11 de diciembre de 2017
11.12.2017

El camino expedito de Marta Rovira

La 'número dos' de ERC, sin causas judiciales pendientes y bendecida por Junqueras, tiene todos los números para presidir la Generalitat

11.12.2017 | 01:15
Marta Rovira.

De todos los candidatos independentistas que pueden optar a la Presidencia de la Generalitat después del 21-D, Marta Rovira (Vic, 1977) es la única que tiene el camino expedito. No está investigada ni encarcelada, ni ha huido de la justicia. Y lo más importante: Oriol Junqueras, el santón de Estremera, ya la ha bendecido para ocupar el cargo. Es verdad que ella sigue siendo fiel a sus mayores: al líder de ERC y también a Puigdemont. Y a éste quizá demasiado: el miércoles no le importó exhibirse en Bruselas junto al expresident, pese a que ese día oficiaba el primer gran mitin de Junts per Catalunya.

Rovira no está llevando la voz cantante en la campaña; al menos no en la parte de la campaña en la que ERC debe esforzarse por distinguir su proyecto del que promueve la "lista del president", que amenaza la victoria republicana que vaticinaban las encuestas desde hace meses. Pero su presencia en el mitin-manifestación de Bruselas hizo correr ríos de tinta, y los recién excarcelados Carles Mundó y Raül Romeva, consejeros de Esquerra en el Govern, se apresuraron a abrir fuego contra Puigdemont y su plan de ser restituido en el poder (bien que con todo su gabinete). Se trata del único servicio a la causa del procés que a su juicio pueden prestar las elecciones del próximo día 21: ilegales, impuestas (un producto del "fascismo", si creemos a Romeva), pero también una oportunidad de consolidación que no puede desdeñarse.

Lo que no está nada claro que ocurra. Los sondeos dan como poco probable un resultado que permita a los soberanistas revalidar una neta mayoría absoluta (si acaso, la sacarían justita: 68 escaños), y mientras ha ido visibilizándose el enfrentamiento que mantenían dentro del Govern destituido ERC y el PDeCAT; sobre todo, después de que Puigdemont, por medio de su ahora jefa de campaña, Elsa Artadi, hallara "pruebas" incontestables de que el equipo de Junqueras no tenía a punto las estructuras de estado para materializar la independencia (algo que él ya debía suponerse). Pero después, también, de que el expresident se convenciera y le convencieran de que debía convocar elecciones para evitar la aplicación del 155, y Junqueras y Rovira (al parecer a lágrima viva), así como algunos tuits en los que se le tildaba de traidor, le hicieran dar marcha atrás.

Con esta acusada tendencia al llanto, a la indignación fácil y a las acusaciones sin pruebas, la presidenciable de ERC ha resistido al frente del ala más irredenta de su partido, y mientras la otra gran matriarca del procés, Carme Forcadell, acataba todo lo acatable para no pasar una segunda noche en prisión, y por todas partes se hacía autocrítica ("no estábamos preparados") y se renegaba de la declaración de independencia, Rovira se inventó la excusa perfecta para justificar tanta abjuración: un plan para masacrar a la rebelde Cataluña que el Gobierno de Rajoy había ya ultimado, con "muertos en las calles, sangre" y "uso de balas y no de pelotas de goma". Ni una prueba, como en los tuits de Trump, y sí mucha emotividad; la misma que goteaba de la carta que el santón dirigió a los catalanes desde su celda de Estremera para avalarla como candidata. "Todos tenemos que estar a su lado", pedía. Y rogaba: "No la dejemos nunca sola".

Él (y Dios) sabrán por qué.

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