Un grupo de cargos electos y alcaldes del PDeCAT ha promovido un manifiesto que denuncia el "pensamiento único" del sector afín al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y rechaza que el partido se disuelva en Junts per Catalunya. Responden así a otro manifiesto de los puigdemontistas a favor de diluir al PDeCAT en JxCat. La guerra entre ambos bandos posconvergentes es abierta y descarnada y se dirimirá, probablemente, en una reunión del consejo nacional, máximo órgano del partido entre congresos.

La pugna interna tiene que ver con cuotas de poder. En la actualidad es el PDeCAT quien dispone de los derechos sobre la marca Junts per Catalunya, pese a un pacto entre David Bonvehí y Jordi Sànchez por el que las dos partes deben estar de acuerdo para usar dicha marca. En cualquier caso, si los fieles a Puigdemont creasen otra fuerza política deberían usar otro nombre. Perderían además los derechos electorales, es decir, la publicidad en medios de comunicación y en debates electorales que se concede a los partidos que ya tienen representación parlamentaria. Unos derechos que los de Puigdemont relativizan afirmando que en la actualidad el uso de redes sociales facilita la difusión de ideas y proyectos más allá de los espacios oficiales.