13 de febrero de 2019
13.02.2019
La causa contra el soberanismo Protestas

En TV3, el Supremo juzga a todos los catalanes o a la mitad

La retransmisión de la cadena oficial no emitió una sola opinión que no fuera de carácter independentista

13.02.2019 | 01:05
Manifestación contra el juicio en el Supremo, anoche en Barcelona.

Alguien de leyes hacía pedagogía en RNE, es decir que explicaba a los niños lo que iba a pasar en el Tribunal Supremo y lo que debían pensar, en un tono al que solo faltaba añadir que, si no eran obedientes, morirían sus papás.

Como iba a iniciarse un acontecimiento histórico en el que no iba a ocurrir nada preferí oírlo en catalán en la intimidad y sintonicé Els Matins, de TV3CAT, arrodillado, como ha puesto Pedro Sánchez a todos españoles ante los independentistas, según la popular Dolors Montserrat.

Gracias a esta elección al alcance del índice, lo que eran las cuestiones previas del proceso al procés se convirtió en el juicio que hace España a Cataluña. A veces a toda Cataluña; a veces, a algo más de dos millones de catalanes que decidieron libremente ejercer su derecho al voto, etcétera. Los acusados de desobediencia o rebelión y malversación presentes en la sala son doce.

Con Lidia Heredia al frente, madrugaron mucho para retransmitir el traslado de los presos desde las dos cárceles que les afectaban hasta la plaza de la Villa de París. La referencia narrativa fue la de un encierro sanferminero, sin velocidad ni emoción, con adelanto del recorrido calle a calle confirmado en cada lugar donde estaban situadas las cámaras. Ni largo ni corto; ni rápido, ni lento, fue puntual. No así el inicio del arranque de los preliminares del proceso al Procés, de una impuntualidad muy española.

Mientras circulaba la cuerda de presos motorizada, se emitían sus tuits y se remataba con unas declaraciones de Artur Mas, el hombre que inicio todo, al que -en varios sentidos- le olía mal la vista oral antes del inicio. El relato de lo que se juzga -más breve que el de TVE y menos épico en las imágenes- se construyó sobre la negación de las acusaciones.

Las dos horas de retransmisión ante las puertas del Tribunal Supremo dieron tiempo a todo, salvo a un atisbo de la pluralidad que queda fuera de la unidad de acción independentista.

Daba la sensación de que toda Barcelona estaba en Madrid, salvo los de Waterloo, Escocia o Suiza. Carles Puigdemont estaba en Berlín donde habló en un festival de cine, hecho que -dijo en TVE Miriam Nogueras la vicepresidenta del PDeCAT- demostraba que la situación ya no era "España vs. Cataluña sino España vs. Europa". Había imágenes de los viajeros al tren, el AVE Barcelona-Madrid.

Enseguida aparecieron ante las cámaras familiares de encausados a los que se preguntó cómo afrontaban "emocional y logísticamente" el inicio del juicio. Como viajeros con vuelos cancelados en aeropuertos lejanos, se quejaban de falta de información.

Por la pareja de Jordi Turull, consejero de la Presidencia y portavoz del Gobierno de Cataluña en los meses de autos, se supo que en la prisión de Estremera el régimen es más estricto y la temperatura más baja. Les han puesto más horas de calefacción, pero siguen pasando frío. Blanca Bragulat estaba contenta de que empezase el juicio porque tiene ganas de "pasar pantalla". Anteayer se despidieron con un força.

Diana Riba contó que a su marido Raül Romeva, que fue consejero de Asuntos Exteriores, le requisaron El Jueves, la revista que sale los miércoles.

Ajeno al disparatado oprobio avanzaba el presidente Joaquim Torra entre banderas de la república española para decir que no había delito que juzgar. En cascada peroraron el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès; Elisenda Paluzie, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana Marcel Mauri, portavoz de Òmnium Cultural -las dos organizaciones independentistas con sus líderes procesados-.

En el estudio reforzó como analista Josep-Lluís Carod-Rovira, que fue presidente de ERC y vicepresidente del Govern, que quedó algo apagado por el discurso motivacional del Roger Torrent, presidente del Parlamento de Cataluña. No cambió el registro Marta Villalta, diputada de ERC, pero el do de pecho salió de la caja torácica de Ernest Maragall que situaba dentro del edifico madrileño "el poder, la represión y la ignominia" en un discurso de los que se hacen para la historia o para las próximas elecciones municipales en las que concurrirá como cabeza de lista de ERC -fue concejal socialista cuando su hermano Pasqual fue alcalde-.

Como periodista ¿extranjero? Ernesto Ekaizer contestó en español de Argentina que lo de más impacto hoy sería volver a ver a Oriol Junqueras. Tal vez exageró las expectativas de adelgazamiento del líder republicano, aunque la tele engorda.

Pareció, por un momento que la mujer y la hija de Jordi Sánchez no iban a poder entrar, pero solo fue una identificación. Fin de la emoción, siempre templada, también cuando se oyeron voces de falangistas y de Vox, que se aclaró que eran bien pocos. En el edificio, un periodista de la casa informaba por teléfono y tenían también al corresponsal de The New York Times, colaborador del canal.

Empezó la conexión con la señal de la sala del Supremo, la justicia se materializó en mármol y su madera, empezó el espectáculo negro y amarillo y la emisión se volvió única en todos los informativos.

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