13 de octubre de 2020
13.10.2020
La Opinión de A Coruña

La tensión política y la pandemia marcan una celebración insólita de la Fiesta Nacional

Tirantez en el encuentro previo entre Sánchez y Díaz Ayuso y frialdad en el saludo al Rey de los ministros de Unidas Podemos

13.10.2020 | 00:43

Nada podía ser igual y no lo fue. El Covid que altera el mundo también cambió una celebración tan asentada como la del 12 de octubre, la Fiesta Nacional. La de ayer no tuvo lugar en el paseo de la Castellana de Madrid, sino en la plaza de la Armería del Palacio Real. Sin largo desfile militar, sin recepción, sin corrillos con los periodistas. Era un 12-O atípico, insólito, condensado en una ceremonia de menos de una hora presidida por los Reyes y en la que se coló, desde la calle, el murmullo casi continuo de los abucheos contra el Gobierno y los vivas a Felipe VI.

El lema elegido para este 12-O era El esfuerzo que nos une, en recuerdo de la lucha de todos contra la pandemia, pero el breve y extraño acto de este año dejó al descubierto la tensión política y la crisis institucional. Desde el gélido saludo entre Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso, apenas tres días después de la declaración de la alarma en Madrid, hasta el casi imperceptible cabeceo con el que los ministros de Unidas Podemos -era el estreno de los morados en un 12-O, y el primero en el poder-, salvo un más efusivo Manuel Castells, recibieron al Rey.

En la plaza de la Armería, minutos antes del mediodía, iba llegando el puñado de invitados a la ceremonia. Doce presidentes autonómicos -todos, menos los de Cataluña y Euskadi, que siempre son baja, y los de Aragón, Baleares y Murcia-; los representantes de los distintos poderes del Estado, los líderes de las tres derechas y los portavoces parlamentarios. En esos minutos previos, se pudo ver charlando al vicepresidente Pablo Iglesias con Carlos Lesmes, presidente del Supremo -la institución que deberá decidir si le imputa por el caso Dina-, y los presidentes del Senado y del Constitucional, Pilar Llop y Juan José González Rivas. Charla a la que luego se sumó Carmen Calvo. Un (re)encuentro del Ejecutivo y el Poder Judicial después de semanas de choque y justo cuando el Gabinete se dispone a una reforma de la ley para renovar el CGPJ, órgano de gobierno de los jueces, sin el PP. "Pablo Casado sigue sin ceder, está obcecado", señalaba un ministro que pudo departir con él a la salida.

Al filo de las 12, penetraban en el patio los anfitriones, la presidenta de la Comunidad de Madrid y el alcalde de la capital. Ambos recibieron a Sánchez, quien les saludó con la mano en el pecho. "Buenos días, presidente, ¿cómo estamos?", replicó Díaz Ayuso. Ambos apenas se cruzaron la mirada. Se podía cortar el aire. El protocolo ayudó a romper algo el hielo. Se acercaron la ministra de Defensa, Margarita Robles, y el Jemad, Miguel Villarroya. Los dos intentaron animar una charla incómoda.

Una vez arrancado el acto, no hubo ocasión de que el presidente y la dirigente del PP se volvieran a acercar. Por el puro protocolo, ya que la presidenta madrileña y Martínez Almeida se sentaron en la tribuna de autoridades, distinta a la del Gobierno y al palco real. Sánchez en cambio sí departió generosamente con la Reina y con sus hijas mientras Felipe VI, con uniforme de capitán general del Ejército del Aire, pasaba revista a las tropas.

Los Reyes y sus hijas, la princesa Leonor y la infanta Sofía, aterrizaron a las 12. Tras los honores, saludaron al Gobierno casi en pleno, con la única ausencia de Arancha González Laya (Exteriores). Iglesias, con mascarilla en defensa de la sanidad pública, movió ligeramente la cabeza, como hicieron sus compañeros morados del Gabinete. Él y Alberto Garzón habían cuestionado la neutralidad de la Monarquía. Más efusivos fueron el presidente y los ministros socialistas.

El acto, que concluyó con un mínimo desfile terrestre y la Patrulla Águila pintando el cielo con los colores de la bandera de España, contó con la participación de los colectivos civiles que luchan con la pandemia, a los que se homenajeó. La banda sonora no deseada, hasta el final, eran los gritos de "¡Sánchez, dimisión!" y vivas a Felipe VI que se escuchaban desde la calle.

La ceremonia fue reducida a la mínima expresión. Solo participaron unidades ubicadas en Madrid, con excepción de la Legión, que ahora cumple su centenario. En la parada militar solo participaron 527 efectivos. Defensa quiso además que participaran representantes de los colectivos civiles que están luchando contra el Covid, como la Policía Nacional, la Dirección General de Protección Civil y Emergencias, distintos servicios madrileños, la Policía Municipal de Madrid y los cuerpos de bomberos de la capital y de la región. El Rey condecoró a seis miembros de las Fuerzas Armadas en representación de todo el personal militar que trabajó en la operación Balmis en la primera ola del coronavirus. Concluida la ceremonia, se supo la fecha de la moción de censura de Vox elegida por la jefa del Congreso, Meritxell Batet: será el 21 y 22 de octubre. No triunfará, pero servirá para visibilizar la crispación irrespirable.

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