26 de abril de 2019
26.04.2019

El voto del cansancio

26.04.2019 | 00:32

Con la innoble fuga de Garrido, Casado sufre los efectos de la proximidad excesiva entre su limpieza interna, tan necesaria como poco compasiva, y la llamada a las urnas. Con un partido desarbolado tras el desalojo de Rajoy y en trance de recomponerse, lo peor para el PP era un anticipo electoral. Fue un fallo de primerizo su estrategia de unirse al Rivera urgido en aprovechar un bueno momento demoscópico, en trance ya de volatilizarse, para presionar con la exigencia de urnas. La huida del expresidente madrileño a Ciudadanos, traición lo llaman algunos, es una forma explosiva de mostrar ese error, propio de los apremios de un recién llegado por consolidar su posición, con los rescoldos de la batalla interna todavía humeantes.

Casado sueña con la repetición del milagro andaluz, el que hizo a Juan Manuel Moreno presidente pese a su pésimo resultado. El inconveniente consiste en que Rivera está convencido de que el milagro es él y esta vez querrá verlo realizado.

Aunque nunca lo reconocerá, y pese a lo visto en los debates, Sánchez aspira a consolidarse como presidente con una geometría variable, delineada a base de pactos, según para qué, con Ciudadanos y Podemos. Entre los socialistas existe el temor al zarpazo sorpresivo de Vox, pero también a una nueva dependencia del secesionismo, el factor de mayor inestabilidad en su corto Gobierno.

Las aspiraciones de todos ellos quizá estén más sujetas al cansancio que al miedo. El hartazgo del electorado, a merced desde hace cuatro años de los vaivenes de la montaña rusa de la política, es un factor nada desdeñable. Habría que confiar en el pragmatismo, pero la inteligencia colectiva sólo existe en los termiteros, o formaciones de organismo similares, y la llamamos así por su eficacia biológica, no porque sea extrapolable a sociedades cuyos individuos mantienen, unos más que otros, cierta capacidad de elección.

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