05 de noviembre de 2019
05.11.2019
La Opinión de A Coruña

Pinceladas del debate

05.11.2019 | 00:46
Los cinco candidatos se dirigen a sus atriles antes del debate.

Sin respuesta . Los espectadores terminaron el debate sabiendo lo mismo que cuando empezaron. ¿Cómo se va desbloquear la gobernabilidad tras el 10-N? ¿Por qué ahora, después del domingo, y no antes, se podrán alcanzar pactos para que España tenga Gobierno? ¿Prefiere Pedro Sánchez pactar con el PP o con Unidas Podemos? ¿Aceptará el PSOE los votos de ERC? ¿Está dispuesto Pablo Casado a abstenerse para que el PSOE repita en Moncloa, si es el partido más votado? ¿De verdad ahora Albert Rivera será capaz de entenderse con el PSOE? Dos horas de debate y seguimos tal cual. La principal incógnita no está resuelta. Pedro Sánchez propuso que se deje gobernar a la lista más votada, una antigua iniciativa del PP, y nadie le contestó. Los políticos fueron a lo suyo, a vender su libro, y los periodistas no repreguntaron.

No hay entendimiento dentro de los bloques. Pedro Sánchez, que estuvo flojo, buscó con sus propuestas, sobre todo de Cataluña, captar a los electores desencantados de Ciudadanos, y al cuestionar a Pablo Iglesias por sus críticas a Amancio Ortega, se lanzó a por los votantes progresistas más moderados. Sánchez evitó a Pablo Iglesias, que le rondó y le buscó para un posible entendimiento, pero el líder del PSOE se hizo el huidizo.

El dirigente socialista no abandonó el tono presidencial. Es el titular del Gobierno en funciones y de ahí no se apeó, y como tal fue al debate con una media docena de anuncios. Uno de ellos, que Nadia Calviño será vicepresidenta económica de su Gobierno. Otro, que creará un Ministerio específico contra el despoblamiento. ¡No sabe quién le apuntalará en Moncloa, pero ya perfila una remodelación de su gabinete!

Aunque el candidato que llega al debate mejor posicionado suele ser el candidato al que atacan los demás cabezas de cartel, en el bloque de la derecha Albert Rivera, desesperado porque se hunde en los sondeos, entró en el cuerpo a cuerpo con Pablo Casado, que ha mejorado en sus dotes dialécticas. El objetivo del cabeza de cartel de Ciudadanos era presentar a PP y PSOE como corresponsables del conflicto catalán. El presidenciable del Partido Popular le advirtió: "No te equivoques de adversario". Al final, Pablo Casado le entró al trapo y le acusó de "embarrar el campo" al sacar Rivera a colación la corrupción del PP. "A mí usted no me da lecciones de nada", le espetó. Son socios de Gobierno en Madrid y Andalucía, y podrían pactar una coalición en España, pero ayer fueron feroces rivales. No fue posible un entendimiento entre Sánchez e Iglesias tras el 28-A, ¿sería posible entre Casado y Rivera después del 10-N?

El debate evidenció que la política no está solo fracturada en dos bloques, el de las derechas y el de las izquierdas. No son capaces de entenderse, pero ¿cómo van a hacerlo si dentro de cada bloque también reina la discordia?

Abascal, el astuto. Santiago Abascal rehuyó el debate, y el formato del programa se lo permitió. Evitó las intervenciones cortas, no quiso interactuar con sus oponentes, y así sumaba segundos para luego soltar el discurso que llevaba preparado.

El tono moderado que adoptó el líder de Vox en el debate no puede esconder ni tapar un programa electoral peligroso: quiere liquidar el Estado de las Autonomías, terminar con la sanidad universal para los inmigrantes, derogar la ley de violencia de género, ilegalizar partidos como el PNV... En la televisión pública y en horario de máxima audiencia insinuó que los inmigrantes son unos violadores y que en los hospitales públicos se les atiende antes que a los españoles. Un par de fake news que nadie le recriminó, ni nadie le negó.

Pedro Sánchez preguntó a Casado y Rivera si aceptan las propuestas de Abascal. No lo sabemos porque ellos optaron porque no hay mejor defensa que un buen ataque y le recordaron su flirteo con los independentistas.

Galicia, de refilón. El primero en aludir a Galicia en este debate fue Pablo Iglesias. Fue a cuenta del debate territorial, que los demás candidatos focalizaron en Cataluña. El líder de Unidas Podemos citó a los productores lácteos gallegos, como ejemplo de ciudadanos que quieren que hablen de sus problemas, y no solo de Cataluña. El segundo fue el candidato de Vox, Santiago Abascal, para reprocharle a Casado que ponga como ejemplo de gestión a Alberto Núñez Feijóo, y censurar a éste último que califique a Galicia de nacionalidad histórica. Por cierto, no lo dice el líder del PPdeG, lo suscribe la Constitución y nuestro Estatuto. Casado no le replicó.

Pero la crisis industrial que amenaza a Alcoa y As Pontes, la amenaza de cierre del mayor astillero privado de Galicia, la llegada del AVE... de eso nada de nada.

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