31 de octubre de 2016
31.10.2016
El día después de la investidura Los retos del nuevo Gobierno

Choque de realidades

Rajoy tendrá que lidiar con un Congreso que puede obligarle a retirar proyectos, pero un Gobierno en minoría tiene a su alcance la potestad de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones

31.10.2016 | 00:39
La presidenta del Congreso, Ana Pastor, y Felipe VI, despachando en Palacio de la Zarzuela.

Mariano Rajoy ha prometido "convertir una situación compleja en una oportunidad". Es decir, sacar adelante un programa de gobierno con la mayoría del Congreso en contra: los 170 escaños que reúnen PP, Ciudadanos y Coalición Canaria (CC), frente a los 180 que suman el resto de las formaciones. En su discurso del sábado, antes de ser investido jefe del Ejecutivo, ofreció "diálogo, sí, todo", pero también puso límites, los que "impone la realidad". Y dijo en qué áreas no permitirá imposiciones: la defensa de la soberanía nacional ante la amenaza de quiebra en Cataluña, el cumplimiento de los compromisos con la UE y la estabilidad presupuestaria.

La mayoría en contra con la que Rajoy tendrá que lidiar en el Congreso puede obligarle a retirar proyecto tras proyecto, pero un Gobierno en minoría siempre tiene a su alcance un arma disuasoria: la potestad de disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones. Y tras un bloqueo institucional de diez meses y dos citas con las urnas, el PSOE, sumido en una crisis tan profunda que amenaza fractura y sin candidato a la vista, se lo pensará dos veces antes de forzar las cosas hasta el punto de que sea imprescindible ir a otros comicios.

El portavoz socialista, Antonio Hernando, se ha esforzado mucho para que la dolorosa abstención del sábado fuera considerada una excepción y una prueba del sentido de Estado de su partido, pero quizá no esté tan lejano el día en que el PSOE, del que depende la gobernabilidad, deba repetir la operación, y esta vez no por España, sino por su propia supervivencia.

Rajoy ha sabido jugar muy bien con la amenaza de terceras elecciones, sobre todo después de la defenestración de Pedro Sánchez, y la ocasión de poner fecha a unos nuevos comicios -por ejemplo, si el PP no consigue aprobar los Presupuestos que quiere- no está tan lejana. A partir del 3 de mayo, Rajoy puede disolver las Cámaras y llamar de nuevo a las urnas, lo que obligaría a los socialistas a convocar a toda prisa congreso para elegir ejecutiva y secretario general y primarias para escoger candidato, cuando lo que se desea es lo contrario: retrasar el cónclave para así diluir los efectos de la "campaña de reconstrucción" del partido lanzada el mismo sábado por Sánchez, y que una candidatura del ídolo caído no tenga visos de éxito.

De esta forma, lo que se avecina esta legislatura es un choque de realidades. Por un lado, la realidad que, según Rajoy, impone límites a la negociación; por el otro, la realidad de un Congreso en el que el PP está en minoría y en manos de un partido, el PSOE, al que la abstención del sábado le ha costado sangre sudor y lágrimas.

Sin apoyos de los socialistas, por activa o por pasiva, será imposible que la legislatura avance. Y la primera prueba de fuego será la tramitación de los presupuestos, uno de los tres asuntos en los que el presidente del Gobierno está decidido a no ignorar "las limitaciones que la realidad nos impone", como repitió, a preguntas de los periodistas, minutos después de obtener la confianza de la Cámara baja.

Las cuentas generales de 2017 no estarán listas para el próximo 1 de enero, pero, de conseguir la aprobación del Parlamento (en el Senado, recuérdese, el PP tiene mayoría absoluta), el Gobierno podría contar con ellas para el primer trimestre del nuevo año. La Comisión Europea las espera desde hace meses. Además, sobre España pende la amenaza de congelación de los fondos estructurales, si el nuevo Ejecutivo no cumple con los objetivos de déficit que el país se ha comprometido a alcanzar.

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