17 de agosto de 2020
17.08.2020
La Opinión de A Coruña

El confinamiento, caldo de cultivo de terroristas

Tres años después de los atentados de Barcelona el riesgo sigue elevado - El perfil ha mutado a inspirados o actores solitarios

17.08.2020 | 00:58
Operativo en Canaletas por amenaza terrorista.

Hasta que Youness Abouyaaqoub irrumpió en la Rambla el 17 de agosto del 2017, el terrorismo yihadista era para Barcelona solo una amenaza abstracta. El asesinato de 16 personas perpetrado por jóvenes fanatizados por su imán en Ripoll lo convirtió en algo dolorosamente real en la capital catalana y en Cambrils. Tres años después, el grado de alerta que valora el riesgo de sufrir un atentado sigue en el nivel de 4 sobre 5. No ha bajado desde que se decretó tras el ataque a Charlie Hebdo en el 2015. Sin embargo, la pandemia y el contexto político en Catalunya parecen haberlo alejado del centro de las preocupaciones ciudadanas. Policías y expertos avisan de que la prevención debe mantenerse alta. Aunque la forma de la amenaza ha mutado y se concentra, según remarcan, en el perfil de los llamados inspirados o actores solitarios.

El inspirado, según la Comisaría General de Información de los Mossos d'Esquadra, es una persona que se ha radicalizado sin necesidad de que ningún reclutador lo haya seducido. "Puede ser de origen árabe u occidental y, por diversos motivos, acabar convencido por la abundante propaganda que el Estado Islámico difunde en internet". Estos actores solitarios, como se los conoce en el Cuerpo Nacional de Policía (CNP) o la Guardia Civil, ni siquiera han establecido contacto con Daesh. "Actúan por su cuenta y con lo que tienen a su alcance: un coche, un cuchillo?". Los últimos siete ataques ocurridos en Europa este 2020 (cuatro en el Reino Unido y tres en Francia) han sido protagonizados por este perfil terrorista, el más complicado de detectar.

"No tenemos forma de saber qué tipo de información consume la gente en la intimidad de su domicilio", admiten fuentes de los Mossos. Las mismas que, en sentido contrario, también llaman a no asustarse ante una realidad de la que, actualmente, no consta ningún peligro inminente en Catalunya. La policía catalana, como antes del 17-A, forma a agentes locales, maestros o funcionarios de prisiones -entre otros- para que estos alerten de síntomas de radicalización que vean en su entorno. Que este tipo de perfiles sean actualmente la amenaza más plausible se debe sobre todo al contexto geopolítico. "La presión que ha ejercido la comunidad internacional sobre el Estado Islámico ha provocado que deba centrarse en defenderse y no grandes ataques".

El confinamiento forzado por la pandemia ha aumentado el riesgo de exposición a la propaganda yihadista de la red. El Daesh, según agentes de la Comisaría General de Información del CNP, ha contado a sus seguidores que el coronavirus es un castigo de Alá y ha animado a los comprometidos -se graban en vídeo jurando fidelidad al califato- a salir a atacar en la calle, donde haya muchos miembros de las fuerzas de seguridad.

Durante el confinamiento ha crecido el tráfico de contenidos yihadistas en la red y, además, se ha detectado que algunos de los consumidores de esta propaganda destinada a sumar adeptos para la causa islamista se camuflan. El Cuerpo Nacional de Policía ya lleva 6 operaciones desde el inicio de 2019 con 9 de detenidos, que son un tercio de los capturados por ese cuerpo en toda España. La célula de reclutados que interceptó el 8 de julio en Badalona es también un caso clave: El líder es un marroquí que se fue a Siria. Tres de sus prosélitos, muy radicalizados, probaban maniobras de distracción contra la vigilancia policial.

A pesar de que la amenaza actual más acuciante la encarnan estos solitarios, tanto los policías como los expertos coinciden en no menospreciar la coordinación del Estado Islámico. "Los atentados de Barcelona y Cambrils ocurrieron en el contexto de un extraordinario ciclo de movilización yihadista dentro de Europa Occidental. El ciclo ha remitido pero la amenaza del terrorismo yihadista persiste. Los atentados perpetrados por actores solitarios son la expresión más frecuente de esa amenaza, pero no la principal, que corresponde a actos de terrorismo detrás de los cuales hay células o redes, especialmente si tienen conexión con organizaciones yihadistas basadas en zonas de conflicto", explica Fernando Reinares, del Real Instituto Elcano.

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