30 de octubre de 2017
30.10.2017
La secesión catalana Las consecuencias

Escenarios hasta el 21-D

30.10.2017 | 02:05

No será domingo, algo inusual electoralmente, pero casi pudo serlo porque el 20 de diciembre, en el que tan tentado estuvo Puigdemont a convocar elecciones, se celebra la festividad de un Domingo, el santo de Silos. Pero nos iremos al día siguiente; un jueves que tampoco está mal en el santoral, ya que se rememora al jesuita germano Pedro Canisio, conocido como "martillo de herejes", siete siglos antes de que Menéndez Pelayo atribuyera a España ese dudoso mérito. Quizá los más piadosos se encomienden a su poder milagroso para que, el resultado electoral de ese día en Cataluña no sea un calco de los anteriores comicios y, en consecuencia, el Parlamento autonómico deje de ser la institucionalización del desprecio al Estado de Derecho.

Pero ése, todos sabemos que es un escenario más que posible. La comparativa de los resultados electorales habidos en Cataluña en las últimas décadas, evidencia que los bloques aunque con menos radicalidad en sus posturas, admiten pocos flujos o traspasos de votos. Si a ello añadimos el victimismo, magistralmente espoleado por los secesionistas, por la respuesta policial del 1 de octubre y por la afrenta que Gobierno y 214 senadores, nada menos, infligieron el viernes pasado a la nación naciente en forma de república, podríamos esperar una movilización sin precedentes para acudir, de verdad, a los colegios electorales. También es cierto que los no independentistas catalanes, en las últimas semanas, han exhibido músculo, saliendo multitudinariamente a la calle, lo que era insólito hasta ahora. Habrá que ver cuántos son, realmente, en términos de censo y dónde estaban, si es que son muchos más de los que venían votando. Quisiera no ser escéptico y pensar que se quedaban en casa ante la ambigüedad del PSC o los casos de corrupción del PP; aunque me temo que no sea exactamente así. Pero, si la gravedad indiscutible de la situación, vuelta dilema ante las urnas, hace a esta masa de la abstención -muy alta en Cataluña- salir de debajo de las piedras o de las sábanas y blandir la papeleta electoral, bienvenida sea y arrepentidos los quiere Dios.

Mientras tanto, en estos menos de dos meses hasta las vísperas navideñas, debemos imaginar otros escenarios, no siempre idílicos ni pacíficos, que ya se van configurando desde el momento en que, a mi juicio con sumo acierto, se minimizó el tremendo efecto interpretativo del artículo 155 de la Constitución -nada menos que disolver Parlamento y Gobierno, lo que, expresamente, no se dice en ninguna parte-, a base de convocar urgentemente unas elecciones anticipadas. Mérito fue, sin duda, del diálogo -el real y efectivo- entre el Gobierno y el PSOE y Ciudadanos que siempre apostaron por no demorar unas nuevas votaciones.

La primera hipótesis, que desearía descartar, contemplaría un revolcón del Tribunal Constitucional a las medidas adoptadas por el Ejecutivo y la Cámara Alta. Sería un verdadero desastre, por más que haya serias dudas de la elasticidad del precepto constitucional aplicado. Posiblemente la "razón de estado", la colisión de bienes jurídicos protegidos y el abrumador apoyo de los partidos mayoritarios, lleve al alto Tribunal a entender que lo aprobado, ciertamente efímero, no excede las "medidas necesarias" a las que se refiere el texto constitucional. Quizá en otra situación menos dramática (por ejemplo una Comunidad que se apropiara de un río suprarregional), si el Estado destituyera a Asamblea y Ejecutivo autonómicos, el Tribunal Constitucional no comulgara con tamaña rueda de molino.

Superado, espero, el rubicón jurisdiccional, queda por ver el grado de efectividad o acatamiento de lo aprobado por el Gobierno del señor Rajoy. Ayer, andaba el cesado presidente Puigdemont, como si no hubiera pasado nada, cumpliendo con su agenda popular y entonando el no nos moverán. Algunos consejeros, ídem del lienzo. Diversamente, otros cargos fulminados, como el mayor de los Mossos y su superior jerárquico, se despidieron de los subordinados con un punto, hasta el momento, de elegancia. ¿Puede haber un gobierno y una cámara legislativa en la sombra? Bueno, a la sombra pueden estar algunos de sus integrantes en pocas fechas; el delito que se les imputa es de una extraordinaria gravedad y la instrucción penal es el siguiente capítulo de esta tragicomedia que llevamos, no sólo los catalanes, soportando desde hace ya demasiado tiempo. Pero reitero la pregunta: en 2017, ¿cabrían unas instituciones en el exilio exterior o en el interior, reuniéndose en edificios no oficiales o controlados o a través de videoconferencia? Sinceramente, creo que, aunque esto se vaya a intentar, tiene un recorrido muy corto y desmoralizador. No veo al señor Junqueras dirigiendo una inexistente Economía catalana desde Siberia o Caracas. Máxime, si quiere acudir a los comicios del 21 de diciembre a los que, estoy convencido, no faltará nadie que tenga -aún- medio dedo de frente; máxime, si como es el caso del aludido, puede convertirse en presidente de la Generalitat.

¿Y la movilización ciudadana, ya anunciada y alentada desde las organizaciones separatistas no gubernamentales, aunque receptoras de subvenciones? Habrá jaleo, naturalmente. Y no poco. Se ha adoctrinado a muchos estudiantes hasta el extremo de dejar de ver que, expulsados de Europa, no hay ni Erasmus, ni espacio común para sus titulaciones, ni becas ni trabajo allende los Pirineos. Ahí es donde el Estado, que ya controla a la policía autonómica, deberá ser extremadamente prudente y astuto. Pero en el momento en que ya sea público que, salvo cuatro exaltados, habrá una concurrencia generalizada de candidaturas el 21 de diciembre, ¿quién se va a mover? ¿Quién va a asumir descuentos en la nómina? Es cierto que gobernar desde Madrid (apenas hay Administración periférica del Estado), es complicado y doña Soraya va a tener que multiplicarse y rodearse de personas casi ubicuas. Pero tampoco hay que dejar de ser moderadamente optimistas dada la brevedad del plazo de intervención.

Quedarían los Ayuntamientos aliados de la insurrección. En 1934, hubo, igualmente, medidas frente a ellos. Pues también deben guardarse las espaldas esteladas porque, ahí, no hay duda, Gobierno y Senado tienen habilitación legal expresa para disolverlos y montar una Gestora, como ocurrió en Marbella. Una "aturada" en sus obligaciones, les pondría, además, en muy mala situación frente a los vecinos, exigentes de los servicios municipales obligatorios. ¿O van a dejar de recoger basuras, suministrar el agua o enterrar a los muertos? Muerto, pensaba que estaba el estilo cuartelero de los juramentos de lealtad. Pero viendo a la representante del municipalismo insurrecto, en la escalera del Parlament, pedir, en tono marcial, adhesión inquebrantable a la nueva república, a los alcaldes allí convocados, pensé que habíamos vuelto a la Dictadura. O a las historietas de la mili de aquel genial catalán apodado Ivà.

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