Uno de los temores de Pere Aragonès, y de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), cuando la inhabilitación de Quim Torra le obligó a liderar el Govern, era que la segunda oleada pandémica fuera causa de un aplazamiento de los comicios del 14 de febrero. Un temor alentado por algunas voces posconvergentes que ya entonces dejaban caer soterradamente que estaba por ver si se darían las condiciones para celebrar los comicios. Una especie de epílogo de la lucha silenciosamente a gritos entre ambos partidos.

Uno, Esquerra, en pos del avance electoral, y el otro, Junt per Catalunya (JxCat), por dejar pasar todos los meses posibles. En este contexto la portavoz del Govern, Meritxell Budó (Junts), dibujó ayer, por primera vez y en la rueda de prensa del Executiu catalán, un gran interrogante sobre la celebración de las elecciones el 14-F.

Tras asegurar que el Executiu trabaja para que se pueda llevar a cabo la jornada electoral, y para ello está elaborando un protocolo de actuación, Budó señaló: "Veremos cómo evoluciona la pandemia y si es posible [que los comicios se celebren]". Ponía sobre la mesa, las dudas y, por ende, las desconfianzas, entre los dos partidos del Govern que se atribuyen mutuamente un sempiterno tacticismo electoral.

Cabe recordar que el estado de alarma decretado por el Gobierno liderado por Pedro Sánchez sancionaba, explícitamente, que la situación no debía interferir en ningún proceso electoral.

"Nosotros no hemos escogido este escenario", dijo Budó en referencia a la inhabilitación de Quim Torra a las puertas de la segunda oleada y sugiriendo que la ausencia del cabeza visible en la primera oleada era sensible. "Nuestro compromiso es que las elecciones se lleven a cabo [pero si la pandemia no lo permite] todos juntos tenemos que gobernar y gestionar esta crisis sanitaria, económica y social hasta el último día".