César Molinas (Barcelona, 1950), matemático y economista, lleva con orgullo haber sido pionero en crear un cierto movimiento social de sectores profesionales favorable a una regeneración democrática con su libro Qué hacer con España, una severa crítica a los partidos instalados en el confort bipartidista que dormían la siesta mientras se fraguaba sin pausa el fenómeno Podemos, cuya famosa "casta" considera hija de sus "elites extractivas" que vienen de Daron Acemoglu y James A. Robinson, autores de Por qué fracasan los países. Un año después de la publicación de su libro, Molinas cree que el peligro de abandonar el euro ya ha pasado, en gran parte gracias a unas reformas forzadas por el mercado, sigue demonizando "decimonónicos" a unos sindicatos que junto a la patronal malgastan las ayudas a la formación y está convencido de que los catalanes tienen una cultura del trabajo inexistente en otras regiones del país. Su principal caballo de batalla, entre otros muchos, es la educación vinculada al capital humano, pues advierte que si seguimos perdiendo el tiempo con reformas inútiles cada vez que cambia el ministro no nos quedara otra que servir de camareros a quienes disfrutan del sol en nuestras playas.

-¿Qué ha quedado del gran impacto causado por su libro Qué hacer con España

-Creo que fui pionero en crear cierto movimiento social de capas profesionales a favor de la necesidad de una regeneración democrática. Contribuí a abrir el debate sobre un cambio en las instituciones, sobre todo, en los partidos políticos. En la cultura popular, ese libro sirvió para asentar un poso que después evolucionó hacia eso que llama Podemos las castas. La famosa casta de Podemos es hija directa de mis élites extractivas.

-¿Cómo interpreta el éxito del fenómeno Podemos?

-Podemos no será nunca un partido de Gobierno, pero es un revulsivo muy interesante. A un país le va bien cuando tiene una juventud contestataria y eso es lo que representa Podemos. La última generación joven que fue contestataria fue la mía y dos generaciones después ha surgido la de Podemos.

-¿Le convence el programa de Podemos?

-El programa de Pablo Iglesias es una carta a los Reyes Magos con una inspiración bolivariana que no se entiende. El boliviarismo en España es no reconocer que el dinero que se gasta tiene que venir de alguna parte.

-¿Por qué se decidió usted a dar semejante aldabonazo a la sociedad española con Qué hacer con España

-Lo que traté de hacer fue sistematizar las ideas que han rondado por mi cabeza durante muchos años. Quería analizar por qué hemos llegado a la situación actual y proponer en la tercera parte del libro un conjunto de medidas para tratar de que el futuro de los españoles sea mejor.

-¿Qué le enseñaron las reacciones que suscitó ese libro al denunciar nuestros problemas como nación?

-Ha habido muy pocas reacciones desde el mundo político. Rubalcaba prometió llevar algunas de las propuestas al congreso del PSOE, pero todo quedó un tanto diluido. Algunas de las propuestas de ese libro y del manifiesto que firmé con otros compañeros han sido incluidas por el PSOE actual, sobre todo en lo que se refiere a una necesidad de democratización interna de los partidos.

-Así que no le afectaron las críticas que recibió, ¿verdad?

-La mayor parte de las personas que criticaron mi libro no lo habían leído. Hubo reacciones corporativas de universitarios, politólogos y sociólogos. La reacción gremial es muy frecuente en España.

-Al menos ya se habrán olvidado de usted, ¿no?

-¡Qué va! Las críticas no paran. El caso es que todos coinciden en que hace falta una regeneración democrática, pero me gustaría saber cuántos estarían dispuestos a hacerlo.

-¿Qué espera del nuevo rey Felipe VI?

-La Constitución española da al Rey muy poco poder, pero sí que le concede la facultad del arbitraje y la mediación. Esas competencias le pillaron al padre ya mayor y tocado por el desgaste. Felipe VI hará lo que pueda pero creo que es la persona de cualquier institución del Estado en Madrid que más contacto tiene con Cataluña.

-¿Propone usted que el Rey medie en la crisis entre España y Cataluña?

-Puede tener un papel importante a la hora de desbloquear la situación actual, pero no nos pasemos a la hora de poner expectativas. La monarquía es la única institución del Estado que piensa a largo plazo y eso es bueno para compensar la vorágine de los ciclos electorales del resto de instituciones o de una hipotética República. Además, la Monarquía es la única institución que no está politizada.

-¿Podrá mantener el PSOE su apoyo a la monarquía ante la pujanza de Podemos y de otros grupos de izquierda republicana?

-Sí. El debate ahora no debe de ser Monarquía o República porque ese debate requiere formas serenas y aguas calmadas que ahora no tenemos.

-¿Ve muy tocado al bipartidismo?

-Sí y sobre todo por la crisis que el PSOE sufre en toda Europa. Los socialistas tienen problemas al preguntarse si se puede ser de izquierdas en el siglo XXI con planteamientos del siglo XIX.

-¿Se puede ser socialista en el siglo XXI?

-Yo lo soy porque creo que la sociedad debe redistribuir más allá de la igualdad de oportunidades. Una sociedad rica como la española tiene que garantizar la protección social. Tenemos que dejarnos de sindicalismos decimonónicos y afrontar las crisis de forma diferente a como las hemos afrontado.

-¿Cómo?

-No se puede condenar a las personas a la muerte civil a través de subsidios. Hay que aplicar sistemas de recuperación del capital humano mediante la formación. Le aseguro que eso se puede hacer porque hay dinero, lo malo es que se malgasta.

-¿No ve usted tocada entonces a la derecha?

-Es que la derecha española es muy sui generis. No es conservadora, ni liberal, ni democristiana. La derecha española tiene el mérito, que se le debe a Fraga y a Aznar, de haber incorporado sin traumas al sistema el franquismo sociológico. No veo a la derecha en crisis.

-¿Se ha disculpado usted con Rajoy por haber sido capaz de evitar el rescate de España por la UE que todos daban por inevitable?

-Mire, puede De Guindos decir que fue un préstamo, pero lo cierto es que fue un rescate al sistema financiero porque vino acompañado de unas condiciones. Y bendito rescate porque las únicas reformas que se han abordado en serio en España son las impuestas por el mercado: el sistema financiero, el mercado de trabajo y las pensiones.

-¿Sigue pensando que nos están preparando para salir de euro?

-Ahora no, pero el mérito fue del euro. En contra de lo que se dice, la integración europea ha avanzado a pasos agigantados. Europa se ha construido siempre a golpe de crisis y ahora es mucho más fuerte. Una crisis del euro, de momento, está aparcada.

-Claro que usted apostaba por la intervención de España para que de una vez se hagan las reformas estructurales que solo tímidamente se están aplicando, ¿no?

-Se han hecho reformas. La de las pensiones es definitiva y de una crueldad tremenda porque no se hizo cuando se tenía que hacer y es hace más de 20 años. También se ha hecho la reforma laboral y quiero felicitar a la ministra Fátima Báñez que ha sido capaz de hacer estas dos reformas sin una revolución.

-¿Por qué considera usted que es tan bajo nuestro capital humano?

-Por varias razones. La burbuja inmobiliaria sacó a los jóvenes de las escuelas para que ganasen dinero con el ladrillo y poniendo copas. El índice de fracaso escolar en España es vergonzoso porque tenemos un sistema educativo poco funcional y después está la calidad de profesorado afectada por una baja moral y por una gestión nefasta.

-¿Cómo ha sido acogida su propuesta de de crear un Plan Marshall

-Nadie dice que no pero nadie dice tampoco que sí. El problema es que una educación de calidad no es una demanda social en España. A los políticos no les reporta votos.

-¿Hace falta una gran política de Estado en la que los grandes partidos tengan intereses coincidentes?

-En Educación, sí. No puede ser que en 35 años de Democracia se apruebe ahora la séptima ley de Educación. Que exista un Gobierno y una oposición es vital en Democracia, pero es destructivo que uno deshaga lo que ha hecho el otro y eso es lo que pasa en nuestro sistema educativo.

-¿Cuántas reformas han hecho en Yale, una universidad que usted conoce bien?

-Prácticamente ninguna en los últimos 300 años.

-¿No es más importante cómo enseñar y cómo aprender que lo que se enseña?

-Todo es importante, pero en el siglo XXI no se puede enseñar como en el siglo XX. Antes se daban las clases en la escuela y se hacían los deberes en casa. Ahora sería mejor hacerlo al revés a través de internet. Los cambios educativos necesarios no son tanto de contenidos como de métodos.

-Con esa deficiente formación, ¿estamos los países del sur de Europa condenados a bajar precios y salarios para ser competitivos?

-Si no mejoramos la educación y el capital humano no nos queda otra y nos veremos condenados a servir el gin tonic al que venga a nuestras playas.

-¡Por lo menos el sector turístico tira algo de la economía!, ¿verdad?

-España tiene que aspirar a convertirse en la Florida de Europa para que los jubilados del Norte se instalen aquí. Hay que impulsar un turismo sanitario y de cuidados de ancianos que deja mucho dinero.

-¿Cree usted que desde Cataluña hay una mayor sensibilidad que desde el resto de España hacia la imperiosa necesidad de invertir en I+ D+i y en emprendimiento?

-No lo veo así. Lo que sí existe en Cataluña es una cultura del trabajo que no existe en otras partes de España. Ya decía Paul Lafargue en El derecho a la pereza que para el español, el trabajo es la peor de las servidumbres.

-¿Por qué no se intenta desde Barcelona liderar una regeneración de España para contrarrestar el creciente peso de Madrid que usted califica de "capital total" en vez de embarcarse en operaciones secesionistas?

-No lo sé y le aseguro que todos mis esfuerzos los dedico a tratar de reorientar toda esa energía secesionista. Los catalanes siempre tratamos de llevar nuestra cultura del trabajo a otras partes de España. Esa energía catalana está ahora mal orientada y debería de invertirse en un esfuerzo para que toda España tenga un proyecto de futuro mejor.

-Dígame, señor Molinas, ¿tan nocivo es el supuesto tráfico de influencias del Palco del Bernabéu?

-Es el capitalismo castizo y poco innovador que vive del BOE. Lo que tiene que hacer el capitalismo es competir y no repartirse los contratos en un palco.

-¿Cómo se puede acabar con el predominio de las elites extractivas de nuestro país?

-Dejando que dejen de ser extractivas. El político tiene que ceñirse a hacer política con una apuesta clara por la transparencia en las contrataciones y acabando con las redes clientelares que se han tejido desde hace años.

-Y esos 300.000 puestos de libre designación de los políticos, ¿de dónde los saco usted?

-Es el conjunto de personas que forman parte de esas redes clientelares. En España hay 21.000 organismos públicos trufados de nombramientos a dedo.

-¿Trabajan los jueces españoles, señor Molinas?

-Ya me gustaría saberlo. En países normales, la gente ficha al entrar y salir de sus trabajos. Aquí no lo hace el juez, ni el secretario del juzgado, ni nadie. No sé qué atentado es a la independencia judicial el que se les obligue a fichar. Ellos dicen que trabajan en casa, pero ¡vaya usted a saber!

-¿Cómo recibieron sus duras críticas en los juzgados de España?

-La verdad es que no hubo reacciones de jueces. El problema de la justicia en España es complejo porque tenemos el mismo número de jueces que en Francia pero aquí el atasco de los juzgados es mayor.

-¿Por qué?

-Aquí hay mayor litigiosidad y más de 100.000 leyes que a veces se contradicen unas con otras. Poner una denuncia es más barato que en Francia y con tal maremágnum de leyes siempre existe una oportunidad de ganar. La ciudad del mundo con más abogados es Nueva York, seguida de Madrid.

-El supuesto fraude de sindicatos y patronales a costa de los cursos de formación es una de sus grandes preocupaciones. ¿Cómo se puede combatir?

-Quitándoles el dinero a unos y otros. Los sindicatos no tienen nada que hacer en esa gestión y la patronal tiene que poner a las empresas a formar a los trabajadores. El dinero tiene que estar controlado por el Estado porque no podemos fiarnos de unos ni de otros. Lo de los sindicatos y los cursos de formación era un secreto a voces como el del 3 por ciento de Cataluña.

-Junto a momentos para olvidar, en nuestra historia reciente hemos protagonizado una Transición que el mundo ha considerado ejemplar. ¿Qué hemos de hacer para intentarlo de nuevo?

-Los retos pasan ahora por abordar la organización territorial a través de una reinterpretación de la Constitución que devuelva los conceptos de nacionalidades y regiones. Hay gente a la que le quita el sueño esa diferenciación porque se ven como comunidades históricas ya hay que escucharles. Los otros retos pasan por mejorar la Educción y el Empleo. No nos damos cuenta del cambio tecnológico tan acelerado que estamos viviendo y hay que adaptarse a las nuevas necesidades del mercado laboral.

-¿Tiene también encaje en ese gran pacto por España un futuro de Cataluña con el papel de locomotora de nuestro país?

-¿Necesitamos una locomotora en España? Posiblemente no. Yo veo que hay una iniciativa empresarial ahora en España que no había visto antes. El tejido empresarial de Cataluña es muy valioso, pero también lo es en otras partes del país.

-¿Cómo va a digerir el independentismo el engaño de su padre, Jordi Pujol?

-Me remito a lo dicho por Oriol Junqueras: 'Ni la corrupción tapará el independentismo, ni el independentismo tapará la corrupción'. La confesión de Pujol, que me sorprendió bastante, afectará a CiU y puede que beneficie algo a ERC.

-¿Qué le parece que más de la mitad de los catalanes rechace ir a las urnas si el Constitucional tumba la consulta?

-No hay libertad sin legalidad, pero creo que en Cataluña hay un sentimiento muy mayoritario a favor de que se haga esa consulta. Si no aceptamos esa realidad, la situación se deteriorará aún más. No basta con negar que existe un problema para que el problema desaparezca.