22 de diciembre de 2017
22.12.2017

Ocurrió lo peor

22.12.2017 | 02:05
Ocurrió lo peor

Todas las incógnitas en torno a las elecciones catalanas se reducían a una: saber si el soberanismo obtendría o no de nuevo la mayoría absoluta. Ahora ya lo sabemos, la tiene y además con el peor reparto posible, el que permite a Puigdemont liderar el bloque que quiebra de forma definitiva el marco político de los cuarenta años de la democracia. Para el secesionismo, los comicios de ayer eran ilegítimos hasta que los ganaron. Las urnas auténticas consiguen que coincida del empeño del expresidente fugado a Bruselas en reponer a su Govern, depuesto por la aplicación del artículo 155, con la posibilidad de hacerlo. Lo que significa que el Ejecutivo que llevó a Cataluña a la declaración de la república y abrió la puerta a la intervención de su autogobierno puede volver a la Generalitat con todas las bendiciones democráticas. La cuestión catalana tiene desde ayer una magnitud mucho mayor que antes del desembarco gubernamental, pese a que pudiera parecer que nada peor podía ocurrir ya. Y no hay solución visible porque la amenaza de activar el 155 de la Constitución, a la que el PP recurrió a la desesperada en los últimos días de sus desastrosa campaña, pierde fuerza desde el momento en que ya se materializó una vez.

Puigdemont volverá para ser investido y su sola presencia supondrá ya todo un desafío: estamos ante un huido de la justicia cuya primera visita al retornar al país se supone que será la cárcel. Su insistencia en una exoneración por la vía de las urnas, de fácil arraigo en el terreno argumental del fundamentalismo democrático, hace difícil que la justicia pueda llegar hasta las últimas consecuencias sin activar tensiones sociales jaleadas por un soberanismo que ahora se siente reforzado.

En ese contexto de una nueva mayoría secesionista -que pese a las evidencias constatables de los efectos de su empeño apenas pierde apoyos- el arrollador triunfo electoral de Arrimadas queda confinado al territorio de lo moral. Sirve para romper de forma contundente con la falsa Cataluña única que el independentismo alimenta en su catálogo de mitos, pero resulta difícil de rentabilizar en términos políticos a efectos de afrontar el que opera como primer problema nacional en detrimento de otros que sí tienen consistencia real. El de Arrimadas es un triunfo con mayor rentabilidad fuera de la casa natural de Ciudadanos, que consagra al partido de Rivera como la mayor amenaza para el PP. Ahí está la mitad de la severa derrota que Rajoy sufrió anoche. La parte restante es un candidato que quedó por debajo de una CUP instalada ya en lo marginal.

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