25 de octubre de 2019
25.10.2019
La Opinión de A Coruña
Erika Jaráiz

Profesora de Ciencias Políticas

"Un acto de coherencia democrática"

Politólogos e historiadores gallegos celebran el traslado del cuerpo del dictador, difieren en los tiempos y creen que el cambio de sitio no dará "carpetazo" al franquismo

24.10.2019 | 23:27
"Un acto de coherencia democrática"

Politólogos e historiadores gallegos celebran la exhumación de Francisco Franco y coinciden en calificar la jornada de ayer como histórica para la democracia española, aunque difieren en los tiempos, en el momento en el que finalmente se ha llevado a cabo y en las formas. "Representa un antes y un después. Es muy importante que el máximo responsable de una dictadura salga de un recinto público muy visible. Franco tiene que estar con su familia, o donde quiera su familia, pero desde la democracia no se puede enaltecer a una forma autoritaria de gobierno", dice Emilio Grandío, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Lourenzo Fernández, catedrático en esa misma materia, opina igual: "Una memoria tan incómoda como la nuestra pesa mucho, pero no podemos falsearla y considerar que Franco fue un presidente del Gobierno. Fue un genocida. Abrir esta puerta es una oportunidad magnífica para hablar de historia. Todo lo que ocurrió fue demasiado complejo y la prueba es que tardamos 40 años en sacar al dictador de ahí".

Exactamente, 43 años, once meses y un día es el tiempo que ha estado enterrado Franco en el Valle de los Caídos. Desde 23 de noviembre de 1975. Un total de 16.041 días. "Se demoró mucho. Para el régimen democrático español era una anomalía que estuviese ya no solo su tumba sino también el mausoleo. No comprendo cómo ha podido haber tanta resistencia a que se produjese esto", cuenta el historiador y catedrático de la USC Ramón Villares. "La idea de los turistas visitando el monumento de Franco era un escarnio para muchos españoles", añade Erika Jaráiz, profesora de Ciencias Políticas, también en Santiago.

Entre todos los expertos consultados por LA OPINIÓN intentan encontrar razones por las que ha tardado tanto en producirse. Así lo ve Fernández: "La historia es tan monstruosa que nadie quería entrar en el conocimiento de la verdad". "Se debe a la gestión de la memoria, especialmente en la transición. Hace cuatro décadas la memoria no tenía casi ningún papel, pero hoy es un elemento fundamental para configurar las sociedades democráticas. De aquella había que hacer más cosas. Tenía que pasar un tiempo, aunque quizá ha pasado demasiado. Aun así, hay que celebrarlo. Y olvidarse de este asunto", prosigue Villares.

Profesores y catedráticos muestran unanimidad por la consumación del traslado del Caudillo; sin embargo, las discrepancias llegan por el momento político en el que se produce, nada menos que a las puertas de unas nuevas elecciones generales. Miguel Anxo Bastos es profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas: "Es algo que había que hacer, pero no sé si el momento es el más adecuado. Desde fuera parece más una estrategia de marketing que atender a un problema. Por las prisas parece una cortina de humo o algo por el estilo. Es verdad que coincide con el fallo del Supremo, pero no por eso tienes que exhumarlo consecutivamente. Puedes esperar a después de las elecciones, por ejemplo". Aunque, Jaráiz, cuyo campo de trabajo es precisamente el marketing y la comunicación política, matiza: "Más vale ahora que nunca. Los momentos electorales son adecuados o inadecuados siempre según para quién".

Sin embargo, que el desenterramiento se produzca a poco más de dos semanas de los nuevos comicios no es lo único que desagrada al politólogo Bastos: "Es una cosa guionizada. No se trata de quitar al difunto y llevarlo; conlleva todo un ritual. Fuera de un periodo de elecciones se haría de una forma más discreta. ¿Qué pinta la ministra en un acto así? Con toda esta parafernalia le están dando un rango especial, que es lo que supuestamente querían evitar. Es un espectáculo de nuestros tiempos; un desentierro televisado. Critico la forma y el tiempo, no el hecho. Pudo haberse hecho en otro momento y con mayor discreción".

Por otro lado, casi ninguno de los encuestados se atreve a nombrar el episodio como un acto de justicia, "porque es opinable", dice Fernández. Prefieren emplear otros términos como "acto de coherencia y de reforzamiento del propio sistema democrático", en el caso de Villares, o de "renovación de la lectura histórica interna", según Jaráiz.

Tampoco creen que se "entierre" de forma definitiva al dictador ni que con esto se dé por cerrado uno de los capítulos más negros de la historia de España. "Hay que distinguir el franquismo de lo que es la figura de Franco, que está actuando en la situación política actual y es lo que no se puede permitir", manifiesta Villares. "El régimen tiene su nombre, pero la estructura y todos los valores del sistema totalitario no han desaparecido del todo. No se da carpetazo a la dictadura cambiando de sitio los restos del dictador. Decir eso me parecería un poco banal", comenta Grandío, cuyos trabajos académicos se centran en la Guerra Civil, el franquismo y la transición. Villares prefiere tildarlo como "un episodio valiente".

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