08 de abril de 2019
08.04.2019
Antonio Alaminos

"La participación, los errores de los líderes y la última semana decidirán el 28-A"

"Las municipales no dependen tanto de lo que pase ahora. Los candidatos serán claves" || "La izquierda depende de sí misma. La derecha, de su relación con ellos"

07.04.2019 | 20:16
Antonio Alaminos, durante la entrevista.

El profesor Antonio Alaminos repasa, a apenas cuatro días del inicio oficial de la campaña para las elecciones generales, las claves de un proceso, asegura, inédito y apasionante. El experto en demoscopia electoral se enfrenta a su primera entrevista desde que dejó la dirección del departamento del CIS encargado de la elaboración de encuestas.

Ha dejado la dirección del CIS, quizá, en el momento electoral más apasionante e incierto de los últimos cuarenta años...

Completamente. Es el escenario electoral más apasionante e inédito.

¿Cómo es, a grandes trazos, el decorado con el que se afrontan estas elecciones generales?

Creo que va a salir la configuración de un nuevo sistema: electorados, relación de fuerzas del sistema de partidos... Son unas elecciones muy importantes y decisivas. Suponen la foto-finish de una etapa y la parrilla de salida de la nueva.

¿Por qué finaliza una etapa?

Acaba un clima diferencial. Hasta 2011, estimar lo que iba a pasar en unas elecciones era algo simple y sencillo. Era muy raro pensar que un votante del PP iba a transferir a los socialistas. O al revés. En el resultado influía la participación. Controlando eso, era relativamente fácil ver lo que estaba ocurriendo. Era cuestión de tendencias salvo algún impacto concreto difícil de controlar. Ese clima cambia con la aparición de Podemos, de Ciudadanos, la crisis económica... Y pasamos a hablar de dinámicas. Empezamos a mirar la posibilidad de que un elector pueda acabar situándose en un espacio u otro y de su posición ideológica.

¿Por eso entonces fallan tanto las encuestas electorales?

Antes los electorados eran estancos con huecos en el centro por los que se colaba alguna opción. Ahora están entrelazados. Todos tienen electores en común. Los tuyos y compartidos con transferencias potenciales. Entre Podemos y los socialistas. Hubo un tiempo que también entre el PSOE y Ciudadanos, aunque creo que ya menos. Rivera se alimenta del PP. Vox del PP y de Ciudadanos. No hay electores netos. Vienen de un sitio y suponemos que van hacia otro lado pero eso no significa que hayan llegado... Son estados potenciales y no se deciden hasta que un partido cambia de perfil. Ejemplo: la foto de la plaza de Colón. Hay que ponderar no sobre el recuerdo de voto sino en función de esa volatilidad. Es lo que hace que ahora las campañas sean tan importantes. Nadie está en su sitio. Y puede variar en función de lo que pase en campaña con cada partido. Están inestables.

¿Hasta qué punto, por tanto, la movilización es decisiva para el resultado de estas elecciones?

Es clave. No sólo es cuestión de las transferencias sino que el peso de cada uno en el resultado dependerá de la movilización que, normalmente, se produce con electores que tienen su papeleta muy clara. Eso relativiza la volatilidad del voto, consolida espacios y reduce el impacto de los partidos más pequeños. Ejemplo: con más participación en Andalucía, el efecto de Vox sería menor.

¿Y una alta participación en estos comicios del 28-A le acabaría favoreciendo a la izquierda?

Ahora mismo y para esta doble cita electoral del 28 de abril, la movilización favorece a la izquierda.

Una participación que tiene incidencia en otro elemento clave: la volatilidad de los electores...

Por eso ganan tanto peso las campañas electorales. Si cometes un error grave, se modifica toda tu imagen y la relación con los electores. Y eso le está ocurriendo, por ejemplo, mucho al bloque de la derecha. Están tomando decisiones que están cambiando su imagen de partido y eso les acaba alejando electores. En la izquierda, por contra, tienen posiciones mucho más estables. La volatilidad tiene que ver más con la acción de los partidos y de sus líderes. Por eso la radicalidad de Casado o las cosas que hace Albert Rivera tienen más impacto de lo que ellos creen.

¿Y dentro del valor que ahora tienen las campañas electorales, la última semana es tan decisiva como se está apuntando?

Claro. Hay transferencias entre partidos y eso hace el escenario volátil. Por eso es tan determinante la última semana. Hay un buen número de electores sin decantarse y esa duda permanece casi hasta el final.

Entonces todo ese volumen de indecisos es determinante...

Efectivamente. Los porcentajes de gente que duda son altísimos.

Así que la participación mezclado con los indecisos y la última semana de campaña decidirá...

Sí. La campaña y aquello que hacen los líderes junto a lo que trasladan como comunicación política. Esta campaña va a ser determinante para todos. Pero para algunos más...

¿Para quién?

Para aquellos que se juegan más transferencias. Por ejemplo, Ciudadanos con votos hacia Vox y al PP. Y también del PP hacia los otros dos. La izquierda parece más estable.

¿Eso significa que, en estos momentos, hay mucho voto oculto?

No es oculto. Insisto: hay un volumen de gente muy grande que aún no sabe lo que hará con su voto.

Hablando de una campaña decisiva. ¿Sigue la caza de votos en la calle o está en las redes y en Internet?

Hay quien dice que sí. Yo tengo dudas. Al margen de las noticias falsas, las redes tienen sus limitaciones. Tienen un potencial negativo de distorsión o de deterioro de los líderes muy grande. Y en positivo es más limitado. No tengo claro que un candidato vaya a decir algo en las redes que mejore su percepción sobre él.

¿Nos encaminamos hacia un sistema de bloques ideológicos?

Ya existían. Nadie pensó en los momentos de máxima crisis en una gran coalición como en Alemania. Es ideológicamente imposible que gobiernen los socialistas con el PP. Jamás harán ese pacto entre los dos.

¿En ese escenario es más previsible que Pedro Sánchez resista o que las tres marcas de la derecha puedan sumar en toda España?

La derecha, a día de hoy, suma cero a lo que tiene: lo que gana uno, lo pierde el otro. Eso les deja en una situación complicada. Les exigiría una estrategia conjunta, que es lo que han intentado Pablo Casado y Albert Rivera. Cuando no sumas porque se reparten los votos que ya había, hay que buscar una cooperación para minimizar los daños. Es imposible ya. Y se han metido en una pequeña trampa. No se pueden atacar porque se debilitan electoralmente pero a la vez necesitan diferenciarse.

¿En estas condiciones, por tanto, el beneficiado parece que puede ser Pedro Sánchez?

Sí. La dinámica de la derecha es complicada. Si Rivera hubiera sido más valiente y se hubiera mantenido en el centro, le hubiera concedido un enorme potencial de crecimiento.

¿Hubiera sido mejor para Albert Rivera entonces mantenerse en la equidistancia y dejar la puerta abierta a un pacto con el PSOE?

Ese ha sido un error grave de C's. La posición de centro significa que estoy abierto a pactos a un lado y a otro para solucionar problemas. Pero ahora, a pesar de los dobles lenguajes, ya se han posicionado.

¿Hasta dónde puede llegar ese efecto Vox que, desde las elecciones andaluzas, ha cambiado por completo el tablero político?

Dependerá de la participación. Eso le dará su dimensión real. El electorado de Vox ya estaba en el tablero. Sólo tiene un tercio de votantes propios. Del resto, como se desprende del análisis de los barómetros del CIS, dos tercios proceden del PP y otra parte viene desde Ciudadanos que, en este caso, se podría atenuar con discursos más agresivos de Vox.

¿Y le afecta a la izquierda?

Esto es lo que marca la diferencia. La izquierda depende de ellos mismos. De no cometer errores. Y la derecha depende de como se muevan entre ellos mismos. De entre ellos. Saben que se reparten los votos pero, a la vez, se necesitan para una coalición. Eso es muy difícil de defender.

¿Hasta dónde caerá Podemos? ¿Se ha quedado en una refundación de Izquierda Unida?

Es muy curioso. Parecía que Podemos se iba a comer a Izquierda Unida pero ahora es ese el único proyecto que permanece vivo dentro de Podemos. La oportunidad política ya la tuvo Pablo Iglesias en el año 2015 y, desde luego, la perdió.

¿Y de lo que ocurra el 28-A en las generales y autonómicas depende en exclusiva lo que pase después en las elecciones municipales?

En un grado importante sí pero en exclusiva no. En el caso de la Comunidad la situación es inédita. Las municipales se quedan sueltas con las europeas, que son el paradigma de la baja participación. Va ser muy importante el perfil del alcalde y la pelea de candidatos. El elector no se va a movilizar para votar a una marca u otra. Acudirá a las urnas para mantener al alcalde que esté o echarle.

¿No considera entonces que partirán con ventaja los candidatos del bloque que gane el 28-A?

Habrá efecto residual. No es lo mismo, efectivamente, llegar a mayo con un mal resultado que con uno bueno. Pero un partido con mal candidato municipal, tendrá graves problemas de movilización en su población. Cada aspirante local tendrá que aguantar su propia vela al estar al margen de las autonómicas. Tengo la impresión que serán unas municipales algo frías. Les va a ser muy difícil mantener la tensión de un electorado que está muy cansado tras esta primera movilización del 28-A.

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