En las primeras horas que siguieron a las elecciones de EEUU, cuando no estaba clara la victoria de Joe Biden, la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, advertía de que Europa no votaba en aquellos comicios. Estaba obligada a la prudencia, pero tanto el Gobierno como la UE tenían claro que las relaciones mejorarían con una nueva Administración demócrata que enterrara el aislacionismo y la tensión que han presidido el mandato de Donald Trump. Ahora, aunque aún sea pronto, el Ejecutivo de Pedro Sánchez mantiene altas sus expectativas, porque "comienza una etapa mucho más ilusionante, de menos confrontación y más diálogo muy fructífero para todos". Eso sí, sin pecar de "ingenuidad", porque las cosas, señalan en Exteriores, no cambian de la noche a la mañana.

La primera señal que lanzará el nuevo presidente al mundo será, de hecho, la elección de su Gabinete y, en concreto, de su secretario de Estado. "Lo lógico es que sea un equipo robusto, porque las administraciones de Bill Clinton y Barack Obama acumulan mucha cantera", valoran para este diario fuentes del ministerio que dirige Laya.

En el Gobierno prevén que la palabra clave que definirá este nuevo periodo será "inclusión", que en la arena internacional implica acción multilateral, y en la interior, la promoción de las políticas de igualdad y conciliación. "Y nos reconocemos mucho en esas coordenadas", sostienen dichas fuentes. No solo por el regreso de EEUU a grandes consensos -como el acuerdo de París contra el cambio climático o el pacto nuclear con Irán- y el respeto a organizaciones como la OMS o la ONU, sino por lo que supone de concepción de la política global, de "búsqueda de soluciones compartidas", explican. Es ese, precisamente, uno de los pilares básicos de la acción exterior de Sánchez: el multilateralismo.

EEUU es un "gran socio de España" en el terreno de la seguridad, político y comercial. El Gobierno espera fortalecer la relación transatlántica en el marco bilateral y a través de la OTAN y cooperar con Washington en Iberoamérica. El Ejecutivo aspira a que Biden escuche la opinión cualificada de España acerca de una región en la que ambos tienen muchos intereses. Madrid confía en que EEUU se implique también en otras dos áreas capitales para España: el Mediterráneo, con especial atención a Siria y Libia, y el Sahel, por la presencia creciente de grupos yihadistas.

En agenda entra la UE. El Gobierno espera que se pase página del desencuentro de Trump con Europa. El exministro Josep Borrell, hoy jefe de la diplomacia europea, advertía del "ramalazo proteccionista nada despreciable" de los demócratas. "La relación de España y de la UE con EEUU es de coincidencias pero también de desacuerdos. No hay que caer en la ingenuidad", admiten en el equipo de Laya.

En el terreno bilateral, España y EEUU tendrán que dialogar sobre las bases militares de Rota y Morón. Son dos puntos estratégicos para Washington, que el Pentágono querría ampliar, y claves también para el Gobierno, subrayan.