La doble derrota electoral del PSOE en solo seis meses ha colocado a todos sus líderes en una situación de debilidad y provisionalidad tal que hará prácticamente imposible que los aparatos, a cualquier nivel, controlen el congreso federal del que deberá salir el nuevo líder.

Según dirigentes, cuadros y parlamentarios consultados, al hecho de que el voto de los delegados es secreto, se suma el malestar que los territorios arrastran desde las autonómicas y locales. Por eso, los líderes regionales se esfuerzan por guardar el equilibrio y no dar pistas sobre sus preferencias para la sucesión.

Es más, los apoyos que recibió Rubalcaba inmediatamente después del 20-N se fueron moderando a medida que pasaban los días y ahora todos se limitan a esperar, expectantes, a que llegue el momento en que desvelen sus cartas tanto el exvicepresidente como Carme Chacón o alguno más.

La situación la resumía el alcalde de Toledo, Emiliano García-Page: "Hoy nadie reconoce jefes".

Los barones tienen un ojo puesto en Ferraz y otro en sus territorios, donde afloran los conflictos: en Andalucía las agrupaciones de Jaén y Almería están en manos de gestoras; en Castilla y León sucede lo mismo en las provincias de Zamora y León; otro tanto pasa en la ciudad de Alicante y en la de Cáceres. En Murcia se pide la dimisión del líder regional, y en Galicia y Valencia algunos ya buscan el relevo.

Chacón va a pescar entre los descontentos y ya está recibiendo apoyo de "referentes", aunque sin cargo. Los dirigentes están a la espera de las candidaturas y algunos se impacientan porque Rubalcaba y Chacón se vigilan en vez de dar el paso. Eso será después del debate de investidura de Rajoy.