El 20 de agosto de 2008 se movilizaron más de 2.700 personas -bomberos, sanitarios, guardias civiles, policías, psicólogos y forenses- para atender a los heridos en el accidente aéreo registrado en el aeropuerto de Barajas, apoyar a los allegados de los 154 fallecidos y para la identificación de éstos.

Sobre las 14.25 horas de aquel día los servicios de emergencia recibieron el aviso y se activó el procedimiento de atención a numerosas víctimas.

La doctora Isabel Casado, jefa del departamento de Capacitación y Calidad de Samur-Protección Civil, ha explicado a Efe que se iba a casa cuanto entró el aviso y tuvo que movilizar a todo el personal necesario, con el hándicap de que un tercio de la plantilla estaba de vacaciones, pero la ventaja de que localizó a muchas personas que estaban librando o de vacaciones.

Por su parte, el director del Instituto Anatómico Forense de Madrid, Eduardo Andreu, estaba de vacaciones cuando le comunicaron el accidente, cogió un tren hacia Madrid y se puso al mando del proceso de autopsias e identificaciones de los fallecidos, para el que se estableció un protocolo similar al del 11-M.

Ambos coinciden en que un profesional no se acostumbra a estas grandes tragedias y no es fácil intervenir, por lo que es muy importante tener un protocolo de actuación claro, y en el caso del accidente de Barajas se contaba con "la ventaja" de la experiencia de los atentados de marzo de 2004.

Isabel Casado ha explicado a Efe que para el Samur el trabajo realizado en Barajas supuso "un éxito de movilización" (180 profesionales y 364 voluntarios) y ha relatado que los primeros facultativos que llegaron al lugar vieron "llamas y restos del avión" y "a algunos heridos andando", de los 20 supervivientes.

La doctora ha explicado que "fue especialmente duro saber que había víctimas nuestras", en referencia a la pareja integrada por una médico y un conductor del Samur que viajaban en el avión, y que resultaron heridos, y sobre todo "la colaboración, mano con mano, en la movilización de cadáveres".

Ha precisado que tras los atentados del 11-M se había hecho "un análisis de las cosas que había que mejorar y también de lo que había funcionado bien", lo que también se repitió tras el accidente de Spanair.

La experiencia de los atentados en los trenes sirvió sobre todo para abordar la segunda etapa del suceso, la de atención a los familiares de la víctimas, a los que se reunió en el hotel Auditorium, donde permanecieron apoyados por psicólogos que les acompañaron a identificar a los fallecidos.

"Los familiares tuvieron un seguimiento muy estrecho desde el primer momento. Nos esmeramos en que tuvieran un acompañamiento continuo, y creo que conseguimos mimarles hasta el último extremo", ha añadido la doctora.

El director del Instituto Anatómico Forense de Madrid, Eduardo Andreu, coordinó al equipo de 50 forenses de Madrid y de otras provincias, que, acompañados por auxiliares y voluntarios, hicieron la autopsia a los 154 cadáveres y los identificaron, junto a la Guardia Civil.

"No te acostumbras a una tragedia así, cada una tiene su particularidad, una por ser la primera vez, otra porque ves familias enteras fallecidas", ha explicado a Efe.

"Cuando estás trabajando te aislas un poco de la vertiente humana, porque sería imposible trabajar bien, pero una vez que acaba el trabajo no te acostumbras nunca, porque todos somos parte de familias, y cuando uno echa la vista atrás te afecta", añade.

Sobre el trabajo que los forenses realizaron entre el 20 y el 29 de agosto, cuando se identificaron los últimos cuerpos, ha afirmado que fue "excelente, sin un error" y ha sostenido que "la experiencia es el mejor instrumento", en referencia al 11-M.

Andreu ha recordado que identificaron 50 cadáveres en las horas siguientes al accidente mediante necro-reseña (comprobación de la huella dactilar) pero al resto tuvieron que hacerles pruebas de ADN, porque estaban carbonizados.

"La prioridad siempre es, como lo fue en el 11-M, porque todos somos conscientes de lo que pasan las familias, identificar lo más rápidamente posible, pero sin errores", ha precisado.

Ha explicado que "desde el punto de vista técnico era el peor escenario de todos", ya que muchos fallecidos eran de la misma familia.

Adreu ha explicado que en el caso del accidente de Barajas se trabajó mejor que en los atentados del 11-M, ya que en éstos "hubo una mayor confusión porque era la primera vez y no existía un protocolo", aunque la identificación de los cadáveres fue más fácil porque no estaban carbonizados.