21 de diciembre de 2017
21.12.2017
21-D: decisiva jornada electoral en Cataluña

Los catalanes examinan el 'procés' y el 155

Más de 5,5 millones de electores votan hoy en unas autonómicas atípicas, con candidatos presos o huidos, participación masiva y una polarización que puede derivar en bloqueo político

21.12.2017 | 01:20
Un operario municipal coloca papeletas en una cabina electoral en el Ayuntamiento de Barcelona.

Las elecciones de hoy en Cataluña, convocadas al amparo del artículo 155 de la Constitución, son las primeras que se celebran en día laborable desde las generales de 1982. Laborable fue también la jornada de reflexión de ayer; laborable y atípica, con los electores trabajando, no pensándose el voto delante del televisor, y los candidatos disfrutando de un día de asueto. Pero sólo teórico, porque algunos, caso de los exconsejeros Josep Rull y Jordi Turull, integrantes de la lista de Junts per Catalunya (JxC), y Carles Mundó (ERC) aprovecharon el día para visitar a los compañeros todavía presos, Joaquim Forn y Oriol Junqueras, y a los expresidentes de la Asamblea Nacional Catalana, Jordi Sànchez, y Òmnium Cultural, Jordi Cuixart. Aunque lo más atípico de la jornada fue el triple acto electoral organizado por la CUP fuera de la comunidad (para no infringir la ley) y, de paso, reivindicar los Països Catalans: Sueca (Valencia), Mallorca y Perpiñán (Francia) fueron las plazas elegidas.

Así que de una u otra forma, los independentistas siguieron ayer en la brecha para dar fe de la anomalía (para otros, atipicidad) de unas elecciones autonómicas convocadas por el Gobierno central, con políticos en prisión o huidos de la justicia que están imputados por rebelión y sedición, con las instituciones catalanas intervenidas por el Estado y con un territorio polarizado al máximo cuyos más de 5,5 millones de electores, según avanzan los sondeos, piensan acudir masivamente a votar.

Las tres fuerzas soberanistas compiten en las urnas sabiendo que tienen muy difícil ganar con autoridad (en votos y en escaños), dado el fuerte impulso adquirido por C's y el PSC, y que hay serio riesgo de que no sumen mayoría absoluta (68 diputados). Pero, sobre todo, saben que el Gobierno de Rajoy y los partidos que respaldaron la aplicación del 155 (PSOE y C's) le han perdido el miedo al precepto constitucional, nunca activado antes en cuarenta años de democracia.

El grado de acatamiento de las medidas tomadas por el Ejecutivo el pasado 27 de octubre, con todos los funcionarios, incluidos los Mossos d'Esquadra, plegándose sin rechistar las órdenes de Madrid, no deja a los secesionistas terreno para emprender otra aventura rupturista como la que empezó los días 6 y 7 de septiembre, con la aprobación de las leyes de desconexión, prosiguió con la celebración del referéndum ilegal del 1-O y culminó con la declaración unilateral de independencia (DUI) del 27-O.

Prueba de ello es que la palabra independencia ha desaparecido de los discursos, y ERC y la CUP han centrado sus mensajes en la materialización de "la república", quizá para no reconocer que el Estado independiente que habían prometido murió pocas horas después de la aprobación de la DUI en el Parlament. (Según Marta Rovira, la número dos de Esquerra y "presidenciable" si Junqueras continuara encarcelado, porque el Estado amenazó con "muertos en la calle".)

Por su parte, Carles Puigdemont ha convertido las elecciones en poco menos que un combate singular entre él y Rajoy, en el que lo único que está en juego es su restitución al frente del Govern. De hecho, ha supeditado su regreso a España (e inmediata detención) a una victoria de JxC o, si ERC se lleva el gato al agua (y sería la primera vez desde la II República), a que Esquerra acepte hacerle president, lo que parece harto improbable, visto el reproche que esta misma semana le lanzó Junqueras por "esconderse" en Bruselas mientras él sigue en prisión y asume las consecuencias de lo que hizo.

La pugna interna entre ERC y JxC podría conducir a un entendimiento después del 21-D en el caso de que, juntas y con ayuda de la CUP, las tres fuerzas reunieran 68 escaños o más; en caso contrario, y ganando los de Junqueras, ERC intentará buscar apoyos en "los comunes" de Xavier Domènech y (quién sabe) quizá en el PSC de Miquel Iceta, aunque, para ello, tendría que renunciar a la independencia.

Y Esquerra aún podría desgastar más a Puigdemont si, como parece, el resultado de las elecciones de hoy hace imposible la investidura de un president y es necesario ir a otros comicios: entre una cita y otra es probable que Junqueras saliera de la cárcel de Estremera, pero que la candidatura ad hoc de Puigdemont se desinflaría es seguro.

Al otro lado del espectro de voto, los números que vaticinan las encuestas tampoco dan para formar un Govern "constitucionalista". Y si dieran, la más que probable victoria de C's sobre las otras dos formaciones del bloque, PSC y PPC, lo impediría, pues Iceta ya ha adelantado que para evitar la investidura de un independentista tanto como la repetición de los comicios, sólo hay una opción: que él salga elegido con sus propios votos y reciba, además, los de Ciudadanos, PPC y "los comunes".

Domènech, que tiene la llave de la gobernabilidad (aunque los sondeos le auguran una cosecha más que discreta), no le haría ascos a la opción Iceta (de hecho, le ha tendido la mano). Pero, para reeditar el tripartito de los tiempos de Pasqual Maragall y José Montilla, se necesita el concurso de ERC y su retorno al juego político dentro de los márgenes de la Constitución.

Lo que sí es seguro es que C's será quien rentabilice la aplicación del artículo 55, en detrimento del PP: a fin de cuentas fue la primera fuerza que apostó con claridad por activarlo. Algunos sondeos le sitúan incluso por delante de ERC, lo que da idea de la fractura política que vive Cataluña (con dos partidos en las antípodas repartiéndose los primeros puestos en las encuestas) y augura una legislatura autonómica que, o queda nonata, o será muy compleja.

De no verse con claridad una salida para normalizar la vida política en Cataluña, el procés y su fruto de desafección pueden acabar cronificando un problema y lastrando a todo un país.

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