El Covid-19 ha generado la mayor crisis política, social y económica desde la Guerra Civil, y emerge el fantasma del enfrentamiento entre compatriotas, una polarización que impide cualquier acuerdo. Algunos expertos culpan a la falta de elegancia de la oposición y abogan incluso por ilegalizar a Vox; otros condenan al Gobierno por su tics autoritarios; otros se duelen de la escasa altura de los políticos que nos han tocado en suerte.

Para Francisco Bastida, catedrático de Derecho Constitucional, "la oposición le niega el pan y la sal al Gobierno en un momento como el que estamos viviendo, y el Gobierno, por su parte, no debería confundir la política general con la política de pandemia, y ni buscar apoyos donde dijo que no los iba a buscar", en referencia al acuerdo con Bildu para derogar la reforma laboral. "La oposición intenta darle una patada a Sánchez en el trasero de todos los españoles, y magnifica las caceroladas, un fenómeno minoritario e injustificado", cree.

Las protestas le resultan de "un populismo y una demagogia extremas", hasta el punto de que, "llegado el momento, habría que empezar a cuestionarse la ilegalización de Vox". Para el catedrático, "si se prende la mecha de la violencia, podría plantearse la ilegalización de un partido que solo incita al enfrentamiento, que manipula de forma burda". Y es que "las libertades no están suspendidas, y decir que estamos en una dictadura constitucional es aberrante".

El catedrático cree que la situación "puede terminar mal". "Es necesario llegar a acuerdos. La población es de centro, pero se está polarizando la situación por la prepotencia e incompetencia del Gobierno y la visión cortoplacista del PP", indica. Y añade que "se le pueden perdonar los muchos errores al Gobierno por la gestión de la pandemia, pero no este cambio de ritmo buscando el apoyo de Bildu, que es un error garrafal".

El también catedrático de Derecho Constitucional Ignacio Villaverde cree que la polarización siempre ha existido. "Lo que ocurre es que, antes, el discurso maniqueo, de blanco y negro, ordinario, lo teníamos en los bares, y ahora ha saltado a las redes, se ha convertido en un discurso global, con un impacto que antes no tenía. Ese tipo de debate acalorado se ha contagiado también a la política, que cada vez más es una política de encuesta y de opinión pública. La clase política entiende que la mejor manera de mantener sus nichos de electores es reproduciendo la misma polaridad que se observa en las redes. Si a todo esto le sumamos la presencia creciente de los populismos, con soluciones fáciles para problemas complejos y unas pulsiones dictatoriales, mesiánicas, tenemos un cóctel tremendo", cree.

Villaverde también echa de menos el papel moderador de la prensa tradicional, "que siempre exige una lectura reposada, un esfuerzo de comprensión". Para el catedrático, toda esa tensión, ese discurso del odio se ha normalizado y es difícil vaticinar por dónde pueden ir las cosas. "El discurso demagógico le puede hacer un gran daño a un sistema democrático", cree.

Por otro lado, "la pandemia ha agudizado mucho más esta situación: se nos presenta el espejismo de que los países más autoritarios han resuelto mejor la situación, lo que no resiste un análisis, pero esa imagen social queda ahí y lleva a efectos muy perversos". Por ejemplo, la demonización de la crítica política: "Está bien que todos estemos unidos con los gobiernos en estos momentos de crisis, pero eso no puede ser una excusa permanente para evitar la crítica, porque quizá ese gobierno no lo esté haciendo bien. La oposición no puede quedar callada por un mal entendido sentido de la lealtad institucional. Los derroteros invitan a ser pesimista".

Confrontación

Ramón Punset, también catedrático de Derecho Constitucional, cree que el nivel de confrontación que se ve en la clase política no tiene paralelo en la sociedad. "Si se exceptúa a los nacionalistas, gran parte del discurso de confrontación es electorero, no responde a diferencias de concepción del mundo enormes, como ocurría en los años treinta. No observo distancia de visión de la vida, de la política, de la historia, del país, entre PSOE y PP. Puede haberla en la izquierda más extrema, Podemos. Entre PP y PSOE, no observo más que disputas artificiosas. Es cierto que sus políticas económicas son ligeramente distintas, que el PSOE puede ser más federalista que el PP, pero no estamos ante modelos de sociedad diferentes". Vox, añade, tiene un discurso "más acentuado en términos de captación de voto, pero sin proponer una alternativa constitucional". Cree que "tendrá poco recorrido, como Podemos".

El catedrático critica "el espectáculo tremendo de falta de entendimiento que están dando los grandes partidos en un momento en que el país necesitaría concertación". Y es que "falta liderazgo, un plan de futuro, por eso estamos con una sensación de pesimismo y malestar. Atravesamos una situación muy difícil y no se observan pasos de aproximación que den lugar a un proyecto común ante la catástrofe de la pandemia, con la destrucción económica que va a suponer". Como colofón, opina que "es una situación peligrosa si se prolonga en el tiempo, pero no hay visos de división entre los españoles, de enfrentamiento civil".