Llorar es una reacción natural de todo ser humano y hacerlo delante de los hijos no nos convierte en peores padres y madres. Es más, expresar nuestras emociones tanto negativas como positivas con nuestros hijos e hijas es beneficioso para la salud emocional de la familia.

Muchas veces la vergüenza nos abruma y preferimos escondernos para no llorar delante de ellos. Sin embargo, esto es un signo de represión de las emociones motivado por nuestra falta de educación emocional. Creemos que podemos regular nuestras emociones de forma natural, que no necesitamos herramientas para gestionarlas y que por eso, no hace falta enseñar a nuestros hijos a entender y controlar sus propias emociones.

Pero esta posición es la equivocada. Como señala la psicóloga Begoña Ibarrola, “la alfabetización emocional es una asignatura pendiente”, tanto en nosotros adultos como en los niños y niñas que estamos criando.

El proceso para aprender a gestionarlas comienza legitimando nuestras emociones. Permitiéndonos llorar delante de nuestros hijos al igual que en otros momentos nos reímos con ellos.

5 motivos por los que es beneficioso llorar delante de tus hijos

Si no estás seguro de expresar la emoción de tristeza con tus hijos, estas razones pueden hacerte cambiar tu punto de vista.

Ocultando nuestras emociones no conseguimos nada

Cuando nos guardamos las emociones para nosotros lo único que conseguimos es reprimirlas. Necesitamos expresar nuestras emociones. Negarlas solo va a conseguir que en un futuro se acumulen y exploten y no sepamos cómo controlar nuestra reacción. No podemos ocultar nuestro estado anímico a nuestros hijos, pues nos observan todo el rato y saben si nos encontramos bien o mal.

Mejora nuestro bienestar emocional y el de nuestros hijos

Llorar es la conducta que escogemos para expresar el estado emocional de la tristeza. Las lágrimas nos ayudan a expresar aquello que no podemos hacer con palabras y nos van liberando de la sensación triste que nos asfixia. Llorar es necesario para tener bienestar en la vida.

Priorizamos nuestro bienestar cuando legitimamos y expresamos todas las emociones. Además, estamos contribuyendo al bienestar de nuestro hijo y al buen ambiente familiar. Como dice la fundadora de Relájate y Educa, Amaya de Miguel, “si tú te cuidas, las cosas en casa van a ir mucho mejor. Si tú estas bien, ese grupo va a estar muchísimo mejor”.

Influimos en su educación emocional

La maestra y psicopedagoga Mar Romera cuenta que la expresión de nuestras emociones va a servir a nuestros hijos de ejemplo para que ellos expresen las suyas. "La educación emocional no se basa en discursos, sino en los comportamientos emocionales recurrentes vividos en el seno de la familia, es decir, lo que tú haces como mamá cuando tú te enfadas, la intensidad con la que te enfadas, lo que haces cuando tú lloras, cómo lloras”.

Conocer nuestras emociones y expresarlas con ellos nos convierte en sus modelos de gestión emocional.

Se dan cuenta de que llorar no es malo

Se suele asociar la expresión de la tristeza con algo que se debe evitar. Llorar es visto como un signo de debilidad, ya que si se reprime esta emoción, demostramos fortaleza.

Pero esto está muy lejos de la realidad. Los padres y madres somos los líderes que dirigen y guían el camino de nuestros hijos. Creen en lo que les decimos y en lo que observan. Por eso, si nos ven llorar, van a ver que las lágrimas son una expresión normal en todas las personas, sin distinción de género ni de edad.

Práctica de la empatía

Los padres y madres no somos perfectos, no siempre estamos bien. Llorar delante de ellos les permite ser empáticos, entender que todos tenemos altibajos, que necesitamos un tiempo para volver a nuestro estado emocional habitual. La felicidad no se basa en la alegría, sino en un equilibrio de todas las emociones.