04 de diciembre de 2019
04.12.2019
'Una España mejor', de Mariano Rajoy | Las referencias gallegas

El abuelo, Albor, Fraga... y Feijóo, de refilón

Las memorias del exlíder del PP de su paso por el Gobierno de España incluyen referencias a su tierra: sus inicios en política, su ironía gallega o el siniestro del 'Prestige'

03.12.2019 | 22:19
Albor, Feijóo, Rajoy y Pastor en el Castillo de Soutomaior, 2013.

Ya está en las librerías Una España mejor, la crónica personal de Mariano Rajoy sobre su paso por el Gobierno de España en tiempos convulsos y que terminó abruptamente con el triunfo de la moción de censura de Pedro Sánchez. El exlíder del PP ofrece su versión de como vivió y enfrentó la amenaza del rescate, la abdicación del rey don Juan Carlos o la crisis catalana.

Como gallego que es, las referencias a su tierra salpican el libro. El exlíder del PP, hoy reconvertido a registrador de la propiedad en Madrid, rememora sus inicios en política en Galicia, el accidente del Prestige, la crisis de las vacas locas, y deja constancia de su afecto y admiración por Xerardo Fernández Albor, Manuel Fraga y José Manuel Romay Beccaría. Feijóo, que pudo ser sucesor al frente del PP, pero renunció, aparece de refilón. A Pablo Casado, ni se le menciona.

Consciente de que sus memorias sobre su estancias en la Moncloa se leerán con lupa, y se medirán tanto los adjetivos que dedica a unos y otros, como las menciones y faltas, Rajoy advierte: "Nadie debe tener la tentación de hacer lecturas políticas de las presencias o las ausencias de unas personas u otras. No hay más motivo para ello que la obligada selección de temas por respeto al lector y a su paciencia, pero el agradecimiento es el mismo hacia todos ellos: los que figuran en el libro y los que se han podido quedar fuera".

Xerardo Fernández Albor. Del expresidente de la Xunta, ya fallecido, Rajoy, que fue su vicepresidente, asegura: "Era un galleguista convencido, un hombre que trabajó por la concordia y el consenso y que desempeñó un papel decisivo en los primeros tiempos de la autonomía de Galicia".

Manuel Fraga. "Sin duda se ha ganado un lugar en la historia. Fue ministro y vicepresidente del Gobierno de España. Fundó Alianza Popular y desempeñó un papel decisivo en la Transición. Refundó su partido, creó el PP y supo dar paso a una nueva generación. Más tarde, desde la Presidencia de la Xunta, hizo que Galicia viviera una de las mejores etapas de su historia". Así recuerda Rajoy al ya fallecido político de Vilalba.

Romay Beccaría. Del exconselleiro y exministro de Sanidad apunta: "En Galicia, siendo un modesto dirigente de provincias, tuve ocasión de conocer a políticos de gran nivel; entre otros, José Manuel Romay Beccaría, una persona elegante y de vasta cultura, que fue un brillante ministro de Sanidad y presidente del Consejo de Estado".

Alberto Núñez Feijóo. Alude al presidente de la Xunta cuando cuenta cómo ganó el Congreso del PP de Valencia, frente a los aznaristas y guerristas: "Yo partía con ventaja: conocía mi partido como la palma de mi mano y además contaba con el apoyo de numerosos dirigentes territoriales que confiaron en mí y apostaron por mi continuidad: Javier Arenas y Paco Camps, que se volcaron en mi apoyo, pero también muchos otros como Juan Vicente Herrera, Alberto Núñez Feijóo, Pedro Sánchez o Ramón Luis Valcárcel estuvieron conmigo".

La segunda alusión al presidente de la Xunta se produce cuando relata las negociaciones con Bruselas sobre el rescate financiero: "El 21 de octubre hubo elecciones en Galicia. Alberto Núñez Feijóo y el PP las ganaron por mayoría absoluta. Y, en contra de todas las especulaciones, seguí sin pedir el rescate.".

Ana Pastor. Para la exministra de Fomento y de Sanidad no tiene más que buenas palabras: "Es mi amiga desde hace años, por eso no me agrada más que comprobar los elogios que suscita su gestión en los variados cargos que le ha tocado desempeñar. Siempre consigue mejorarse a sí misma, algo de lo que muy poca gente puede presumir y que a mí me causa sincera admiración. Será recordada como una excelente presidenta del Congreso".

El Castillo de Soutomaior. En el arranque del libro, Rajoy se ufana de ser el presidente del Gobierno de España con la carrera política más extensa. Y ahí recuerda que siendo presidente de la Diputación de Pontevedra se restauró el Castillo de Soutomaior. El exlíder del PP rememora como le gustaba "inaugurar los cursos políticos cada mes de septiembre" allí.

"He querido recordar el Castillo de Soutomaior y su recuperación para el uso público porque [...] no hace falta llegar a la Presidencia del Gobierno para hacer cosas útiles por la sociedad", expone Rajoy.

Su vocación política y su abuelo. Rajoy reconoce que nunca tuvo "una llamada vocacional" y que se acercó a la política de "forma accidental", pero también admite que "algo influyó el recuerdo" de su abuelo, Enrique Rajoy Leloup. El expresidente del Gobierno lo presenta así: "Concejal en Santiago y artífice principal, junto con Alexandre Bóveda, de la redacción del primer Estatuto de Autonomía de Galicia allá por el año 1936. Bóveda fue fusilado al inicio de la Guerra Civil y mi abuelo, al que la sublevación de Franco le pilló en un tren camino de Madrid, a donde se dirigía para entregar al presiente de la República los nombramientos del primer Gobierno Autonómico de Galicia, en el que él mismo ocupaba la cartera de Justicia, fue expulsado de la universidad y suspendido en el ejercio de la abogacía".

Relata además: "Mi padre nunca habló demasiado en casa de la vida política del abuelo. A él le conocí cuando ya era muy mayor y tampoco se refería demasiado a aquel tiempo".

Para Rajoy, fue "el momento histórico" el que determinó su apuesta por la política: "A finales de los 70 y principios de los 80, la política española era un motor de ilusión y una fuente inagotable de emociones. Salíamos de una larga dictadura y la democracia se estaba construyendo ante nuestros ojos entusiasmados... El debate político se nos presentaba como algo noble y atractivo".

Su paso por la política gallega. Rajoy recuerda sus inicios en política (diputado en el Parlamento gallego, edil en el Ayuntamiento de Pontevedra, presidente de la Diputación de Pontevedra y vicepresidente de la Xunta) "con mucho cariño". La Cámara autonómica fue para él "una escuela de política y parlamentarismo del bueno, absolutamente inolvidable". Y su participación en el Gobierno gallego, en los arranques de la autonomía, fue "una íntima reivindicación de la figura" de su abuelo, pero también le ayudó a "valorar más las virtudes del modelo de Estado que consagra nuestra Constitución". Asegura que en Galicia hizo "un magisterio en peripecias políticas de lo más accidentadas, incluida una moción de censura que me envió de vuelta al registro de la propiedad de Santa Pola". "Curiosamente, muchos años más tarde, otra moción de censura me enviaría de nuevo a Santa Pola", añade. Rajoy presenta las dos mociones como "urdidas al margen de la voluntad popular y en ninguno de los dos casos el nuevo Gobierno fue mejor o más estable".

Los hilillos del Prestige y derechos de autor. "Desde la Vicepresidencia del Gobierno, me tocó lidiar con dos asuntos particularmente complejos: la crisis de las vacas locas y el Prestige", reflexiona Rajoy en su libro editado por Plaza y Janés. En relación a la polémica expresión "hilillos de plastilina" que utilizó para referirse al fuel que vertía el buque accidentado frente a las costas gallegas, asegura que tuvo éxito entre sus críticos porque su gestión del siniestro no era censurable y no tenían otra cosa que criticar. También asegura que se habría hecho rico se hubiera patentado la expresión y cobrado derechos de autor. Comenta que llamó a Juan José Badiola, el experto que asesoró al Gobierno en la crisis de las vacas locales, y le dijo: "Juanjo, ¡qué pena que tú no sepas de hidrocarburos!".

El rescate y hablar gallego. "A veces no moverse es la mejor forma de avanzar, por eso me pasé medio año hablando gallego, un día me tocaba decir que de momento no había necesidad (del rescate); otro, que tenía que conocer muy bien las condiciones del rescate, y al siguiente, que era un asunto que había que conocer con detenimiento. Nunca lo descarté y nunca lo confirmé por más que me preguntaran al respecto de todas las maneras posibles". Con estas palabras Rajoy relata su estrategia de comunicación en plena crisis en torno al rescate bancario de Bruselas.

Merkel y "la ironía gallega". "Ella es muy directa y yo no tanto. Recuerdo una conversación en la que me preguntó a bocajarro si era cierto que yo iba a apoyar a un candidato socialista a la presidencia del Parlamento europeo, como se había publicado en algún sitio. Me sorprendió la pregunta, porque jamás había entrado en mis planes, así que tiré de sorna y le respondí que sí, que pensaba apoyarle por una razón inapelable: ¡me lo había pedido Rubalcaba! Merkel puso tal gesto de estupor que una colaboradora me advirtió: "Presidente, en el norte de Europa no entienden la ironía gallega". El malentendido quedó inmediatamente aclarado, expone Rajoy.

Su esposa Viri. Al recordar sus últimas horas en La Moncloa, tras el triunfo de la moción de censura presentada por el PSOE, se explaya para hablar de su mujer: "Viri, mi mujer, daba los últimos toques a la mudanza. Ella siempre rechazó cualquier tipo de protagonismo público, pero realizó una labor callada y eficaz de mejora del complejo de La Moncloa, renovó la selección de cuadros expuestos, recuperó de los almacenes piezas fantásticas que estaban olvidadas, mejoró la gestión económica de la residencia y también ordenó la restauración de numerosos desperfectos en el palacio y en los jardines. Esa misma diligencia la acreditó al desmontar una casa y organizar una mudanza en apenas cuatro días. Su apoyo y su generosidad, tan indispensables para que yo me pudiera dedicar a la política con la intensidad que lo hice durante muchos años, también lo fueron en el momento de salir del Gobierno".

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