13 de noviembre de 2019
13.11.2019

Liderazgo disfuncional

13.11.2019 | 00:06

Visto el abrazo de ayer en el Congreso, ninguno de los dos protagonistas podrá negar que lo suyo en el último medio año fue un mero juego de estrategias y ambiciones con España como rehén. Constatado queda que son dos magníficos ejemplares de esta generación de líderes disfuncionales, que acaba de perder a un miembro sobresaliente y que se caracteriza por crear más problemas de los que alcanza a resolver.Para llegar al abrazo fue necesario paralizar el país más de seis meses, someterlo de nuevo al estrés electoral, gastar unos 150 millones y fortalecer a la ultraderecha hasta convertirla en tercera fuerza parlamentaria.

Un rodeo costoso y traumático para volver al mismo punto de partida de julio, aunque en peores condiciones aritméticas, con sumas que no dan. Conviene acotar el alcance de ese abrazo, que es por ahora sólo una declaración de la voluntad de encontrar juntos una salida. Sólo sabemos que quieren un gobierno "progresista", una etiqueta que, por manoseada, ya dice poco. Faltan los detalles, en los que, como se sabe, habita el demonio. Y hay que sumar otras voluntades a la suya para que el acuerdo tenga viabilidad parlamentaria. Mucho por hacer.Sánchez e Iglesias acusan el castigo que el domingo sufrieron en las urnas, pero sin reconocimiento de culpa. Esa ausencia de autocrítica, junto con una escenificación de la concordia que solo puede sustentarse sobre el olvido de tantas cosas dichas, genera una desconfianza cuyo único alivio es la expectativa de que estemos ante el principio del fin de la España bloqueada.

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