa parte perdida. Desde entonces, los centros de cotización de menor tamaño en Galicia descendieron cerca del 6% (-3.716), frente a las intensas subidas del resto, especialmente en los grandes: 16,7% (123 más) en los de 101 a 500 trabajadores y 28,3% (28) en los de más de 500.

Hasta el Plan Estratéxico de Galicia con horizonte 2030 marca como prioridad el crecimiento del tamaño de las empresas en la comunidad para no perder el tren de la digitalización, la industria 4.0 y el «encaje en las cadenas de valor internacionales», evitando que la economía regional «quede desfasada». «Una empresa más competitiva, innovadora e internacional, que gane tamaño dentro del mundo de las pymes, lo que le permitirá innovar y contar con músculo financiero para emprender nuevos retos», receta la Xunta.

Por provincias

«En general, se constata una mejor evolución en el número de afiliados frente a la evolución de los centros de contratación, lo que puede ser debido a una mayor concentración empresarial», identifica el Sepe. En el caso de la provincia de Pontevedra, desde 2016 se perdieron 491 empresas empleadoras en agricultura y pesca y 3.025 en servicios. El único sector que elevó el número fue la construcción (103), «aunque en menor medida que el aumento de afiliados», con lo que también en el ladrillo se nota ese fenómeno. Es la industria la que encabeza la caída: -15%, en contraste con el alza del 14% en el volumen de trabajadores.

A Coruña arroja una fotografía muy similar. «En términos generales, se comprueba que la tendencia, en casi todos los sectores económicos, es un incremento en la evolución de las afiliaciones frente a un decrecimiento en los centros de cotización en estos últimos 10 años», indica el Sepe. Las empresas industriales menguaron el 15% y el 10% en servicios. ¿Cuál es la excepción? Agricultura y pesca, donde bajan los dos parámetros: casi un 20% los trabajadores de alta y el 10% los centros de trabajo.

Ourense se caracteriza por un avance «moderado» de la afiliación y números rojos en los centros de cotización en la última década: -16,7% en servicios, -21,3% en industria y -7,5% en construcción. «Esta reducción generalizada del tejido empresarial, que convive con el crecimiento de la afiliación en servicios e industria, apunta a una concentración progresiva del empleo en un número menor de empresas de mayor tamaño», resume igualmente el Sepe. El recorte de centros de cotización en Lugo supera el 15% en industria y servicios, ronda el 10% en construcción y el 8% en el sector primario.

Escudo en pandemia

La pandemia del coronavirus evidenció cómo un mismo shock económico, abrupto y sin precedentes, puede impactar de forma desigual en cada territorio. Galicia lo sufrió muchísimo. El producto interior bruto (PIB) autonómico se desplomó un 8,4%, aunque muy por debajo de otras comunidades por la menor dependencia del turismo extranjero, el relevante peso de la industria agroalimentaria y el inesperado buen comportamiento de la automoción. Pero tampoco aquí, dentro de la comunidad, el zarpazo del parón de la actividad fue uniforme entre las empresas. Las más pequeñas se llevaron la peor parte.

En un análisis sobre las consecuencias de la crisis sanitaria publicado por Ardán y elaborado a partir de las encuestas de la Zona Franca de Vigo entre las compañías gallegas para evaluar su situación, el economista Santiago Lago demostró que el tamaño influyó en «el grado de afectación por las restricciones provocadas por el COVID-19». El 45% de los negocios con menos de 10 trabajadores recurrieron a un expediente de regulación temporal de empleo (ERTE), mientras que en las que superaban los 250 efectivos en plantilla lo hizo el 33%. En el primer caso, algo más de la mitad pidió liquidez al Instituto de Crédito Oficial (ICO) o al Instituto Galego de Promoción Económica (Igape). Entre las más grandes, solicitó ayuda el 38%. Un tercio de las de mayor dimensión admitió un golpe severo en su día a día. En las pequeñas, el 42%. Hay una brecha importante en la caída de las ventas: el 58% en las de menor tamaño y el 43% en las grandes.

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Fuente: Faro de Vigo

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