18 de septiembre de 2019
18.09.2019
La repetición electoral

La falta de un candidato viable conduce a nuevas elecciones el 10 de noviembre

Pese a los movimientos de última hora, los partidos trasladan al Rey las mismas posiciones que mantienen desde la investidura fallida y precipitan el final anticipado de la legislatura

18.09.2019 | 00:19
Pedro Sánchez en su intervención posterior al anuncio del Rey .

El 10 de noviembre será domingo electoral al concluir ayer la ronda de consultas del Rey con los partidos sin que Felipe VI encontrara un candidato viable a la investidura como presidente al que encargarle la formación de Gobierno. El sorpresivo movimiento de última hora de Albert Rivera, abriéndose a una abstención, doblemente condicionada a que Pedro Sánchez aceptase sus exigencias y a que el PP secundase la iniciativa, mantuvo la incertidumbre en la segunda jornada consultiva del monarca. Todo quedó en expectación sin resultados y los partidos transmisieron en última instancia al jefe del Estado las mismas posiciones. Fue la constatación de que "no existe un candidato que cuente con los apoyos necesarios para que el Congreso de los Diputados, en su caso, le otorgue su confianza", según anunciaba la Casa del Rey, poco después de que Felipe VI le comunicara lo propio a la presidenta de la Cámara Baja, Meritxell Batet. Ante la falta de un aspirante con posibilidades, las Cortes se disolverán el lunes próximo, en un cierre anticipado la XIII Legislatura de la democracia española, para dar paso a una nueva convocatoria de elecciones. La brevedad de este tiempo político, poco más de cuatro meses, lo iguala con el que se inauguró tras las elecciones de diciembre de 2015, y que desembocó en la repetición electoral del junio de 2016, la primera vez que España se enfrentaba a lo que empieza a ser procedimiento electoral en camino de asentarse.

El de los cuartos comicios generales en cuatro años fue el desenlace de un guión que venía escribiéndose desde el intento fracasado de julio, cuando Unidas Podemos denegó su apoyo al candidato socialista por considerar insuficiente su entrada en un Gobierno de coalición con una vicepresidencia y tres ministerios. Sánchez advirtió entonces de que, en contra de lo que sostenía Pablo Iglesias, en septiembre no habría una segunda oportunidad, como ayer quedó en evidencia.

La brecha agrandada en julio se convirtió en desconfianza insuperable en las semanas posteriores. Con el PSOE y Unidas Podemos en posiciones inamovibles, los primeros resisitiéndose a ir más allá de todo lo que fuera un acuerdo programático y los segundo atados al Ejecutivo coaligado, el anuncio de la ronda de consultas del Rey propició el primer y único intento de acercamiento entre quienes tras las elecciones de abril lo único que tenían claro era que debían llegar a entenderse. La oferta de Iglesias de un cara a cara privado con Sánchez para resolver "en tres horas" el bloqueo tropezó con la negativa socialista a negociar sin una renuncia previa a la coalición.

Cercano ya el final y con desenlace previsible, el líder de Ciudadanos rompió con el rechazo frontal a Pedro Sánchez, que lo llevó incluso a declinar reunirse con el presidente en funciones durante los contactos para la investidura. Rivera se mostró dispuesto a abstenerse con tres condiciones: que los socialistas renunciaran a gobernar en Navarra con la coalición de izquierda que ahora encabeza María Chivite; un compromiso de no indultar a los enjuiciados por el proceso secesionista catalán, y el compromiso de no subir impuestos a las clases medias. El movimiento sorpresivo de Rivera llevaba implícita una cuarta condición, pero esa ya no dependía de Sánchez: que a la abstención se sumara el PP, algo que los populares rechazaron casi desde el término del encuentro de la tarde del lunes del presidente de Ciudadanos con Pablo Casado.

La ambigüedad de los populares y su resistencia a confirmar su posición definitiva antes de que su líder se entrevistara con el Rey propició que la de la segunda jornada de consultas con el Rey fuese agitada, por la incertidumbre y la posibiliad de que el final no estuviese todavía escrito.

Pedro Sánchez mantuvo ayer contactos con Unidas Podemos, PP y Ciudadanos. En el primer caso, Iglesias advirtió al aspirante socialista de que la disposición de Ciudadanos a abstenerse podría llevar a que reconisderasen su voto en el mismo sentido. Las abstenciones de Cs y UP hubieran garantizado la investidura de quien por dos veces fracasó en su intento de obtener la confianza del Congreso, otra marca que añadir a estos cuatro años que rompen todos los números de la reciente historia democrática.

El presidente en funciones respondió a Rivera con una carta en la que se extendía sobre su respuesta del día anterior de que sus exigencias estaban cumplidas. En realidad, Sánchez carece de postestades para poner fin al Ejecutivo navarro, que los socialistas defienden como constitucionalista al no contar con el repaldo de EH Bildu y haber salido adelante solo con su abstención. Sobre el indulto a los líderes secesionistas, el PSOE rechaza entrar en esa materia mientras no haya un sentencia condenatoria. Para Rivera, la respuesta del candidato a la presidencia fue una "colección de mentiras", con lo que el líder de Ciudadanos anticipaba ya la vuelta al "no" a Sánchez antes de verse con el Rey. Comenzaban a disiparse así las escasas esperanzanzas de una giro de última hora. Incluso después de su entrevista con Felipe VI, Rivera proclamaba que todavía había tiempo para un acuerdo, algo que pronto quedó en evidencia que no era cierto.

En pleno lanzamiento de culpas de unos contra otros, la Casa del Rey anunció en torno a las 20.30 horas de ayer que la investidura no es viable, lo que llevará de nuevo a las urnas. El traslado de responsabilidades continuará hoy, cuando Sánchez se someta al control del Congreso para hablar sobre su interinidad, lo que revela los tiempos desacompasados con los que se mueve la política española.

La amenaza de que unas terceras elecciones generales consecutivas en un año cayeran el domingo de Navidad llevó a modificar la normativa para acortar la campaña a la mitad y reducirla a una semana. Las jornadas expresamente acotadas para la búsqueda del voto serán menos, pero la precampaña ya empezó ayer.

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