22 de febrero de 2019
22.02.2019

Un verso suelto, en seis capítulos

El exconsejero Vila, un apestado del soberanismo, lanza en su declaración los dardos más afilados contra el 'procés'

22.02.2019 | 00:47
Santiago Vila.

Santiago Vila ya no puede marcar más distancias con los hitos decisivos del procés. El exconsejero de Empresa, que dimitió el día antes de la declaración de independencia, es un apestado del soberanismo más montaraz, y cada vez que habla se gana más enemigos. Para defenderse de la malversación y la desobediencia por las que la Fiscalía le pide siete años, ayer se enorgulleció de su papel de "interlocutor con altos dirigentes del PSOE y el Gobierno de España que, en contra de lo que se publica, tenían un alto interés en evitar el choque de trenes". El presidente catalán Joaquim Torra, que asistió a la sexta sesión del juicio, evitó saludarle. Éstos son algunos de sus dardos.

Suspensión de la ley del Referéndum. "Desde que el Constitucional la suspende, el referéndum muta claramente a una gran movilización política que tiene un gran sentido pero que yo no reconocí más como referéndum".

¿Cómo se financió la consulta del 1-O? "Le dije a la juez Lamela que no tenía ni idea, pero, intuitivamente, especulativamente, creo que por mecenas catalanistas. Para no ser más ingenuo de lo imprescindible, pregunté al president, que me garantizó: 'Estate tranquilo, que no gastaremos ni un euro del erario público'".

El Gobierno de todos. "Teníamos la obligación de ser el gobierno de todos... de los que habían participado en el 1-O, pero también de los más de dos millones que se quedaron en casa".

Cargas policiales. "Algunos tuvimos hasta el último segundo la convicción de que no se llevaría a cabo el 1-O. Se llevó a cabo. Es una herida que nos acompañará toda la vida, haber visto las cargas policiales. Todos podríamos haber sido más responsables".

Mediación. "Se inició una aproximación con interlocutores políticos, religiosos, de la empresa, que querían evitar que aquello acabara mal. Yo formé parte de ello con orgullo. El miércoles 25 de octubre -cuando Puigdemont se decanta por elecciones- lo habíamos logrado y nos fuimos a dormir con aquella sensación de decirnos que no íbamos a tomar ninguna decisión unilateral".

Conclusión. "¿Qué pasó? Que lo que habíamos acordado discretamente, al día siguiente lo torció el clima de desconfianza y la tensión tan fuerte que había. Si no nos vemos capaces de justificarnos ante nuestro electorado y los jóvenes, porque somos aprendices de mago ante la presión de las redes sociales que estaban llamando traidor y cobarde a Puigdemont... yo me voy y dimito".

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