19 de septiembre de 2012
19.09.2012

Escudero con fidelidad a prueba de bombas

Espiado e investigado por un ático, vio cómo Rato le arrebató el sillón de Caja Madrid

19.09.2012 | 02:00

Ignacio González dejó el lunes el segundo plano en el que siempre permaneció, en el papel de escudero de Esperanza Aguirre, para ser presidente en funciones de Madrid, el cargo más relevante de la administración autonómica y la recompensa a una fidelidad política incondicional de 20 años. González nunca expresó públicamente discrepancia alguna con Aguirre; es el único miembro del Ejecutivo regional que estuvo con ella las tres legislaturas y en ese tiempo fue su mano derecha, la persona que nunca la dejó sola en las dificultades.

Esa fidelidad se ve ahora compensada por la decisión de la presidenta de dejar su puesto a este político que pasa así al primer plano, siempre acompañando a Aguirre, desde que en 1984 accedió por oposición a una plaza del Ayuntamiento de Madrid como funcionario del Cuerpo Superior Técnico y coincidió allí con la que ha sido su jefa.

Han transcurrido desde entonces casi tres décadas en las que González se ha visto obligado a sortear todo tipo de inconvenientes, guerras y batallas internas y externas, avalado por la convicción de que Aguirre le respaldaba en sus decisiones y que siempre contaría con ella.

Mariano Rajoy recuperó al nuevo presidente en funciones de Madrid en el último Congreso de Sevilla para el Comité Ejecutivo Nacional del partido, una vez redimido de las críticas recibidas cuatro años antes en el de Valencia. Aunque González no es ni mucho menos hombre de su confianza.

Vicepresidente del Gobierno regional, presidente del Canal de Isabel II, consejero de Cultura y Deportes, vicepresidente de Ifema, portavoz del Ejecutivo regional, presidente del Consejo de Asuntos Taurinos, por Ignacio González han pasado todas las decisiones que en nueve años ha tomado Aguirre. Incluso las que tomó antes de que le nombrase secretario general del PP de Madrid, dejando patente una vez más la confianza plena de la expresidenta y, por el contrario, la desconfianza en su antecesor en el puesto, Francisco Granados, con quien el nuevo presidente siempre mantuvo notorias diferencias.

A sus 52 años, Ignacio González es un hombre que pudiera parecer reservado pero que en el fondo es un gran bromista; raramente pierde la sonrisa, es amigo de sus amigos, amante de los toros, dibujante ocasional, campechano, pero serio y firme cuando se enoja o se siente espiado o traicionado.

Ha sido el político que acumuló más cargos en el Gobierno regional y de mayor envergadura y además estuvo a poco de convertirse en hombre fuerte de la banca, de no haber sido porque Rodrigo Rato (al que acabaría dando su apoyo) le arrebató la presidencia de Caja Madrid, puesto al que optó avalado, de nuevo, por Aguirre.

Los que más le conocen dicen que González es capaz de hacer "cien cosas a la vez y concentrarse en todas". No en vano, por él pasa toda la coordinación del Gobierno y el Partido, además de las relaciones con la Asamblea de Madrid y el grupo parlamentario popular.

Ahora debe enfrentarse al peor momento económico de la Comunidad y ejecutar los importantes recortes que deja el legado de Aguirre, desafío por el que seguramente no se dejará amedrentar un hombre que ha soportado espionajes y seguimientos de dudosa procedencia para arrebatarle la confianza ciega que le profesa su jefa. Ninguna de estas presiones, incluida la investigación sobre la procedencia del apartamento que alquila en Estepona, han conseguido evitar que ahora Aguirre haya premiado a González con su asiento en la Puerta del Sol, ocupando la presidencia regional.

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